La factura del crecimiento urbanístico: Balears extrae 22.000 millones de litros de más de sus acuíferos
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La Alianza por el Agua ha alertado este martes de la situación límite de las reservas hídricas de las Illes Balears, consecuencia de una “sobreexplotación crónica” de los acuíferos sostenida mayoritariamente por el consumo urbano y residencial en suelo rústico.
Ante esta situación, han pedido mediante un comunicado revertir la conocida como ley ómnibus, al menos en lo que respecta a la posibilidad de que los ayuntamientos desarrollen planeamientos urbanísticos sin la necesidad de solicitar un informe previo de suficiencia hídrica además de poner límites al crecimiento urbanístico que será “la causa fondo” del agotamiento de los acuíferos.
“El descenso de reservas hídricas subterráneas no es un hecho aislado de este verano, es el resultado de una sobreexplotación crónica de los acuíferos que no se detiene por un crecimiento urbanístico sin límite, agravado por la nueva ley ómnibus”, ha lamentado Rafael Tur, portavoz de la Alianza por el Agua.
Según los datos facilitados el pasado sábado por la Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua, las reservas hídricas de Balears se situaron en el 39% durante el mes de julio, seis puntos menos que en el mes anterior. Mallorca registró un 39%, Menorca se mantuvo en el 34% y Eivissa se situó en el 42%.
De acuerdo con el informe de 2025 del Observatorio del Agua de Balears, que compara las extracciones estimadas en los documentos iniciales del cuarto ciclo de planificación hidrológica (2028-2033) con las asignaciones que fija el plan 2022-2027 en vigor, ninguna de las cuatro islas se mantiene dentro de la asignación legal que la administración autonómica le atribuye.
Mallorca la supera en un 8,5%, Eivissa en un 15,4%, Menorca en un 35,5% y Formentera en un 70,8%, siempre de acuerdo con la Alianza por el Agua, que ha advertido que esto implica que los sistemas hídricos “no puedan reposar”.
Por otro lado, han solicitado acelerar la renovación de las redes de suministro para reducir las pérdidas, maximizar el aprovechamiento de la desalación antes de plantear nuevas desaladoras, invertir en las redes de saneamiento que posibiliten la reutilización del agua depurada y reforzar el control de las concesiones de extracción de agua en suelo rústico para garantizar que esta se destina a la actividad agraria.
La “delicada” situación de las islas
Para justificar sus peticiones, la Alianza por el Agua ha recopilado una serie de datos que dan cuenta de la “delicada” situación de las reservas hídricas de cada una de las islas del archipiélago.
En Mallorca, por ejemplo, el abastecimiento público concentra el 55,6% de toda la extracción, mientras el consumo disperso --en inmuebles rústicos, por ejemplo-- suma otro 22,4%.
Juntos asumen más de tres cuartas partes del agua que se extrae de los acuíferos de la isla y han ido creciendo en los últimos años, mientras que los usos agrarios han caído un 25,9%.
“El agua que el campo ha dejado de utilizar no se ha quedado en los acuíferos, se la han repartido el crecimiento de las viviendas en suelo rústico y el suministro urbano”, ha advertido la entidad.
A ello se le suma una “infrautilización” de las desaladoras y las pérdidas en la red de suministro, desembocando en los cortes y restricciones en diversos municipios.
En Menorca, por su parte, se extrae más agua de la asignada de sus tres grandes masas, cifras que también están por encima del volumen de agua desalada por la planta de Ciutadella. El uso que se le da a esta agua es similar al de Mallorca, aunque con un patrón “todavía más marcado”.
Las Pitiusas son las que tienen “una sobreexplotación más extendida”, dado que 12 de sus 16 masas de agua extraen más de lo que tienen asignado y concentran el 78% del total de agua que se extrae.
Los usos tienen “el mismo fondo con una forma diferente”, dado que el abastecimiento público baja un 3,4% mientras el consumo disperso en suelo rústico ha subido un 62,5% hasta representar más de un tercio de la extracción.
A diferencia de Mallorca y Menorca, en Eivissa la desalación “ya no es el problema” dado que las plantas trabajaron al 95,7% de su capacidad anual, de manera que ya no pueden absorber más presión.