El refugio mallorquín de Robert Graves corta el grifo a un hotel de lujo que consume 20.000 litros al día
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El municipio de Deià, antaño refugio mallorquín de Robert Graves y en la actualidad uno de los enclaves más codiciados de la isla, comenzará a cortar el suministro de agua tres días por semana en varias zonas del municipio, incluido uno de sus establecimientos más emblemáticos, el hotel de lujo La Residencia, cuyo consumo ronda actualmente los 20 metros cúbicos diarios. La medida entrará en vigor este viernes, 14 de agosto, y se mantendrá hasta que el Ayuntamiento disponga de recursos suficientes para garantizar el abastecimiento.
La resolución firmada por el alcalde, Joan Ripoll, quien lamenta tener que tomar esta decisión “desagradable e inevitable”, establece cortes los lunes, miércoles y viernes en el sector de Llucalcari, además de en s'Empeltada, ses Coves de can Puigserver, la Cala y la zona de la carretera hacia Sóller.
La cifra adquiere especial relevancia en un municipio donde el agua disponible ya no basta para atender la demanda estival. De acuerdo a los datos municipales, Deià consume alrededor de 3.500 metros cúbicos semanales y aproximadamente el 35% de ese volumen llega mediante camiones. Es decir, unos 1.225 metros cúbicos de agua cada semana tienen que ser transportados hasta el municipio para sostener el consumo. En las zonas afectadas por los cortes, la demanda alcanza unos 250 metros cúbicos diarios.
Deià lleva décadas experimentando esa transformación. A partir de los años cincuenta, la estancia de Graves y la imagen proyectada a nivel internacional de una Deià abierta y bohemia atrajeron a un mayor número de extranjeros lanzados a la búsqueda de inmuebles en la zona. Más tarde, la localidad se convertía en icono del movimiento hippie y, en los ochenta, la apertura del hotel La Residencia por parte del magnate Richard Branson transformaba el municipio en refugio de músicos, actores y otras personalidades de elevado poder adquisitivo.
Con la gentrificación y la presión inmobiliaria como telón de fondo, Deià se encuentra hoy entre los municipios de Balears donde las viviendas no principales -es decir, aquellas que no figuran como residencia habitual- tienen mayor peso. Según los datos del Censo de Viviendas 2021 del INE, el 65% del parque residencial de Deià no se utiliza como vivienda principal. El porcentaje es todavía mayor en Fornalutx (66,8%) y supera también el 60% en Banyalbufar (62,7%) y Andratx (60,6%). En el conjunto de Balears, las viviendas no principales representan el 33,3% del parque, más de 210.000 inmuebles.
La presión inmobiliaria y turística sobre estos pueblos ha ido acompañada de una creciente entrada de grandes fortunas. Un reportaje de este periódico sobre la Serra ilustraba el aumento del interés de inversores extranjeros por adquirir fincas y viviendas en Deià, Fornalutx, Banyalbufar o Valldemossa, alterando el tejido social de unos municipios donde las segundas residencias y el alquiler vacacional tienen ya un peso extraordinario.
La situación de Deià conecta con un problema mucho más amplio. El agua se ha convertido en uno de los grandes puntos de fricción del modelo turístico balear, especialmente durante los meses de verano, cuando la población flotante multiplica la presión sobre unos recursos limitados.
Un estudio de la UIB calcula que los no residentes consumen directamente el 24,2% del agua utilizada en Balears durante la temporada alta. En Mallorca, además, el consumo está condicionado por la proliferación de piscinas, jardines y viviendas de gran tamaño. En Eivissa, las grandes villas turísticas disparan la demanda de agua y cómo los precios de los camiones cisterna llegan a aumentar durante julio y agosto por el incremento de la demanda.
Y en Menorca, recientemente ha sido sancionado un hotel de lujo con suites de hasta 3.000 dólares la noche y 15 piscinas que llegó a extraer ilegalmente hasta 40.000 litros diarios de un pozo clandestino mientras la isla afrontaba una de sus peores sequías.