Las mansiones de lujo para turistas disparan el consumo de agua en Ibiza: “Yo vigilo cada gota, pero ellos pueden gastar”

“En los meses de julio y agosto, el precio del camión cisterna pasa de 100 a 160 euros debido al aumento de la demanda de agua por parte de estas villas y mansiones de lujo”. Es el testimonio de una vecina de una zona costera de Sant Josep (Eivissa), entre es Jondal y ses Salines, que refleja un descontento cada vez mayor entre la población residente: el derroche y consumo desmesurado de agua por parte de algunas villas y mansiones de lujo, en ocasiones destinadas al alquiler turístico.

Esta vecina sostiene que en su familia son cuatro (ella, su pareja y sus dos hijos) que gastan un camión cisterna al mes, mientras ven entrar uno o dos de estos camiones cada día, en los meses de temporada alta, en las mencionadas villas. “Hay que exigir limitaciones en los consumos”, afirma. “Hemos pedido [a las administraciones competentes] restricciones en los camiones cisterna que se puedan llevar a una casa”, asegura Hazel Morgan, presidenta de Amics de la Terra, que añade que ha llegado a comprobar la entrada de hasta diez camiones en algunas de estas villas.

En una de estas mansiones se observa una hilera de palmeras del género Washingtonia, originarias de zonas áridas y subtropicales del suroeste de Estados Unidos, así como del noroeste de México. Aunque pueda sobrevivir con poca agua, puede necesitar un riego moderado para mantener un crecimiento rápido y tener un aspecto más frondoso. Todavía no ha empezado la temporada alta y la vecina afectada lamenta que este martes por la mañana han vuelto a entrar camiones cisterna en la villa.

Una de estas villas está valorada en ocho millones de euros, según una agencia especializada en el sector inmobiliario. Este portal, que permite el alquiler de la mansión, la describe como “una magnífica villa de seis dormitorios”, situada en el suroeste de la isla. Además de disponer de “todo tipo de lujos y comodidades” también posee una piscina con tumbonas que “está rodeada de jardines cuidadosamente mantenidos con plantas mediterráneas”. La casa está rodeada de césped natural, que también supone otro de los grandes consumos de agua en este tipo de mansiones con usos turísticos. 

Bordeando el camino de entrada se observan grandes macizos de adelfas cargadas de flores blancas, que actúan como una barrera visual densa y colorida que separa el camino del resto del jardín. Cerca de la entrada principal, en los márgenes del área pavimentada, aparecen ejemplares de yucca, un género de plantas nativas del Norte y Centroamérica, que crecen de forma natural en climas mediterráneos y desérticos de todo el mundo. Por otro lado, también se observan algarrobos y olivos, propios del paisaje de la isla.

Diez camiones al día para una sola villa

Morgan explica a este diario que vive en una casa en una zona de campo aislada en el municipio de Santa Eulària en la que se abastecen de agua proveniente de estos camiones: “Los choferes nos explican que a algunas villas de los alrededores vienen –en verano– entre cinco y diez camiones cada día. Es una cantidad extraordinaria”. 

Este consumo desmesurado se produce en todos los municipios de la isla, especialmente en el de Sant Joan donde predominan este tipo de villas, muchas de ellas destinadas al alquiler turístico. No todos son para regar la vegetación de los alrededores de la casa, algunos de ellos sirven para llenar las piscinas. Morgan señala que en un alojamiento de este término municipal, que opera legalmente con licencia turística, renuevan el agua de la piscina cada vez que entran nuevos clientes. “En Google Maps se observa cómo de una de estas mansiones no tiene una, sino tres piscinas en el jardín”, asegura.

En Google Maps se observa cómo de una de estas mansiones no tiene una, sino tres piscinas en el jardín

El mismo tipo de viviendas de alquiler turístico están rodeadas de una frondosidad atípica [formada a veces de especies tropicales y otras de plantas propias del clima mediterráneo de las islas], que para mantener requiere de grandes cantidades de agua. Así como jardines con césped que también necesitan de un riego abundante casi a diario. Todo esto en un contexto de estrés hídrico cada vez más preocupante en las Pitiüses.

Juan Calvo, coordinador de la Alianza por el Agua en Eivissa y Formentera, explica que durante el mayor periodo de sequía que se produjo entre los años 2024 y 2025, exigieron “tres medidas urgentes” a las administraciones públicas. “Un mayor control del agua de pozo; maximizar el uso de agua desalada para que puedan descansar los acuíferos y llevar a cabo proyectos de reutilización del agua depurada”, afirma el biólogo, quien añade que en estos momentos la isla reutiliza menos de un 3% de este recurso.

La isla reutiliza menos de un 3% del agua depurada, según Juan Calvo, coordinador de la Alianza por el Agua en Eivissa y Formentera

El experto indica que el problema “viene de lejos” y que, por ello, la Alianza exige a los ayuntamientos un mayor control sobre las extracciones de agua de pozo. “Los pozos se han secado y los camiones cisterna no dan abasto para responder a toda la demanda del suelo rústico”, explica Calvo y añade que ello implica también “una revisión de las concesiones”.

Calvo desarrolla que muchos de estos pozos tienen una concesión “para uso agrario” pero que en realidad se está utilizando para otros fines. “Es fundamental revisar estas concesiones y penalizar o sancionar a aquellos que están incumpliendo la ley como pueden ser estas grandes villas”, asegura el científico, que aclara que habría que comprobar si cuentan con los permisos para los usos actuales o incluso para consumir el volumen de agua extraída.

Entre 12.000 y 16.000 litros de agua

Otro de los residentes consultados para este reportaje muestra su enfado debido al despilfarro que se produce. “Yo vigilo no gastar ni una gota más de la cuenta, pero en cambio a estas casas se les permite”, lamenta. Del mismo modo, explica que ha trabajado en muchas de estas casas y que ha podido comprobar cómo han sido decoradas “con una vegetación que no es propia de la isla”. “No puedes tener plantas que consumen tanta agua, o hierba, cuando no hay ningún campo natural en Eivissa”.

Por tanto, considera que las administraciones competentes –ayuntamientos y Govern balear– deben introducir limitaciones en los consumos. “Hay casas de gente muy adinerada donde cada día reciben 20 camiones: cubas de entre 12.000 y 16.000 litros. No existe control de la venta de agua en la isla”, denuncia. La presidenta de Amics de la Terra también explica que en su casa –hace la comparación– son ocho personas y tienen que comprar un camión cisterna con esta capacidad para el consumo de agua diario doméstico cada 25 días, aproximadamente. 

Otra de las mansiones objeto de protestas se sitúa en un entorno rural con pinos y arbustos y su acceso está delimitado por un portón de madera. El exterior está rodeado de muros de piedra seca –una técnica tradicional balear–, que se utilizan para delimitar bancales. El exterior de la vivienda, de diseño contemporáneo, cuenta con cámaras y sistemas de videovigilancia para mantener la privacidad de sus huéspedes.

La villa está rodeada de olivos bien cuidados, distribuidos en el terreno rústico rojizo. Alrededor de la finca se extiende un bosque de pinos y en la zona inmediata a la villa, setos bajos y arbustos perfectamente recortados. La vegetación de la pista de pádel se rodea de adelfas, caracterizadas por sus tallos largos y rectos con hojas estrechas y alargadas; arbustos y matorral mediterráneo en los laterales y otras flores silvestres. La pista está situada justo al borde de una zona boscosa llena de pinos.

La administración: “ausente” en medidas

La situación no se reduce a estas villas de lujo repartidas por toda la isla, sino que se extiende a complejos hoteleros que también necesitan abundantes recursos para abastecer sus instalaciones. Lo que piden desde Amics de la Terra es que se pongan restricciones en el número de viajes que pueden hacer los camiones cisterna a un mismo domicilio teniendo en cuenta el número de personas que viven en el mismo porque “es imperdonable”. Así como que se potencien los controles del uso de los pozos que tienen permiso para utilizarse con fines agrícolas, pero cuyo uso “no se destina realmente a la agricultura”. 

En la misma línea, Calvo afirma que “hay que poner coto a los camiones cisterna para que prioricen el uso residencial no turístico”. Esta medida también sería beneficiosa para las personas que residen en casas de campo a quienes se les seca el pozo “y no tienen acceso al agua porque está yendo para otras villas que tienen un uso turístico”.

Reclaman, además, que el Govern –con competencias para realizar estas inspecciones– aumente el número de técnicos para llevar a cabo estos controles de los recursos hídricos con mayor periodicidad. “A veces no se puede entrar en las fincas porque no se tiene permiso, pero con drones se pueden captar imágenes aéreas para llevar un control”. En ese sentido, desde la asociación ecologista critican la falta de presencia de la institución autonómica en materia de gestión hídrica y reclaman más competencias y recursos para las administraciones locales.

Lo que está haciendo la administración –critican– es “ausentarse de tomar medidas y justificar, secundariamente, la instalación de una nueva desaladora en la isla”. Una infraestructura que, sin embargo, no resolverá el problema hídrico que sufre Eivissa, por lo menos a corto plazo. Respecto a este escenario crítico, la portavoz de Amics de la Terra recuerda que la alerta permite tomar medidas con mayor facilidad y justificación, un aspecto positivo del que las instituciones no se están aventajando.

Más control sobre los grandes consumidores

Todo esto se arrojó el pasado viernes, durante la Mesa de Diálogo del Agua de Eivissa promovida por la Alianza por el Agua, que reunió a representantes ecologistas, empresariales, agrícolas y de las administraciones locales bajo una idea compartida: la isla no puede seguir creciendo al ritmo actual si quiere garantizar su sostenibilidad hídrica. En el espacio participativo, nacido tras la grave sequía de 2016, las entidades reclamaron “límites efectivos” al crecimiento urbanístico y turístico ante la sobreexplotación de los acuíferos y el aumento de la presión sobre el territorio.

Las entidades reclaman también avanzar hacia soluciones basadas en la naturaleza, como la restauración de humedales y torrentes o medidas agroforestales que favorezcan la infiltración del agua. “No se trata de poner restricciones a las instalaciones, sino al uso y consumo de agua”, subraya Morgan. Por su parte, el Ayuntamiento de Sant Josep ha defendido tras la consulta de este diario que las instituciones ya están impulsando políticas de contención y ordenación con un impacto directo tanto en la reducción de la presión humana como en el ahorro y uso responsable de recursos tan sensibles como el agua, especialmente en una isla como Eivissa.

En concreto, las medidas aplicadas contra el alquiler turístico ilegal, la limitación de vehículos en temporada alta –inspirada en el modelo pionero implantado en 2019 en la pitiusa menor, Formentera.eco–, la mejora del transporte público o la gestión de flujos turísticos van encaminadas precisamente a ordenar mejor la actividad y compatibilizarse con la calidad de vida de los residentes. También citan cambios con este propósito en materia urbanística, como la modificación del Plan Territorial Insular (PTI), que limita de forma clara determinados usos turísticos en suelo rústico y refuerza la protección del territorio y de recursos estratégicos como el agua.

Tras la consulta de este diario, el Ayuntamiento de Santa Eulària explica que las instituciones de la isla vienen aplicando desde hace tiempo “políticas de contención y gestión que tienen un reflejo directo tanto en la reducción de consumos como en la protección de recursos esenciales como el agua”. Según fuentes municipales, el Consistorio lleva años implementando “medidas de control y limitación” dirigidas a los grandes consumidores durante los meses de mayor demanda hídrica.

En este sentido, señalan que durante 2023 se pudieron ahorrar unos 26.164 metros cúbicos de agua y en 2024 la cifra de ahorro alcanzó los 23.626 metros cúbicos, tomando como referencia el año 2022, cuando aún no se aplicaban estas restricciones. Además, Santa Eulària también ha actualizado recientemente su normativa urbanística para “reforzar el control sobre el alquiler turístico, promover un uso más sostenible del agua y regular de forma más estricta las edificaciones en suelo rústico”. La nueva regulación incorpora “limitaciones sobre el tamaño y número de piscinas en suelo urbano, así como restricciones relacionadas con su vaciado”, señalan las fuentes consultadas.

Cada vez más difícil de sostener

Más que simples comodidades –en palabras de la agencia que alquila una de estas villas–, los elementos de estas mansiones de lujo pueden entenderse como una materialización del gusto socialmente construido de las clases dominantes, en términos del sociólogo francés Pierre Bourdieu. Desde su teoría de la distinción, la acumulación de capital económico no se expresa únicamente en la posesión de bienes, sino en su conversión en formas de capital simbólico que naturalizan y legitiman a las clases sociales altas.

Elementos como los grandes jardines, la piscina o la pista de pádel, así como la selección de determinadas especies vegetales, no cumplen solo una función recreativa o estética, sino que forman parte de una lógica de distinción: ordenan el espacio según una estética del lujo que se presenta como “natural” o deseable. Así, el ocio no es solamente una manera de disponer libremente del tiempo, sino que se convierte también en una práctica de afirmación social, donde el control del entorno —agua, paisaje y privacidad— opera como un mecanismo de reproducción de la distinción social.

Finalmente, los ecologistas advierten de que el modelo actual de lujo turístico, con alojamientos con estas características (jardines tropicales, piscinas y en definitiva, urbanizaciones de alto consumo), resulta cada vez más difícil de sostener en una isla con recursos limitados y cada vez más vulnerable a severas sequías derivadas del cambio climático.