Del 'pelotazo' a pulmón cultural: así será el gigante del Paseo Marítimo de Palma al que el ladrillo no logró tumbar

El edificio de Gesa, una de las construcciones más reconocibles -y también más controvertidas- del frente marítimo de Palma, encara una nueva etapa tras dos décadas de abandono, proyectos inmobiliarios frustrados y un sinfín de litigios judiciales. El estudio de arquitectura Cruz y Ortiz ha ganado el concurso de anteproyectos convocado por el Ayuntamiento para transformar el inmueble y su entorno en un gran complejo cultural y de innovación.

La propuesta ha sido presentada este viernes por el alcalde, Jaime Martínez, junto a los arquitectos responsables de dar nueva vida al complejo, quienes han asegur. El proyecto contempla la rehabilitación del edificio, la incorporación de nuevos equipamientos públicos y la creación de un amplio espacio libre que pretende recuperar la conexión entre la ciudad y el mar. Como ha explicado el arquitecto Antonio Cruz, la actuación se llevará a cabo respetando todos los valores patrimoniales y aplicando el criterio de mínima edificación.

Más allá del edificio, ha señalado, se ampliarán las zonas verdes mediante dos grandes plataformas, una situada a la cota de la calle Joan Maragall y otra a nivel del Paseo Marítimo, ambas conectadas entre sí. En el extremo oeste del ámbito se levantará además un nuevo edificio de aspecto ligero y acristalado que funcionará como contrapunto contemporáneo de la torre de Gesa y acogerá parte del programa del futuro Centro Cultural de Arte y Creación.

Entre ambos edificios se proyecta un gran espacio público concebido como un parque litoral continuo, articulado mediante una gran pérgola ajardinada que tendrá una doble función: generar vegetación y actuar como captador fotovoltaico. El proyecto incorpora también sistemas fotovoltaicos, energía geotérmica y medidas de eficiencia energética. La intervención paisajística recurrirá principalmente a especies mediterráneas y autóctonas adaptadas al clima de Mallorca y con bajos requerimientos de agua.

Una biblioteca, un auditorio y espacios para innovación

El futuro complejo aspira a convertirse en una de las piezas principales del denominado Palma Culture and Innovation Bay. El Ayuntamiento prevé instalar allí espacios vinculados a la innovación, la cultura, la sostenibilidad y los sectores estratégicos de la ciudad.

El listado de usos anunciado por Cort incluye el Instituto Municipal de las Artes, el Centro Cultural de Arte y Creación, la Biblioteca Central, una ludoteca y mediateca, incubadoras empresariales, alojamiento temporal para emprendedores e investigadores, una Oficina de Atención a la Ciudadanía, un Centro de Interpretación de la Energía y un auditorio, además de espacios polivalentes y otros servicios.

La propuesta ganadora parte, según sus autores, del criterio de “mínima edificación” y del respeto a los valores patrimoniales del inmueble. El objetivo declarado por el Ayuntamiento es que la intervención no sea únicamente una rehabilitación arquitectónica, sino una transformación de todo el entorno.

El proyecto llega después de que el Ayuntamiento consiguiera cerrar el largo conflicto sobre la propiedad del edificio. En diciembre de 2024, Cort aprobó un acuerdo transaccional con Endesa para adquirir Gesa y dos parcelas anexas por 25,3 millones de euros. De esa cantidad, 16,9 millones correspondían a compensaciones y cancelaciones con la compañía eléctrica, mientras que diez millones se destinaban al edificio y 5,2 millones a las dos parcelas. El acuerdo permitió además aparcar litigios que el Consistorio cifraba en más de 60 millones de euros.

De proyecto de viviendas de lujo a edificio protegido

La historia de Gesa explica por qué una intervención que ahora se presenta como una gran operación cultural ha tardado décadas en llegar. El inmueble fue proyectado por el arquitecto Josep Ferragut y fue inaugurado en 1977 como sede de la compañía eléctrica. Durante más de veinte años funcionó como edificio de oficinas hasta que Gesa abandonó sus instalaciones. A partir de entonces comenzó un prolongado proceso de deterioro.

El giro más importante se produjo en 2005. Núñez y Navarro compró a Gesa -actualmente integrada en Endesa- los terrenos del Paseo Marítimo por 85 millones de euros con la intención de levantar alrededor de 200 viviendas de lujo. El proyecto implicaba el derribo del edificio. La operación se produjo después de que el Ayuntamiento, entonces gobernado por el PP, hubiera aprobado una modificación del planeamiento de la fachada marítima que contemplaba una profunda transformación urbanística de la zona.

El plan inmobiliario chocó, sin embargo, con la protección patrimonial del inmueble. El Consell de Mallorca declaró Gesa Bien Catalogado con los votos de PSOE, UM, Esquerra Unida/Els Verds y PSM, mientras que el PP votó en contra. La catalogación impedía su demolición y dio paso a una larga batalla judicial entre la promotora, Endesa y las administraciones.

El conflicto se extendió durante años y llegó a afectar incluso al caso Can Domenge. Núñez y Navarro presentó una querella contra la cúpula de Unió Mallorquina por la adjudicación de aquellos terrenos a Sacresa, en una operación por la que Maria Antònia Munar acabaría siendo condenada por corrupción. En aquel momento, algunos interpretaron la denuncia como una posible represalia por la protección de Gesa, aunque esa supuesta relación nunca quedó judicialmente acreditada.

La pugna urbanística continuó después. El Supremo condenó en 2014 a Endesa a devolver a Núñez y Navarro los 85,2 millones que había recibido por la operación, al considerar que el aprovechamiento urbanístico sobre el que se sustentaba la compra partía necesariamente del derribo del edificio.

La situación todavía se complicaría más. Tras diferentes cambios de gobierno y decisiones urbanísticas, una resolución judicial de 2017 obligó al Ayuntamiento a devolver a Endesa el edificio y tres solares anexos. Gesa siguió deteriorándose mientras se sucedían las propuestas para encontrarle un uso.

El final de una larga disputa

La compra cerrada por el Ayuntament en 2024 puso fin a buena parte de esa incertidumbre. El Consistorio adquirió el edificio y dos parcelas colindantes y anunció que convocaría un concurso de ideas para decidir su transformación. En aquel momento todavía no estaban cerrados los usos definitivos.

Ahora ese concurso ya tiene ganador. Cruz y Ortiz propone conservar y rehabilitar la pieza histórica, pero acompañarla de un nuevo espacio público de grandes dimensiones y de un volumen contemporáneo de vidrio. La operación pretende convertir un edificio que durante años fue símbolo de abandono y conflicto urbanístico en una de las principales puertas de entrada a la nueva estrategia cultural y de innovación de Palma.

El alcalde sostiene que la intervención permitirá “volver a conectar” la ciudad con su frente marítimo y convertir el enclave en una pieza central del distrito de innovación, cultura y conocimiento que impulsa Cort.

Después de casi dos décadas en las que Gesa ha pasado de ser objeto de una operación inmobiliaria para construir viviendas de lujo a convertirse en patrimonio protegido, escenario de una prolongada batalla judicial y finalmente propiedad municipal, el edificio afronta ahora el proyecto que puede cambiar definitivamente su papel en la fachada marítima de Palma.