Análisis
Por qué los ataques de los hutíes contra Arabia Saudí están reventando la estrategia electoral de Trump
Los ataques con misiles perpetrados el pasado fin de semana contra el aeropuerto internacional Rey Khalid de Riad no solo extendieron a Arabia Saudí la muerte y el sufrimiento que se viven en Yemen, sino que también obligaron a Donald Trump a replantearse su estrategia diplomática y política para las elecciones de mitad de mandato del próximo mes.
El plan del presidente de EEUU se había dado a conocer el viernes. Afirmó que la escalada de los precios del gasóleo era consecuencia de “un problema mundial” del que culpó a los ataques de Volodímir Zelenski contra las refinerías de petróleo rusas. El objetivo era mantener baja la tensión política en torno a la guerra en Irán y sus repercusiones en Yemen hasta después de las elecciones legislativas de mitad de mandato.
En el marco de esta estrategia, Trump afirmó que el bloqueo iraní en el estrecho de Ormuz se había roto y presentó cifras sobre las exportaciones diarias de barriles de petróleo para tranquilizar a los mercados. Como medida de seguridad adicional, también afirmó que era imposible negociar con los iraníes, ya que no existía un liderazgo único en Teherán.
A Arabia Saudí, junto con Turquía y Pakistán, se les iba a dejar en gran medida que se las arreglaran con los hutíes a lo largo del mar Rojo. El destino de Yemen, el país más pobre del mundo según el Fondo Monetario Internacional, no iba a influir en los votos de Kansas ni de Alaska.
Ahora, tras el atentado en el aeropuerto de Riad, es dudoso que esta estrategia —de por sí ya muy manida y fruto en gran medida de la desesperación— pueda mantenerse.
A pesar de todo lo que se habla de que el Golfo asuma la responsabilidad de su propia seguridad, es dudoso que se pueda dejar a Arabia Saudí a su suerte tras la matanza de Riad. Una de las 12 víctimas mortales es un estadounidense y puede que haya más entre los heridos graves. Es evidente que algo falla en las defensas saudíes, ya que los hutíes están lanzando cohetes desde una distancia de 800 kilómetros y estos alcanzan su objetivo con demasiada frecuencia.
Estados Unidos mantiene un alto el fuego unilateral con los hutíes desde 2025 y, cuando se reanudaron las hostilidades entre Arabia Saudí y los hutíes en verano, el pacto se renovó discretamente. Trump ha rechazado en dos ocasiones las peticiones de ayuda de Arabia Saudí. ¿Podrá rechazarlas una tercera vez? Es posible que la presión para actuar como se espera de los aliados resulte abrumadora.
Pero, de todos modos, es poco probable que funcione la estrategia de 'culpar a Zelenski y comerciar con Rusia'. La cantidad adicional de gasóleo que Vladímir Putin sacará al mercado no es suficiente para hacer bajar los precios en las gasolineras. Rusia representaba alrededor del 12% del gasóleo mundial transportado por mar. Las exportaciones han caído aproximadamente un tercio, según los cálculos del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio.
El acuerdo también ha reavivado los peores temores de Europa sobre la relación de Trump con Rusia, apenas unas semanas después de que el Congreso aprobara un paquete de sanciones contra Moscú que autorizaba a Trump a penalizar a los compradores de energía rusa.
Los europeos saben perfectamente que el problema de la inflación, que contribuye a alimentar el populismo, está provocado por la guerra de Irán y no por las tácticas de Zelenski. La única pregunta es quién lo dirá. El ex primer ministro conservador del Reino Unido, Boris Johnson, no se anduvo con rodeos y escribió: “Es repugnante que Estados Unidos esté levantando ahora las sanciones al combustible ruso, y es claramente ridículo culpar a Ucrania del repunte de los precios que, obviamente, comenzó con el cierre del estrecho de Ormuz. Putin está asesinando cada día a civiles ucranianos inocentes. Los ucranianos están luchando por sus vidas. Y, sin embargo, la Casa Blanca parece decidida a obligar a los conductores estadounidenses a financiar la matanza de Putin”.
La ministra de Educación alemana y miembro de la CDU, Karin Prien, afirmó: “Por unos pocos litros de gasóleo. ¡Qué falta de principios!”. Mientras tanto, la UE impuso el lunes nuevas sanciones contra Rusia.
Parece que el daño político que la guerra de Irán ha causado a los republicanos es irreparable. Las encuestas indican que ya no hay vuelta atrás. Todos los candidatos demócratas han utilizado la guerra como arma política en cada debate televisivo, presentándola como una cuestión económica. Los candidatos republicanos, presionados para que se desmarquen de la guerra, se refugian a toda prisa en la relativa seguridad de la política identitaria.
Los iraníes también están intentando maximizar los daños que causan en el estrecho de Ormuz, contrarrestando la versión de Trump de que el bloqueo se ha roto. Mientras tanto, se multiplican las imágenes de petroleros en llamas.
Así pues, tras lo ocurrido en Riad, Trump debe replantearse la situación. Puede reincorporarse a la guerra contra los hutíes, poniendo fin al alto el fuego unilateral de EEUU, pero, si lo hace, sabe por experiencia que le saldrá caro. Las tres primeras semanas de la guerra contra Irán costaron 1.000 millones de dólares al día. Muchos de los asesores del presidente estadounidense afirman que, ya que Teherán espera que lo haga, más vale que ataque también a Irán, que respalda a los hutíes. No obstante, el ejército iraní sigue creyendo que tiene la ventaja en una escalada y lo ocurrido en Riad podría repetirse en todo el Golfo.
La alternativa es que su equipo pueda negociar de forma discreta e indirecta con Teherán, tal y como está ocurriendo en Doha. Algunos iraníes están instando a sus dirigentes a aprovechar la oportunidad, argumentando que Trump se encuentra en una situación de especial vulnerabilidad en vísperas de las elecciones de mitad de legislatura.
Se podría llegar a un acuerdo, incluso sobre el enriquecimiento de uranio, pero no sería del agrado de EEUU ni beneficiaría las posibilidades de reelección del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.
China y Rusia están intentando resolver la cuestión de los hutíes por la vía diplomática, pero los objetivos de estos se están ampliando, mientras que el sur de Yemen está dividido respecto a su futuro dentro del país, una división que merma la capacidad del Estado para constituir el componente terrestre que Arabia Saudí necesita para complementar su dominio aéreo contra los hutíes. Taiz, la tercera ciudad de Yemen, lucha por superar el asedio de los hutíes. Los saudíes pueden tomar represalias, pero las represalias no son la solución a una guerra civil que ya dura una década.
Así pues, por el momento, la doble estrategia de Trump —de dejar de lado los conflictos de Irán y Yemen mientras culpa a Zelenski— resulta ahora tan transparente, tan moralmente cobarde y, en sus propios términos, tan ineficaz, que parece insostenible. La única pregunta es si el presidente abandonará esa estrategia o si, por el contrario, será el pueblo estadounidense quien la rechace en las urnas.