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Los republicanos entran en pánico y marcan distancias con Trump ante el temor a un varapalo electoral: “Está hundiendo el partido”

El presidente de EEUU, Donald Trump, hace un gesto al regresar a la Casa Blanca el 10 de octubre de 2026 en Washington, DC.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
12 de octubre de 2026 22:35 h

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“Trump está hundiendo al partido”. Así de elocuente se expresa una fuente consultada por la CNN este lunes. Y lo cierto es que el pánico está creciendo entre las filas republicanas, sobre todo entre esos congresistas, senadores y gobernadores que tienen miedo a perder sus cargos institucionales, es decir, sus puestos de trabajo, sus nóminas, su poder y su lugar privilegiado en el establishment político y económico de EEUU.

Los republicanos temen que el presidente de EEUU, que se encuentra de gira por todo el país con actos diarios para la campaña de las elecciones del 3 de noviembre, les arrastre a una debacle electoral que les haga perder la Cámara de Representantes y el Senado. No en vano, el índice de aprobación de Trump ha alcanzado su mínimo, con un 30% de los estadounidenses a favor y un 68% en contra, lo que supone un descenso de 4 puntos porcentuales respecto a julio, según una encuesta reciente del Pew Research Center. Es decir, el 68% censura lo que está haciendo, una desaprobación que el propio presidente contribuye a alimentar con sus actos de campaña.

Desde la guerra de Irán hasta la represión migratoria, pasando por el encarecimiento del coste de la vida y un acuerdo con Vladímir Putin para intentar rebajar el precio del diésel a la desesperada mientras alimenta la guerra en Ucrania. Pero no solo: ese acuerdo tumba las sanciones a Rusia firmadas por Trump el pasado 18 de septiembre, además de que devuelve a Putin su condición de interlocutor internacional, tras haber sido sancionado por Occidente, y lo convierte en un aliado que sale al rescate de un presidente de EEUU asfixiado por las consecuencias de sus propias decisiones en materia arancelaria y de política exterior.

En todo caso, según los expertos, el acuerdo equivale a la demanda de diésel de EEUU durante día y medio, por lo que no se prevé que tenga un gran impacto en el precio al consumidor.

Este domingo, senadores de los dos partidos, como Susan Collins (republicana por Maine), Jeanne Shaheen (demócrata por Nuevo Hampshire), Richard Blumenthal (demócrata por Connecticut), Lisa Murkowski (republicana por Alaska), Ron Wyden (demócrata por Oregón), Thom Tillis (republicano por Carolina del Norte) y John Curtis (republicano por Utah), emitieron una declaración conjunta para condenar las importaciones de gasóleo ruso a EEUU pactadas entre Trump y Putin.

“El Congreso prohibió explícitamente las importaciones de energía rusa en 2022 para evitar que los dólares estadounidenses financiaran la brutal guerra de Putin contra Ucrania”, afirma la declaración: “El Congreso fue claro: Estados Unidos no debe importar petróleo de Rusia hasta que esta ponga fin a su agresión contra Ucrania y cese las amenazas contra nuestros aliados de la OTAN. La decisión del presidente Trump de permitir las importaciones de gasóleo ruso a EEUU contraviene directamente dicha ley. Además, la Administración no ha consultado al Congreso ni ha presentado ninguna explicación que justifique su decisión, tal y como exige la ley. Estados Unidos no debe proporcionar a Putin un salvavidas financiero mientras Rusia siga matando a civiles ucranianos. La Administración debe dar marcha atrás de inmediato”.

Renegando de Trump

A poco más de tres semanas de las elecciones de mitad de legislatura, algunos republicanos que se presentan a las elecciones marcan distancias con Trump en sus debates electorales. Un ejemplo son los debates al Senado en Maine, entre la senadora Susan Collins y el aspirante demócrata Troy Jackson, informa ABC News. En los dos debates celebrados, Collins habló de su registro de votos en contra de Trump y de cómo se ha enfrentado a su partido para colaborar con la oposición: “He votado a favor del presidente Biden el 91% de las veces. Y, solo este año, solo en esta legislatura, he votado en contra del presidente Trump 137 veces”.

Collins también ha criticado la guerra en Irán, afirmando que “no está bien planteada” y que ha provocado circunstancias adversas en lo que respecta al precio del petróleo a nivel mundial. Collins, además, ha criticado los aranceles impuestos por Trump a Canadá, un país cuya economía está estrechamente vinculada a la de Maine.

En Michigan, en el debate para las elecciones a gobernador del martes pasado, el candidato republicano, John James, pidió que la guerra en Irán terminara rápidamente: “Debería haber terminado ayer”.

En el debate para las elecciones a gobernador de Georgia, por otro lado, el candidato republicano, Rick Jackson, que en su momento basó su campaña en ser “el gobernador favorito de Trump”, ahora está cambiando de discurso. Cuando su oponente demócrata, Keisha Lance Bottoms, intentó vincular a Jackson con el presidente, este, en cambio, se alineó con el popular gobernador saliente, el republicano Brian Kemp, que lleva dos mandatos en el cargo.

“Dejadme que os diga algo. No le debo nada a nadie. Nadie me ha dicho nunca lo que tengo que hacer. Mi prioridad número uno son los georgianos. Sois vosotros. Y me enfrentaré a cualquiera, tal y como ha hecho Brian Kemp. Él colabora con ambos partidos, con ambos presidentes, y se mantiene firme cuando no está de acuerdo”, afirmó Jackson durante el debate del martes, en el que no mencionó nunca al presidente por su nombre.

Represión migratoria

Muchos republicanos también son críticos con la represión migratoria. Recientemente, la congresista republicana por Florida María Elvira Salazar difundía un vídeo en el que impugnaba las políticas de la Casa Blanca. Y no es la única. “Cuando empiezas a deportar a personas que llevan aquí 15 o 20 años sin incidentes, eso es una zona gris en la que, en mi opinión, hay mucha división de opiniones”, afirmó el senador John Cornyn (republicano por Texas). “Siempre he pensado que esta idea de las deportaciones masivas transmitía un mensaje equivocado”.

Una encuesta de Fox realizada entre el 11 y el 14 de septiembre a 1.211 votantes registrados revela que el 53% consideraba que la aplicación de las leyes de inmigración por parte de la Administración Trump había ido demasiado lejos. De los que afirmaron que las deportaciones habían ido demasiado lejos, el 45% señaló que el Gobierno estaba haciendo un uso excesivo de la fuerza, mientras que el 49% afirmó que se estaba actuando contra las personas equivocadas.

El senador Mike Rounds (republicano por Dakota del Sur), que se presenta a la reelección este año, afirmó que la mayoría de los estadounidenses quiere que el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) se centre en los migrantes que hayan cometido delitos distintos del de cruzar ilegalmente la frontera: “La mayoría de los estadounidenses afirman que somos una nación de leyes, pero con tanta gente aquí de forma ilegal como la que tenemos, asegurémonos bien de que nos centremos en detener a aquellas personas que han infringido nuestras leyes en aspectos distintos al simple hecho de estar aquí ilegalmente”.

Rounds aconsejó a la Administración Trump que fuera más indulgente con los inmigrantes que “están aquí y cuentan con una resolución judicial que [establece] que pueden permanecer en el país”.

El senador Thom Tillis (republicano por Carolina del Norte) afirmó que está de acuerdo con sus colegas republicanos del Senado en que las deportaciones masivas de Trump han ido demasiado lejos: “Prefiero que 100 personas en situación irregular queden en libertad antes que detener a una persona inocente. Aparte de ser una tontería desde el punto de vista político, en mi opinión es inmoral. Hemos ocultado por completo el enorme éxito que supone la seguridad de la frontera, al extralimitarnos y actuar de forma demasiado agresiva”.

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