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ANÁLISIS

“Yo no suplico”: por qué Meloni ha contraatacado a Trump tras mofarse de ella

Riccardo Alcaro

1 de julio de 2026 21:54 h

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Si Giorgia Meloni pensaba que podía dejar atrás su disputa de abril con Donald Trump por las críticas del Papa a la guerra de EEUU contra Irán, no había contado con la capacidad del presidente estadounidense para guardar rencor.

Trump reavivó recientemente las tensiones al declarar a un periodista de televisión italiano que la primera ministra italiana le había “suplicado” que se hicieran una foto en la reciente cumbre del G7 celebrada en Francia. El periódico El País sugirió que Trump se había molestado por un vídeo grabado en esa misma reunión, en el que se veía a Meloni como si le estuviera regañando.

En cualquier caso, el presidente de EEUU reafirmó su versión en una publicación en Truth Social, añadiendo que Meloni quería la foto para impulsar sus índices de popularidad en descenso, algo que él achacó a su falta de apoyo a EEUU en la guerra contra Irán.

La línea de ataque de Trump no es nada sorprendente, pero sí lo es la contundente respuesta de Meloni. En un vídeo publicado en las redes sociales, afirmó que la afirmación de Trump sobre la foto era “una invención”. Expresó su perplejidad ante el hecho de que, al parecer, el presidente de EEUU tratara a sus aliados peor que a sus adversarios. Fusionando el orgullo personal y el nacional en una sola réplica, concluyó: “Yo no suplico, ni tampoco Italia”.

¿Una ruptura real?

En una publicación posterior en Instagram, insistió en que su supuesta caída en las encuestas no tenía nada que ver con EEUU, aunque, en una pullita mordaz, añadió que ser amiga de Trump no ayudaba. Mientras tanto, Antonio Tajani, ministro de Asuntos Exteriores de Meloni, canceló sus planes de asistir a un foro empresarial italo-estadounidense en Miami.

Es difícil saber si esta ruptura es real o solo una puesta en escena. A ojos de Trump, el pecado de Meloni parece ser uno de lesa majestad; concretamente, no mostrar la debida deferencia de una subordinada hacia su jefe. Para Meloni, el enfrentamiento es una cuestión de fondo, a saber, la incapacidad de Trump para apreciar el valor de la alianza occidental.

Puede que Meloni esté genuinamente preocupada por la política europea de Trump, pero la raíz de la ruptura no radica tanto en la estrategia geopolítica como en la estrategia electoral a nivel nacional

Sin embargo, la hostilidad de Trump hacia Europa no es precisamente una novedad. De hecho, en todas las ocasiones anteriores en las que Trump ha abierto un nuevo frente —desde los aranceles hasta el cuasiabandono de Ucrania, pasando por las amenazas contra Groenlandia—, Meloni ha destacado por su silencio. Incluso en el caso de Irán, aparentemente la causa inmediata del descontento de Trump, Meloni tardó semanas en pasar de una postura de “ni apoyo ni condena” a distanciar a Italia más claramente de la guerra. Incluso ahora, el Gobierno italiano está colaborando con la Administración estadounidense para limar asperezas: Tajani ha confirmado su asistencia a la celebración del 250.º aniversario de la independencia estadounidense, que tendrá lugar el jueves en la residencia del embajador de EEUU en Roma, quien también ha pronunciado palabras conciliadoras. Se espera que la relación no sufra más daños. Lo que parece claro es que el vínculo personal entre Trump y Meloni está prácticamente roto. Pero eso no supone necesariamente una pérdida neta para la primera ministra italiana.

Ventajas electorales

Puede que Meloni esté genuinamente preocupada por la política europea de Trump, pero la raíz de la ruptura no radica tanto en la estrategia geopolítica como en la estrategia electoral a nivel nacional.

Aunque los exagera, Trump no se equivoca cuando habla de los problemas de popularidad de Meloni. En un referéndum celebrado en marzo, los votantes rechazaron rotundamente un paquete de reformas judiciales que ella defendía. A pesar de las diferencias persistentes entre las principales fuerzas de la oposición italiana, el Partido Democrático (PD), de centroizquierda, y el Movimiento Cinco Estrellas (M5S), de carácter anti-establishment, ambas están decididas a forjar una alianza de cara a las próximas elecciones generales, previstas a más tardar para 2027. Y Futuro Nacional, una fuerza de reciente creación liderada por Roberto Vannacci —un antiguo general convertido en un demagogo radical de extrema derecha—, ha ganado apoyo a costa de la coalición de gobierno tripartita de Meloni. Según las encuestas, la coalición se encamina hacia la derrota en las elecciones.

Pero enfrentarse públicamente a Trump, que es profundamente impopular en Italia, conlleva ventajas electorales. A su izquierda, priva a la oposición de una importante línea de ataque sobre la anterior cercanía de Meloni a Trump. A su derecha, obliga a Futuro Nacional a adentrarse en un terreno que Meloni ahora aspira a dominar: una narrativa nacionalista conservadora arraigada en tópicos sobre la civilización occidental que también rechaza la sumisión a EEUU.

Resulta más difícil reivindicar la coherencia ideológica tras dar un giro de 180 grados respecto a lo que antes se presentaba como la sabiduría estratégica de la cercanía política a Trump

Además, espera reforzar su posición dentro de la derecha europea. Distanciarse de Trump favorece el objetivo de Meloni de trazar una diferencia clara entre ella y figuras marginadas como uno de sus antiguos aliados, el pro-Trump Viktor Orbán. Prefiere alinearse ahora con la Agrupación Nacional francesa, cuyo candidato presidencial, Jordan Bardella, podría convertirse en el líder nacionalista más destacado de Europa si gana las elecciones presidenciales del año que viene.

La solidaridad mostrada hacia Meloni en todo el espectro político italiano (incluido Vannacci) y por parte de los líderes europeos ante los intentos de Trump de humillarla confirma la acertada intuición política de esta. Que esa intuición sea suficiente para que consiga la reelección es otra cuestión. Consciente de ello, Meloni está impulsando cambios en la ley electoral que otorgarían escaños adicionales a la coalición ganadora, obligarían a los partidos que aún no tienen representación en el Parlamento —como el de Vannacci— a recabar 500.000 firmas y obligarían a las coaliciones a nombrar por adelantado a su candidato a la presidencia del Gobierno. De un solo golpe, Meloni abriría una brecha entre los partidos de la oposición, ya que tanto la líder del PD como el del M5S, Elly Schlein y Giuseppe Conte, desean la presidencia del Gobierno, y así excluiría a Vannacci o le obligaría a unirse a su coalición en sus propios términos.

La reforma electoral, que la oposición ha denunciado como una toma de poder semiautoritaria, se está debatiendo en el Parlamento. Su aprobación marcará el inicio oficioso de la campaña electoral. A falta de grandes éxitos políticos o logros legislativos, Meloni insistirá con confianza en que se ha mantenido fiel a sus principios conservadores, al tiempo que garantiza la estabilidad política. Sin embargo, resulta más difícil reivindicar la coherencia ideológica tras dar un giro de 180 grados respecto a lo que antes se presentaba como la sabiduría estratégica de la cercanía política a Trump. Y cuando se busca la estabilidad mediante cambios de última hora en las normas electorales, la confianza empieza a parecer más una actuación que una convicción. A Meloni solo le queda esperar que a los votantes no les importe la diferencia.

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Riccardo Alcaro es director de investigación del IAI (Istituto Affari Internazionali) de Roma.