Alnasca IV Low GTX de Mammut, cuando la aproximación es parte de la propia escalada
Este verano hemos estado probado las Alnasca IV Low GTX de Mammut durante muchos, muchos kilómetros, caminando, trepando, recorriendo crestas e incluso escalando largos de hasta V grado. Las hemos probado principalmente en La Pedriza y Gredos y, después de llevarla al límite en más de una ocasión, tenemos bastante claro dónde encaja esta zapatilla.
En primer lugar dejar claro que no es el calzado que elegiríamos para hacer un trekking cómodo por buenos senderos. Para eso existen zapatillas más blandas, flexibles y agradables. Sin embargo, si mañana tuviéramos que preparar la mochila para una jornada seria de montaña en la que sabemos que vamos a caminar, trepar y terminar poniendo los pies sobre roca de verdad, las Alnasca entrarían dentro del coche sin pensarlo. De hecho, nos las llevamos al Piz Badile. Y, probablemente, eso explique mejor nuestra opinión sobre ellas que cualquier dato técnico.
Como un pie de gato ancho
La primera sensación al ponernos este modelo puede ser algo desconcertante. Son cómodas, bastante más de lo que esperábamos en una zapatilla de aproximación tan técnica, pero en cuanto empiezas a caminar queda claro que Mammut no ha construido un calzado blando. La Alnasca IV es rígida, precisa y transmite muchísimo el apoyo. En cierto modo recuerda a llevar un pie de gato muy ancho y mucho más cómodo con el que además puedes caminar durante horas.
Esa sensación tiene una explicación. Mammut utiliza su placa Flextron, fabricada con un compuesto de nylon y carbono, para aportar rigidez torsional al conjunto. No es una tecnología que necesites conocer para disfrutar de la zapatilla, pero después de utilizarla en roca entiendes perfectamente para qué está ahí. Cuando colocas el pie sobre un canto pequeño, la zapatilla no se deforma. Apoyas, cargas peso y aguanta.
En el granito es donde mejor se entiende
La Pedriza probablemente sea uno de los mejores laboratorios que existen para probar una zapatilla de aproximación. Granito, adherencia, bloques, pequeñas trepadas y apoyos donde una zapatilla demasiado blanda empieza rápidamente a mostrar sus limitaciones. Ha sido aquí precisamente dónde la Alnasca IV nos ha parecido excepcional.
La suela Vibram XS Trek EVO, con una zona específica de escalada en la puntera, permite colocar el pie con muchísima precisión. Pero lo realmente interesante no es únicamente el agarre, sino la estabilidad que ofrece el conjunto cuando empiezas a cargar peso sobre apoyos pequeños, incluso con mochila.
En canteos la zapatilla responde francamente bien y permite realizar movimientos que con una zapatilla convencional de senderismo empezarían a resultar incómodos o directamente poco seguros.
Durante la prueba hemos llegado a escalar largos de hasta V grado con ellas. Evidentemente no sustituyen a unos pies de gato y tampoco tendría sentido pretenderlo, pero en terreno alpino, crestas o pasos donde no quieres estar cambiándote continuamente de calzado, esa capacidad amplía muchísimo el rango de utilización.
Caminar también forma parte del juego
Aquí aparece probablemente el equilibrio más interesante que ha conseguido Mammut porque fabricar una zapatilla rígida y precisa para roca es relativamente sencillo, lo difícil es conseguir que después puedas caminar kilómetros con ella.
Con aproximadamente 410 gramos por zapatilla en talla UK 8.5, la Alnasca IV Low GTX resulta sorprendentemente ligera teniendo en cuenta su construcción, protección y rigidez.
La media-suela de EVA aporta suficiente amortiguación para que las aproximaciones largas no se conviertan en un castigo, aunque conviene entender perfectamente qué estamos comprando. Es cómoda para ser una zapatilla de aproximación técnica. Ese matiz es importante.
Si nuestra actividad fuera caminar durante horas por senderos cómodos, elegiríamos otro tipo de zapatilla. Hay modelos más flexibles, más amortiguados y mucho más agradables para ese uso.
Pero esa no es la razón por la que compraríamos unas Alnasca IV Low GTX. Aquí sacrificamos una parte de esa comodidad a cambio de ganar precisión cuando realmente empieza la montaña. Y nos parece un intercambio perfectamente razonable.
Más de 30 grados y un Gore-Tex que no nos ha castigado
Otra de nuestras dudas antes de comenzar la prueba era el comportamiento con calor. La versión que hemos utilizado incorpora membrana Gore-Tex, algo que inevitablemente reduce la capacidad de ventilación frente a una zapatilla equivalente sin membrana.
Sin embargo, durante varias jornadas en Gredos y La Pedriza hemos superado los 30 °C y el comportamiento nos ha sorprendido positivamente.
No vamos a decir que transpira como una zapatilla de trail con un upper completamente abierto porque no sería cierto, pero tampoco hemos tenido esa sensación de pie recalentado que algunas zapatillas impermeables generan cuando sube mucho la temperatura.
Para un calzado protegido, robusto y con membrana, el equilibrio nos ha parecido muy conseguido.
Dura, recia... y sorprendentemente ligera
Hay otra característica que aparece después de varios días utilizándola: la sensación de robustez.
Sin embargo, la Alnasca IV Low GTX transmite desde el primer momento que está diseñada para recibir golpes, rozarse contra granito y moverse por terreno donde el calzado termina inevitablemente castigado.
La protección de goma alrededor del pie y una construcción muy sólida permiten utilizarla sin estar pendiente constantemente de dónde pisamos o contra qué estamos rozando. Pero lo interesante es que Mammut ha conseguido esa sensación sin convertirla en un ladrillo. Probablemente sea uno de los aspectos que más nos han sorprendido de este modelo durante los más de 70 kilómetros que hemos estado con ellas.
Es una zapatilla recia y rígida, sí. Pero cuando levantas el pie no parece que lleves una zapatilla de aproximación tradicional. Y cuando empiezas a encadenar desnivel, trepadas y pasos de roca durante varias horas, esa diferencia termina notándose.
El ajuste es clave
Para conseguir precisión no basta con fabricar una suela rígida. El pie tiene que permanecer exactamente donde debe. Y aquí, Mammut ha hecho un trabajo excelente.
El ajuste de la Alnasca IV Low GTX nos ha parecido espectacular. El talón queda perfectamente sujeto, el mediopié no se desplaza y la zona delantera permite trabajar con precisión sin convertir el calzado en algo insoportablemente estrecho.
Volvemos otra vez a la misma comparación: es casi como llevar un pie de gato ancho. No tiene la precisión extrema de un calzado específico de escalada, evidentemente, pero sí transmite una sensación de control muy superior a la de una zapatilla convencional. En crestas, trepadas y pasos expuestos esa confianza tiene muchísimo valor.
¿Qué cambiaríamos?
Probablemente muy poco sin alterar la propia personalidad del producto. Nos gustaría algo más de flexibilidad caminando, por supuesto. Pero si flexibilizamos demasiado la zapatilla perderíamos precisamente la capacidad de canteo y la precisión que hacen tan especial este modelo. Por eso, más que hablar de un defecto, creemos que hay que hablar de una elección.
Esta zapatilla prioriza el rendimiento técnico sobre el confort absoluto. Y hay que comprarla entendiendo eso. Para caminar por buenos senderos durante todo el día nosotros elegiríamos otro estilo de calzado. Para subir hacia una pared, atravesar una cresta, trepar, movernos por bloques y terminar escalando con ellas si hace falta, la elección cambia completamente.
Conclusión Campobase
En definitiva, la Mammut Alnasca IV Low GTX es una zapatilla rígida, precisa, resistente y, teniendo en cuenta todo lo anterior, resulta además sorprendentemente ligera y cómoda.
Su gran virtud está precisamente en ese equilibrio. Mammut ha conseguido fabricar una zapatilla que te permite caminar durante horas sin renunciar a una precisión sobre roca que se acerca mucho más al mundo de la escalada que al del senderismo convencional.
No sería nuestra primera elección para hacer un trekking sencillo. Ni pretende serlo, pero cuando el sendero desaparece, aparece el granito y sabemos que durante la jornada vamos a tener que empezar a utilizar también las manos, nuestra opinión cambia por completo.
Dentro de poco nos vamos al Piz Badile, y las Mammut Alnasca IV Low GTX vienen con nosotros. Probablemente no podamos darles una recomendación mucho mejor que esa.
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