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Gran Canaria, donde el deporte convive con un paraíso natural protegido

© Turismo de Gran Canaria

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Lejos de ser únicamente un destino de sol y playa, Gran Canaria ha construido durante las últimas décadas un modelo turístico basado en el equilibrio entre el desarrollo y la conservación. Esa apuesta ha sido reconocida por algunos de los organismos internacionales más prestigiosos dedicados a la protección del patrimonio natural y cultural. Así, la isla puede presumir de reunir tres importantes distintivos que avalan ese compromiso: una amplia parte de su territorio forma parte de la Reserva de la Biosfera de la UNESCO, alberga el Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas como Patrimonio Mundial y, además, cuenta con la certificación como Destino Starlight gracias a la extraordinaria calidad de sus cielos nocturnos.

Roque Nublo

Estos reconocimientos no solo representan un motivo de orgullo para los habitantes de la isla. También se han convertido en un poderoso argumento para miles de viajeros y deportistas que cada año encuentran en Gran Canaria un escenario privilegiado para disfrutar de actividades al aire libre en un entorno protegido.

Iglesia San Juan Bautista, Arucas

La diversidad paisajística es uno de los grandes secretos de la isla. En apenas unos kilómetros es posible pasar de extensas playas bañadas por el Atlántico a profundos barrancos, bosques, pinares y cumbres que superan los 1.900 metros de altitud. Esa variedad convierte a Gran Canaria en un auténtico laboratorio natural donde conviven ecosistemas muy diferentes y una biodiversidad excepcional.

Localidad de Firgas

Conservación y deporte

Conservar ese patrimonio ha sido una prioridad durante décadas. Más del 40 por ciento del territorio insular forma parte de la Reserva de la Biosfera, una figura que reconoce aquellos espacios donde la protección del medio ambiente es compatible con el desarrollo sostenible de las comunidades que los habitan. El objetivo no consiste únicamente en preservar el paisaje, sino también en garantizar que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando de él sin renunciar al progreso económico y social.

© Turismo de Gran Canaria

Para el visitante, esa filosofía se traduce en una amplia red de senderos perfectamente señalizados, espacios naturales protegidos, áreas recreativas y centros de interpretación que permiten descubrir el territorio de manera responsable. Caminar por los senderos de Tamadaba, recorrer los caminos que conducen hasta el Roque Nublo o adentrarse en los barrancos del interior supone mucho más que una actividad deportiva: es una inmersión en uno de los paisajes más singulares del Atlántico.

Precisamente esa combinación entre naturaleza y actividad física ha convertido a Gran Canaria en uno de los grandes destinos europeos para el turismo deportivo. Senderistas, corredores de montaña, ciclistas y aficionados al trail encuentran durante todo el año unas condiciones climáticas privilegiadas para entrenar o simplemente disfrutar del contacto con el medio natural.

Las pruebas deportivas que se celebran en la isla aprovechan ese escenario excepcional para ofrecer recorridos que atraviesan espacios protegidos con todas las garantías medioambientales. La convivencia entre deporte y conservación demuestra que ambas realidades pueden avanzar juntas cuando existe una planificación responsable y un profundo respeto por el territorio.

Los Azulejos, Mogán

Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas

Pero la riqueza de Gran Canaria no se limita únicamente a sus paisajes. En el corazón montañoso de la isla permanece uno de los conjuntos arqueológicos más importantes de España. El Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas constituye un extraordinario legado de los antiguos pobladores prehispánicos y fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO gracias a su enorme valor histórico, arqueológico y cultural.

Cenobio de Valerón, Santa María de Guía

Cuevas excavadas en la roca, graneros colectivos, asentamientos y santuarios ceremoniales permiten comprender cómo vivían las comunidades indígenas antes de la conquista castellana. Algunos de esos espacios estaban relacionados con la observación astronómica, ya que la entrada de la luz solar durante los equinoccios y los solsticios marcaba momentos fundamentales del calendario agrícola y religioso.

Risco Caído y las Montañas Sagradas, Artenara

El enclave de Risco Caído es probablemente el ejemplo más espectacular. Allí, la arquitectura excavada en la montaña y el fenómeno luminoso que se produce en determinadas épocas del año muestran el avanzado conocimiento astronómico de aquellos primeros habitantes de la isla, una combinación que sigue sorprendiendo tanto a investigadores como a visitantes.

La puesta en valor de este patrimonio ha permitido abrir una auténtica ventana al pasado. Museos, centros de interpretación y visitas guiadas ayudan a comprender el significado de estos espacios sin alterar su conservación, convirtiendo la experiencia en un viaje que une naturaleza, historia y ciencia.

Fortaleza de Ansite, Santa Lucía de Tirajana

Tradición y productos de proximidad

La apuesta por la sostenibilidad también ha recibido el respaldo del sello Biosphere Destination, una certificación internacional que distingue a aquellos destinos capaces de integrar criterios ambientales, sociales y económicos en su desarrollo turístico.

Obtener esta acreditación exige cumplir exigentes estándares relacionados con la gestión de los recursos naturales, la eficiencia energética, la movilidad sostenible, el ahorro de agua, la protección del paisaje y la implicación de la población local. Gran Canaria ha logrado situarse entre los destinos europeos con mayor implantación de establecimientos turísticos certificados, reflejando el compromiso compartido entre administraciones públicas, empresas y ciudadanos.

Ese modelo también apuesta por fortalecer el sector primario, fomentando el consumo de productos locales y de proximidad. La agricultura y la ganadería tradicionales no solo mantienen viva una parte esencial de la economía rural, sino que contribuyen de manera decisiva a conservar el paisaje agrícola que caracteriza numerosas zonas del interior de la isla.

El visitante encuentra así una oferta turística que trasciende el alojamiento o las actividades deportivas. La gastronomía elaborada con productos de kilómetro cero, los mercados locales y las pequeñas explotaciones agrícolas forman parte de una experiencia que acerca al viajero a la identidad más auténtica de Gran Canaria.

Acusa, Artenara

Destino Starlight

Cuando cae la noche, la isla ofrece otro de sus grandes tesoros. La escasa contaminación lumínica existente en buena parte del interior ha permitido que Gran Canaria obtenga también la certificación como Destino Starlight, un reconocimiento reservado a aquellos lugares donde la calidad del cielo nocturno resulta excepcional para la observación astronómica.

Las zonas de medianías y cumbre ofrecen condiciones ideales para contemplar miles de estrellas, identificar constelaciones o seguir el recorrido de los planetas con una claridad difícil de encontrar en otros destinos europeos. Cada vez son más los visitantes que incluyen una sesión de astroturismo dentro de su viaje, participando en actividades guiadas que combinan divulgación científica con la espectacular belleza del firmamento.

Pinar de Pilancones, San Bartolomé de Tirajana

La protección de estos cielos no es fruto de la casualidad. Es consecuencia directa de las políticas de conservación desarrolladas durante años, del control de la contaminación lumínica y de la preservación de los espacios naturales. Todo ello convierte la observación de las estrellas en una experiencia íntimamente ligada al respeto por el medio ambiente.

Los amaneceres y atardeceres constituyen otro de los grandes espectáculos cotidianos que ofrece la isla. Desde las cumbres, el océano parece fundirse con el horizonte mientras la luz transforma el relieve volcánico en un mosaico de colores que cambia a cada instante. Desde la costa, el sol despide la jornada sobre el Atlántico dibujando escenas que permanecen en la memoria de quienes las contemplan.

Vía Láctea sobre el Arco de Pargana, San Bartolomé de Tirajana

Turismo responsable

Esa combinación de patrimonio natural, riqueza cultural y posibilidades deportivas explica que Gran Canaria sea mucho más que un destino vacacional tradicional. Cada sendero, cada barranco, cada playa y cada yacimiento arqueológico forman parte de un territorio que ha sabido evolucionar sin renunciar a proteger aquello que lo hace único.

Atardecer en playa de Las Canteras

El verdadero éxito de la isla reside precisamente en ese equilibrio. Millones de visitantes llegan cada año atraídos por su clima privilegiado y sus infraestructuras turísticas, pero descubren un territorio donde la naturaleza continúa siendo la gran protagonista. Un lugar donde el deporte se practica en escenarios de enorme valor ambiental, donde la historia permanece escrita en la roca y donde las noches siguen iluminándose con un cielo limpio que invita a levantar la mirada.

Gran Canaria demuestra así que el turismo del futuro pasa por conservar el patrimonio que hace irrepetible a cada destino. Sus reconocimientos internacionales son mucho más que un sello de calidad: representan la confirmación de que proteger la naturaleza, impulsar un turismo responsable y ofrecer experiencias memorables son objetivos perfectamente compatibles. Quien recorre la isla comprende enseguida que ese compromiso no solo se observa en los folletos oficiales, sino también en cada paisaje y en cada sendero.

A tener en cuenta si visitamos el Roque Nublo

Hasta 2025, la visita al Roque Nublo era de acceso libre. En la actualidad es necesario realizar una reserva previa y el número de visitantes simultáneos está limitado a unas 300 personas, una cifra muy inferior a la de hace apenas unos años. Esta medida busca proteger un entorno especialmente frágil, donde el suelo es limitado y la vegetación se desarrolla lentamente, por lo que cualquier impacto humano puede tener efectos acumulativos a largo plazo.

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