La decisión de varios países europeos de enviar tropas a Groenlandia en previsión de un hipotético ataque estadounidense ha sido valorada positivamente en medios políticos y periodísticos de nuestro continente. “Groenlandia reactiva a Europa” ha sido uno de los titulares al respecto. También ha sido acogida favorablemente la reciente reunión de siete países de la Unión Europea, entre ellos España, con el fin de establecer posiciones en relación con la guerra de Ucrania.
En definitiva: empieza a soplar un aire nuevo, más esperanzador que el precedente, de abulia y cierto derrotismo, en la actitud europea frente a los ataques y las iniciativas de política exterior de Donald Trump.
El anuncio de que Ursula von der Leyen se reunirá la semana que viene con el presidente estadounidense en Davos refuerza ese nuevo clima. Porque Ucrania es el asunto internacional que más preocupa a los principales miembros de la UE, que temen que las amenazas de Trump de retirar su apoyo a Kiev, que ya se han concretado en parte, terminen dejándoles solos en una confrontación con Moscú de consecuencias imprevisibles. Y más si Washington prosigue en su política de entendimiento con Vladímir Putin que, aunque hasta el momento no haya dado resultados concretos, podría terminar en un acuerdo de paz en Ucrania gravemente lesivo para los intereses del Gobierno de este país. En los últimos meses, se ha estado muy cerca de ello.
Ucrania es el problema que más enfrenta a los Estados Unidos de Trump con Europa. Groenlandia es el conflicto más reciente, pero la confrontación es bastante más amplia
Ucrania es el problema que más enfrenta a los Estados Unidos de Trump con Europa. Groenlandia es el conflicto más reciente y aún no ha pasado del terreno de las declaraciones y amenazas. Pero la confrontación es bastante más amplia. Trump ha dicho cosas muy fuertes del sistema político europeo. Hasta el punto de considerar caduca la Unión Europea misma.
Empezó exigiendo que todos los miembros de la OTAN dedicaran un 5% de sus presupuestos al gasto militar porque Estados Unidos se había cansado de ser el pagano de la Alianza Atlántica. Y siguieron otros desencuentros, como las amenazas vertidas por Trump si Europa se atrevía a aplicar sanciones a sus gigantes tecnológicos por graves prácticas contrarias a las normas de competencia. La distancia entre Washington y Bruselas es mayor que nunca y cada vez parece más difícil de colmar.
“Pekín está feliz”
Sin embargo, una firma tan de peso como la Edward Luce apunta en el periódico Financial Times que detrás de esos titulares hay otras dinámicas que a medio plazo podrían modificar sustancialmente la situación. “Nos encontramos en las primeras etapas de un proceso acelerado de reducción del riesgo de Estados Unidos. Los países del hemisferio occidental se están acercando a Pekín. El acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Mercosur así como el acuerdo del Reino Unido con la India son también reacciones a la política de Trump. El debate británico sobre dejar atrás el Brexit y acercarse a la UE también se debe en parte a Trump. Los aliados de Estados Unidos se encuentran ahora en un punto de inflexión entre el presente y el futuro. Contrariamente a las analogías con la mafia, Trump ofrece a los socios de Estados Unidos un trato que no pueden aceptar”.
La distancia entre Washington y Bruselas es mayor que nunca y cada vez parece más difícil de colmar
“Pekín está feliz” titulaba esta semana el parisino Le Monde en referencia al hecho de que las críticas generalizadas a Trump, incluidas las que se le hacen en Estados Unidos, mejoran las posiciones y la imagen de China en el mundo. Ciertamente, los chinos han perdido Venezuela, país en el que llevaban años penetrando cada vez más, incluido en su sector petrolífero, hasta el punto de que hay quien dice que esa ha sido una de las principales razones de la intervención norteamericana. Pero, como contrapartida, su comercio –y, por tanto, sus relaciones– con el resto del mundo no deja de crecer: nada menos que un 20% en el último año.
Pekín se ha mantenido al margen de las peleas que Trump está librando por todo el mundo. Sólo levantó la mano hace algo menos de un año cuando amenazó al presidente estadounidense con subir los aranceles a sus productos tanto como éste había anunciado que haría con los chinos. Y Trump se echó para atrás. Pero en su silencio y discreción no deja de mejorar posiciones.
Otra noticia destacada de los últimos días, sobre todo por la prensa italiana, son las críticas que ha hecho el papa a las decisiones de Trump, particularmente contra su brutal campaña contra los inmigrantes. Y León XIV ha pasado de las palabras a los hechos y acaba de nombrar arzobispo de Nueva York al moderado obispo Hicks para sustituir al trumpista Nolan.
Pekín se ha mantenido al margen de las peleas que Trump está librando por todo el mundo, pero en su silencio y discreción no deja de mejorar posiciones
Es difícil saber como influyen los acontecimientos internacionales en los avatares de la política interna de los países. Puede que hasta bastante, según los momentos. Lo que sí parece claro es que además de intereses económicos, no sólo los relativos al petróleo, y de vocación de poder, la ofensiva internacional al estilo del 5º de Caballería de Trump tiene también por objetivo congratularse con sus bases más primitivas y nacionalistas.
Pero ni eso parece bastante para asegurar a Trump la victoria en las elecciones de mitad de mandato que tendrán lugar el próximo noviembre. Hay sondeos que dicen que hoy por hoy el presidente perdería el control de ambas cámaras parlamentarias. Y él mismo ha reconocido que eso sería un golpe muy fuerte para proseguir con su gestión en los dos años que le quedarían de mandato. La cosa parece tan seria que el presidente se ha permitido lo que su jefa de prensa ha dicho que era sólo una broma, pero que más de uno se lo ha tomado en serio: que podría anular esas elecciones.