Capellán en el último Pisado de la Uva de la legislatura en La Rioja: un recuerdo a Ceuta y tono de precampaña
El de este año ha sido el último discurso de la legislatura del presidente de La Rioja, Gonzalo Capellán, en el acto del Pisado de la Uva. Un último discurso en el que también ha destacado la vuelta al Espolón de Logroño, ha recordado a Ceuta y ha aprovechado para destacar algunos de los hitos de esta legislatura ante un Espolón abarrotado de público. “Hoy desde el cielo de Logroño, nos sonríe el sol, nos manda su luminoso saludo y su radiante energía. El tiempo, después de ediciones celebradas al generoso amparo del IES Sagasta, ha querido obsequiarnos y hacer posible que festejemos el día de San Mateo, todos juntos en el corazón de la ciudad, en el Espolón”.
Y al igual que hizo el alcalde de Logroño en el disparo del cohete anunciador de las fiestas, Capellán también se ha acordado de Ceuta y ha sido interrumpido por los aplausos del público. “También es un día donde nos acordamos de España, de nuestros compatriotas de Ceuta, cuyas vidas han sido drásticamente perturbadas. Mandamos a los ceutíes todo nuestro cariño y todo nuestro apoyo con la esperanza de que también ellos puedan recuperar la normalidad que nunca deberían haber perdido”. “La convivencia es un inestimable bien que, si se cultiva adecuadamente, si se labora cada día da fruto la armonía social. Esa convivencia se aprende también y se alimenta cerca de casa Al escuchar a quien piensa de otra manera, al resolver una diferencia sin violencia, al reconocer y respetar a todas las personas”.
Y en el último discurso de la legislatura, Capellán ha aprovechado la ocasión para destacar algunos de los hitos de esta legislatura consciente de que, aunque oficialmente la pre campaña no ha comenzado, la carrera hacia la presidencia ya está en marcha. Y así, al igual que septiembre en La Rioja es vendimia, también es vuelta al cole. Una vuelta a las aulas que coincide en La Rioja con la “Ley de Gratuidad de los estudios universitarios para los estudiantes riojanos” y con el inicio de las clases en la Universidad de Medicina. “Estos días también comienza su formación la primera promoción de Medicina en la Universidad de La Rioja. Es un logro colectivo que nos recuerda que la vindicación de nuestra comunidad autónoma como riojanos nació indisolublemente unida a la aspiración de contra con una universidad propia. No tenemos tranvía, ni los trenes que necesitamos y nos merecemos, pero tenemos una muy buena Universidad”. La reivindicación de unas mejores conexiones para La Rioja ha sido también aplaudido por el público que ha asistido a este acto de San Mateo.
A lo largo del discurso, también se ha referido la exposición AutorIA. “Así lo vamos a mostrar desde el 30 de septiembre en el Monasterio de Yuso, con la exposición AutorIA, La Rioja, tierra del Español que enlazará nuestro patrimonio histórico con las preguntas que hoy plantea la IA. Quiero invitar a todos los riojanos a acercarse a San Millán. Visitadlo con vuestros hijos, con familiares o amigos porque os va a sorprender y os va a cautivar”, ha asegurado Capellán.
Discurso íntegro del presidente de La Rioja, Gonzalo Capellán
Excelentísimas e ilustrísimas autoridades,
Queridas riojanas y queridos riojanos,
Amigas y amigos de La Rioja:
Hoy desde el cielo de Logroño nos sonríe el sol, nos manda su luminoso saludo y su radiante energía. El tiempo, después de tres ediciones celebradas al generoso amparo del Instituto Sagasta, ha querido obsequiarnos y hacer posible que festejemos el día de San Mateo, todos juntos, en el corazón de la ciudad, en el Espolón.
Disfrutar del Pisado de la Uva a cielo abierto es una tradición muy nuestra, muy especial que nos congrega y nos une. Siento una enorme alegría viendo a tantas personas reunidas junto a esta emblemática Concha del Espolón, que forma parte de nuestra memoria colectiva, de la idiosincrasia de Logroño, de las vivencias que forjan el alma de nuestras fiestas.
Por este lugar han pasado tantas generaciones de logroñeses y de riojanos. Muchos de los que hoy nos encontramos aquí, conservamos el recuerdo de haber venido de pequeños, con nuestros padres, con nuestros abuelos. Y, algunos hoy, acompañáis a vuestros hijos o a vuestros nietos. Otros os acercáis por primera vez.
Todos contribuís a que esta ceremonia tan señalada siga viva, fortaleciendo nuestra tradición y renovando los sólidos lazos que nos unen en torno a valores y sentimientos compartidos.
Las fiestas permiten recuperar conversaciones que la celeridad de la vida cotidiana habían dejado pendientes. Una cuadrilla encuentra el momento propicio para volver a juntarse, alguien regresa a casa unos días, dos personas que llevaban tiempo sin verse se reconocen entre la gente.
En esos encuentros hay mucho de lo que nos une. Quisiera que esta mañana celebrásemos, junto al fruto de nuestras viñas, esa preciada vida que compartimos y el cuidado que nos debemos unos a otros. A veces no somos conscientes de su valor, de su alcance y de su profundo significado.
Tan profundo como nuestras raíces comunes, las que nos anudan a la tierra, las que nutren el tronco de nuestra existencia y las que, si sabemos cultivar bien, con el esmero y cariño que se merecen, terminan dándonos un fruto tan prodigioso como las uvas de la vid.
Hace cuatro días la joven actriz logroñesa Helena Ezquerro pronunciaba el pregón de las fiestas de San Mateo en la plaza del Ayuntamiento. Su exitosa carrera profesional le ha implicado vivir fuera de su tierra, pero nos recordaba de un modo paradigmático lo que significa llevar Logroño y La Rioja en el corazón. Cómo venir aquí siempre significaba hogar y cómo se definía a sí misma: “logroñesa, riojana de pura cepa”.
Esa expresión, tan nuestra, que pronunciamos con tanta naturalidad, es una hermosa metáfora botánica trasplantada al terreno de lo humano, de la filiación genealógica de las personas. Cuando hablamos de un árbol genealógico, reconstruimos nuestras raíces, nuestros primeros antepasados, luego el tronco común familiar y, finalmente, las ramas y frutos que van conformando todas las personas que se van sucediendo con el tiempo.
En La Rioja la planta que mejor identifica ese sentido de pertenencia es la cepa. Nuestras raíces están ahí, nuestros padres, abuelos, bisabuelos… Y de la cepa nacemos nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos.
Ser y sentirse riojanos de pura cepa es más que una preciosa metáfora, es la expresión singular de reconocernos en nuestra identidad común, en comunión con quienes nos dieron la existencia y con quienes siguen y seguirán proyectando la vida de esta maravillosa tierra, los ricos frutos de la vid.
El Pisado de la Uva nos ayuda a comprenderlo. Los racimos han llegado de distintos lugares de La Rioja. En realidad, nos representan a todos, a los 174 municipios que conforman nuestra región.
Los niños que hoy portan y ofrecen esas uvas representan a todos los niños riojanos. A los que ayer pisaban uvas al modo tradicional en un lago del barrio de bodegas de San Asensio. A los niños que hoy mismo están pisando las uvas en Rincón de Olivedo, en la comarca de Cervera, y ofreciendo el primer mosto a la Virgen de la Antigua.
Cada uno de esos racimos trae consigo el carácter de una viña y el trabajo de quienes la atienden durante el año. Al reunirse en el tinanco, conservan todo lo que ha hecho posible su maduración y comienzan a formar parte de algo que ya pertenece a todos.
Antes de este momento hubo muchas horas lejos de la fiesta. Hubo frío al podar y madrugadas de duro trabajo; días de confianza y otros de preocupación, mirando al cielo. Quienes cuidáis las viñas sabéis que una cosecha exige conocimiento, perseverancia y decisiones que no siempre son fáciles. Por eso la alegría de la vendimia contiene también el alivio y la gratitud de haber llegado hasta aquí.
El vino de Rioja, ha difundido el nombre de esta bendita tierra por todo el mundo, asociado a un prestigio forjado a lo largo de muchas décadas, de muchas generaciones, con mucho sacrificio, mucho ingenio y mucho talento.
Detrás de cada botella de Rioja hay una historia de trabajo que merece ser conocida, respetada y valorada. Hay también una parte de nuestra tierra, la tierra que debemos cuidar con mimo y llevar siempre en lo más hondo de nuestro corazón porque es parte consustancial de nuestra vida e identidad.
Hoy quiero mostrar nuestro reconocimiento a todas las personas que laboran nuestra tierra y que con su esfuerzo y saber logran obtener los mejores frutos. Conocedor de la situación actual, quiero refrendar hoy nuestro apoyo y firme compromiso con quienes cuidan y trabajan nuestro campo.
El extraordinario poeta José Antonio Muñoz Rojas, tan atento a “Las cosas del campo” nos regaló unos versos verdaderamente memorables en su poema Tierra eterna:
“Sola y eterna, tierra de arados,
de sementeras y de olivar,
mil veces regadas con sudores de hombres,
hermosura diaria, espejo y descanso nuestro…
¡Ay de los que te olvidaren,
De los que en su piel y en sus ojos pierdan tu recuerdo,
De los que no se refresquen contigo,
de los que te pierdan del alma!“
En nuestra tierra, esa hermosura está cerca, a nuestro lado, con nosotros: en los maravillosos paisajes que dibujan los viñedos, en las huertas junto al río y en los bosques de la sierra. Se aprecia en su pleno esplendor cuando conocemos a quienes viven en esos lugares y comprendemos cuánto de su belleza procede del ahínco con que los han cuidado. Hoy os animo a todos a seguir cuidando ese rico patrimonio natural que es el alma de nuestra tierra.
Así aprendemos a mirar a La Rioja con mayor conciencia de su incomparable valor, a profundizar en los vínculos afectivos que nos unen a nuestra región y a sentir plenamente todas esas emociones que nos identifican como riojanos.
De las uvas reunidas nacerá el primer mosto, que ofreceremos a la Virgen de Valvanera, nuestra patrona. En esa ofrenda se encuentra la fe de tantos riojanos, el agradecimiento por lo recibido y la esperanza de que el tiempo venidero sea bueno para todos.
Es un tributo humilde, un gesto sencillo que nos ha acompañado en circunstancias muy diferentes y que sigue hablándonos con una cercanía muy especial.
El nombre de Valvanera nos lleva al recogimiento de su valle y a un monasterio con una enorme carga simbólica, emocional y espiritual para los riojanos.
Allí han acudido a lo largo del tiempo muchas personas con su júbilo y sus alegrías, pero también con sus desvelos e inquietudes. Hoy cristalizamos esa devoción ofreciendo a la Virgen el primer fruto de la cosecha.
Ese ofrecimiento es forma de generosidad que es también parte de nuestra forma de ser, de nuestras costumbres familiares y domésticas.
Esa atención a los demás merece acompañarnos también hoy. El 21 de septiembre es el Día Mundial del Alzheimer. Quiero enviar un abrazo a las personas que viven con esta enfermedad y otras enfermedades igualmente duras y a sus familias, y reconocer a quienes las cuidan cada día. Conocemos el valor de esa dedicación, la paciencia que exige y la necesidad de que quienes acompañan se sientan también acompañados.
Hoy es igualmente el Día Internacional de la Paz. Desde esta plaza podemos pensar en quienes desearían algo tan elemental como llevar a sus hijos a la escuela sin miedo o regresar a una casa que sigue en pie. Nuestra alegría puede convivir con ese recuerdo.
Saber que otros sufren nos hace valorar más la paz y desear el fin de todas las guerras que oscurecen el mundo, al tiempo que nos recuerda el imperativo moral humano de profesar el máximo respeto a la vida y la dignidad de todas las personas.
También es un día donde nos acordamos de España, de nuestros compatriotas de Ceuta, cuyas vidas han sido drásticamente perturbadas. Mandamos a los ceutíes todo nuestro cariño y todo nuestro apoyo con la esperanza de que también ellos puedan recuperar ya la normalidad que nunca deberían haber perdido.
La convivencia es un inestimable bien que, si se cultiva adecuadamente, si se labora cada día da como fruto la armonía social. Esa convivencia se aprende también y se alimenta cerca de casa. Al escuchar a quien piensa de otra manera, al resolver una diferencia sin violencia, al reconocer y respetar a todas las personas.
Tornemos esa mirada armónica a nuestro tinanco de uvas recién reunidas. Proceden del mismo territorio, pero han madurado en suelos distintos, con orientaciones y cuidados diferentes. Como nuestra comunidad que se ha hecho con aportaciones distintas, con las vidas de personas que han encontrado aquí su lugar, que han echado sus raíces y contribuyen al desarrollo de nuestra sociedad.
La Rioja Alta, la Rioja Media y la Rioja Oriental; los valles y las sierras; Logroño, las cabeceras de comarca y los municipios más pequeños forman una comunidad que se necesita cada día del esfuerzo compartido de todos.
Por eso, al celebrar la vendimia, quiero que se sientan reconocidos también quienes trabajan en la industria, en el comercio o en los servicios. Quienes ponen en marcha un negocio y quienes llevan años sosteniéndolo.
La Rioja ha crecido gracias a esa capacidad de hacer bien cosas muy diferentes, de aprender un oficio y mejorarlo, de unir la tradición con la innovación, de abrirse al mundo sin perder el vínculo con el lugar del que se procede.
Y no olvidemos ese trabajo fundamental cuyo resultado se ve reflejado en el bienestar de otra persona. El de los profesionales sanitarios, los docentes, quienes cuidan a nuestros mayores o acompañan a alguien que necesita apoyo.
Junto a ellos hay asociaciones, voluntarios y vecinos que dedican parte de su vida a los demás. Organizan una actividad, acompañan a quien vive solo, mantienen abierto un lugar de encuentro. Gracias a ese esfuerzo nuestros pueblos y nuestros barrios tienen algo más que edificios y calles: tienen humanidad, personas que se conocen, se buscan y saben que pueden contar unas con otras.
El día a día no siempre es fácil: hay familias preocupadas por el trabajo y por poder disponer de los recursos necesarios para sostener su hogar, jóvenes que buscan una vivienda para desarrollar su vida con autonomía y personas mayores a las que la soledad ensombrece su vida cotidiana.
Celebrar juntos debe ayudarnos a prestarles atención. A quienes tenemos responsabilidades públicas nos corresponde escuchar, empatizar y ofrecer respuestas con la máxima implicación, eficacia y rigor. Y, como sociedad, podemos ofrecer algo que nadie puede hacer por nosotros: trato cercano e interés por la vida de los demás.
Septiembre trae también el comienzo del curso. Mientras recogemos la cosecha, vuelven a llenarse las aulas. Hay niños que comienzan a leer y jóvenes que llegan a la universidad.
Permítanme mencionar en este punto a una ilustre pedagoga vinculada a ese proyecto educativo modernizador de la Institución Libre de Enseñanza tan identificado con el ilustre riojano Manuel Bartolomé Cossio.
Josefina Aldecoa en un libro ya clásico nos cuenta la “historia de una maestra” que desarrolla su labor en varias escuelas de la España del primer tercio del siglo XX. A pesar de las enormes dificultades de ese momento histórico, nada pudo quebrantar sus sueños:
“Educar para la convivencia. Educar para adquirir conciencia de la justicia. Educar en la igualdad para que no se pierda un solo talento por falta de oportunidades”.
Ese espíritu, noble y eterno , es el que ha inspirado la aprobación este año 2026 de La ley de gratuidad de los estudios universitarios para los estudiantes riojanos.
A esa firme convicción responde igualmente la voluntad de facilitar el acceso a la educación de forma gratuita a los niños y niñas de La Rioja desde la primera etapa de infantil.
Una sociedad tiene motivos para alegrarse cuando ayuda a que una vocación encuentre su camino, a allanarlo y a favorecer las condiciones, poner los medios y facilitar las oportunidades para que cada persona logre el máximo desarrollo de todo su potencial.
Estos días comienza también su formación la primera promoción de Medicina en la Universidad de La Rioja. Es un logro colectivo que nos recuerda que la vindicación de nuestra autonomía como riojanos nació indisolublemente unida a la aspiración de contar con una universidad propia. No tenemos tranvía -ni los trenes que necesitamos y nos merecemos-, pero tenemos una muy buena Universidad.
La ciencia, la investigación, el conocimiento se constituyen en el mundo actual como elementos indispensables para el progreso de la sociedad, para afrontar los retos del presente y para construir un futuro mejor para todos.
La Rioja quiere y puede estar en ese diálogo sobre el futuro, mostrando todo lo que puede aportar a España y al mundo. La Rioja es cuna de una lengua que une a millones de hablantes en los continentes que separa el Atlántico, pero que se encuentran gracias al puente construido por el español.
La Rioja no es solo historia y presente, es FUTURO. Lo demostramos cada día, con cada aportación de los riojanos al deporte, a la cultura, la ciencia, la industria, la tecnología o la sociedad.
Así lo vamos a mostrar desde el 30 de septiembre en el Monasterio de Yuso, con la exposición AutorIA. La Rioja, tierra del español, que enlazará nuestro patrimonio histórico con las preguntas que hoy plantea la inteligencia artificial. Quiero invitar a todos los riojanos a acercarse a San Millán. Visitadlo con vuestros hijos, con familiares o amigos porque os va a sorprender y os va a cautivar.
Y hay muchas formas de cultura que merecen la misma atención. La de quien ensaya una danza o una obra de teatro, reúne documentos sobre su pueblo, pinta, esculpe, realiza una fotografía o un corto o quien nos deleita con la música. La de quienes escriben y crean hoy, con una mirada realmente fascinante. Gracias a ellos seguimos reconociéndonos y, al mismo tiempo, descubrimos maneras nuevas de contar lo que somos.
También a quienes trabajan durante estos días para atendernos, cuidar nuestra seguridad o devolver a las calles su limpieza. Su jornada permite el descanso y la alegría de muchas otras personas. Tengámoslo presente al disfrutar San Mateo, con respeto hacia quienes nos acompañan y hacia la ciudad que nos recibe.
A los visitantes, bienvenidos. Ojalá encontréis en La Rioja motivos para regresar. Y a los riojanos que vivís lejos, os sentimos cerca, os llevamos siempre en el corazón. Algunos habréis podido volver para las fiestas; otros las seguiréis desde la distancia. Otros, como los jóvenes del programa ‘También riojanos’, de Argentina y Chile, que estos días nos visitan y que tenemos presentes con nosotros en este acto, sois testigos de la tierra que vio nacer a vuestros antepasados y que hoy os recibe con los brazos abiertos. Cada generación ha recibido una Rioja que otros cuidaron y ha puesto en ella algo de sí misma.
La primera mujer en recibir el premio Nobel de Literatura en nuestra lengua, la chilena Gabriela Mistral, al evocar las generaciones de su tierra natal, el Valle de Elqui, repasaba “el dichoso cordón de los recuerdos” que unía dos edades en una imagen muy cercana a esta celebración: “el mosto de los muchachos, la lenta miel de los mayores”.
La juventud que con su energía y vitalidad empieza a descubrir el mundo. Los mayores que atesoran la experiencia de quienes llevan muchos años habitándolo. Aquí se encuentran ambas, con mucho que aportarse mutuamente.
La frescura que nos aporta el mosto de los jóvenes unida a la dulzura de esa miel que representan nuestras personas mayores. Quisiera que supiéramos escucharlas, que nuestros jóvenes sintieran confianza para abrir su camino y nuestros mayores el amor de quienes desean seguir creciendo a su lado.
Hoy ofrecemos el primer mosto con gratitud. Mañana volveremos a nuestras ocupaciones y la vida de esta comunidad seguirá dependiendo del cuidado con que cada uno cumpla la suya. Llevémonos algo de este encuentro: el placer de reconocernos, la disposición para ayudarnos y la confianza que nace de saber cuántas personas están siempre dando lo mejor de sí para el bien de todos.
Que los niños que hoy participan en esta ceremonia puedan volver dentro de muchos años con alguien de la mano. Que encuentren aquí una tierra viva, acogedora, capaz de conservar lo que aman y de dar su sitio a lo que comienzan.
Y que, al recordar este sol de septiembre, con su luz, recuerden también a las personas con las que aprendieron a sentirse parte esencial de nuestra tierra, de La Rioja.
Disfrutemos de San Mateo. Compartamos la alegría de la vendimia y recibamos con esperanza cuanto está por venir.
Os invito a proclamarlo todos juntos:
¡Viva San Mateo!
¡Viva La Rioja!
Muchas gracias.