Entre el cuidado profesional y el abuso doméstico: la realidad del servicio de ayuda a domicilio, un sector precarizado en Logroño
El Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) nace como un pilar del sistema de bienestar, diseñado para garantizar la autonomía de personas dependientes en su propio hogar. Un servicio que abarca un conjunto de prestaciones sociales dirigidas a personas mayores, con discapacidad o en situación de dependencia que, por sus circunstancias personales, ven dificultada la realización de las tareas básicas de la vida diaria y necesitan apoyo para mantener su autonomía e independencia personal en su entorno habitual, que es el domicilio. Es la definición de servicio de ayuda a domicilio, porque en Logroño, la realidad que atraviesan las trabajadoras dista mucho de la teoría. Y es que tras la fachada de una labor social indispensable, se esconde un sector cien por cien feminizado que lucha contra la precariedad laboral, el intrusismo de tareas y una desprotección alarmante frente a los abusos de los usuarios y la falta de supervisión empresarial.
Y aunque cuando hablamos de servicio de ayuda a domicilio pensamos en personas mayores, las trabajadoras en Logroño atienden a un espectro más amplio: menores, personas con discapacidad, autismo o enfermedades raras. Su función principal es la atención personal (higiene, movilización, acompañamiento a centros de salud o colegios) y un apoyo doméstico básico.
Según el Ayuntamiento de Logroño, el perfil de las personas usuarias son, en su mayoría, personas mayores o con discapacidad con reconocimiento de su situación de dependencia. Pero hay otros tres perfiles que reciben una atención específica del servicio porque también se trabaja con familias en situación de desprotección de menores, con una atención que llega a más de 40 familias. También a personas en situación o riesgo de exclusión, con apoyos personales, domésticos o de terapeutas, una ayuda que llega a unas 50 personas usuarias. Y además, “también hay un nivel adicional que aporta el servicio en caso de Logroño con una importante vocación preventiva”, recoge textualmente la web del Ayuntamiento logroñés: “la atención a personas mayores que, sin tener reconocimiento de dependencia, se detecta que son vulnerables a situaciones de aislamiento, soledad o de falta de autonomía personal, perfil en el que se atienden a en torno a 100 personas”.
"Si el usuario es un menor, el servicio es para el menor. No para limpiar la casa a fondo, ni para bajar la basura de toda la familia, ni para pasear a la mascota
El problema surge cuando la línea entre “auxiliar sociosanitaria” y “empleada de hogar” se difumina intencionadamente por parte de las familias y la falta de control de las empresas adjudicatarias. “Nos tienen como la chica de la limpieza y ya está”, lamenta una trabajadora con 23 años de experiencia que le permiten negarse a realizar una serie de labores como limpiar lámpara, planchar la ropa o incluso lavar la ropa de toda la familia. “Si el usuario es un menor, el servicio es para el menor. No para limpiar la casa a fondo, ni para bajar la basura de toda la familia, ni para pasear a la mascota”.
Las labores que deben realizar estas trabajadoras lo marca el programa de atención individual (PIA) un informe elaborado por Servicios Sociales que determina qué prestaciones y servicios tiene que recibir la persona en función del grado de dependencia asignado. Y en ocasiones, cuenta otra trabajadora con nueve años de experiencia, “cuando el PIA marca que a ese usuario hay que bañarlo, llegamos al domicilio y nos encontramos con que ya lo ha bañado la hija que, a cambio, nos pide que lavemos las cortinas”. Abusos que denuncia se dan, sobre todo, entre las trabajadoras nuevas. “Otra compañera me contaba ayer mismo que en el PIA establece atención para el marido, sin embargo, esta trabajadora tiene que atender a los dos. Otras veces, nos obligan a planchar la ropa de todas las personas que viven en el domicilio, no solo la del usuario del servicio”.
Y además e estos abusos laborales, muchas de las trabajadoras del servicio de ayuda a domicilio en Logroño denuncian situaciones de acoso y racismo
Indefensas ante acoso, agresiones verbales y racismo
Hay quienes llaman a la oficina diciendo: no me mandes a esta negra, que a mí las negras no me gustan
La vulnerabilidad de estas mujeres se acentúa al trabajar a puerta cerrada. El testimonio de las trabajadoras logroñesas revela situaciones de extrema gravedad que, a menudo, quedan diluidas en informes internos sin consecuencias reales. Denuncian episodios de acoso sexual y tocamientos: “Hay usuarios que se aprovechan... te echan la mano, te tocan el culo. Y como es una persona vulnerable, parece que tienes que tragar”, relatan. Denuncian violencia verbal. “Son habituales insultos como vaga, estúpida o tonta cuando nos negamos a realizar tareas que no nos corresponden como limpiar lámparas o mover muebles pesados”. Y también racismo. “Hay quienes llaman a la oficina diciendo: no me mandes a esta negra, que a mí las negras no me gustan”.
Desde CCOO La Rioja, el secretario general de Hábitat , Javier García, habla incluso de problema. “Con estas trabajadoras y las empleadas del hogar nos encontramos con la inviolabilidad del centro”. Y sí, reconoce que han tenido problemas de acoso. “Los hemos denunciado, hemos denunciado a la empresa, pero sin no se deja por escrito, cierran los ojos y miran hacia otro lado. Por esta razón, insistimos a las compañeras que dejen todo por escrito para que haya una trazabilidad y poder acudir a Inspección de Trabajo, como hemos hecho, cuando la empresa no hace nada”. Ante situaciones más graves, asegura que han acudido a Fiscalía y Guardia Civil. Como último responsable del servicio, el Ayuntamiento de Logroño lo tiene claro. La concejala de Servicios Sociales, Patricia Sainz, asegura que “si nos llega una incidencia de este tipo, actuaríamos y nos pondríamos en contacto con la empresa para ver qué ha pasado”. Rioja2 ha intentado también hablar con la empresa que gestiona este servicio, pero hasta el momento, no hemos recibido respuesta.
La amenaza del “Modelo Holandés”: más carga, menos control
Y otra de las preocupaciones del sector en Logroño, la última, es la implantación de un nuevo método de organización importado de Holanda (conocido como Buurtzorg), que el Ayuntamiento pretende instaurar. Buurtzorg es una empresa privada sin ánimo de lucro, que tiene contratadas 8.000 enfermeras, atiende a 65.000 personas y genera un 8 por ciento de beneficios que revierten en la propia organización. Además, tiene una tasa de absentismo del 3 por ciento (la media holandesa es del 7 por ciento) y unos niveles muy elevados de satisfacción de las personas usuarias.
En Logroño, el alcalde de Logroño, Conrado Escobar, explicaba en octubre de 2025 que con “este nuevo modelo somos sensibles a una de las demandas más habituales de los usuarios: reducir en la medida de lo posible el cambio de auxiliares que les atienden”. Y la implantación de este modelo “no solo va a propiciar que esto sea posible, sino que supone un auténtico cambio en el concepto del recurso: el paso de una atención centrada en la organización del servicio a una atención centrada en la persona, en cada una de las 2.030 personas que son usuarias del recurso”.
Y en esa misma comparecencia ante los medios de comunicación, Escobar detallaba que este nuevo modelo, conocido de forma coloquial como ‘superislas', se estaba poniendo en marcha en tres zonas de la ciudad; una por cada uno de los lotes que componen el contrato del servicio. En octubre del pasado año, la primera zona en la que se iba a implantar este modelo incluía las calles situadas detrás del Ayuntamiento: Paseo de la Constitución, Congreso, El Coso, Avenida de Navarra, San Bernabé, Capitán Gaona, Rodancha, Muro de Cervantes y San Mateo. La segunda de las zonas comprende el barrio de Varea. Completa la terna el área de los alrededores de la antigua estación de autobuses, las vías Pío XII, Avenida de España, Belchite, Galicia, Pino y Amorena, Oviedo, Ingeniero de la Cierva, además del parque del Carmen. Sin embargo, este nuevo modelo es para el representante de CCOO La Rioja “una marca blanca precarizada porque bajo este sistema, grupos de auxiliares deberán autogestionar sus horarios y sustituciones”.
En definitiva, con salarios que apenas superan el Salario Mínimo Interprofesional y jornadas que las mantienen ocupadas prácticamente durante todo el día, las trabajadoras del Servicio de Ayuda a Domicilio de Logroño exigen un “cambio drástico en la negociación del próximo convenio”.
Piden un reconocimiento profesional: “No somos limpiadoras, somos trabajadoras a las que se nos exige el certificado de profesionalidad en atención sociosanitaria”. Piden mejoras salariales: “un sueldo acorde a la responsabilidad física y emocional que conlleva el cuidado de grandes dependientes”. Y piden igualmente protocolos de protección y medidas efectivas ante el maltrato y el acoso en los domicilios. “Nos gusta nuestro trabajo, si no, no estaríamos aquí. Es duro física y psicológicamente”, concluyen estas dos trabajadoras que también esperan que el gasto público llegue a quienes sostienen este servicio de cuidados en Logroño.
Un servicio con 2.030 personas usuarias en Logroño
El Servicio de Ayuda a Domicilio del Ayuntamiento de Logroño atiende a 2.030 personas, en su mayor parte (1.820) en situación de dependencia. Se prestan 11.700 horas semanales de atención por parte de 420 auxiliares que desempeñan su labor a lo largo de toda la semana. Se trata de un servicio que en los últimos años ha tenido un crecimiento exponencial tanto de personas usuarias como de profesionales que lo atienden. De lunes a viernes, la prestación se organiza en hasta cuatro turnos diarios; con todo, hay labores que se atienden también en fines de semana y festivos.
Además de la labor de los auxiliares, el servicio incluye apoyos técnicos tanto en la parte sociosanitaria (terapeuta ocupacional, apoyo psicológico) como en otras asistencias (ayudas técnicas, limpiezas extraordinarias o comidas a domicilio).
El servicio completo tiene un coste anual para el Ayuntamiento de Logroño que asciende a 10.328.313,08 euros sumando los tres lotes en que se distribuyen los contratos. En la financiación de dicho importe, el Ayuntamiento cuenta con una subvención de 4.500.000 euros del Gobierno de La Rioja. Desglosando esos importes por hora de servicio, el coste efectivo por hora de atención para el Ayuntamiento asciende a entre 20,27 y 21,62 euros si es en laborable y a entre 25,07 y 26,93 euros si es en festivo (la mínima diferencia va en función del lote en el que se incluye cada caso). Para los usuarios, se establece una escala de precios en función de sus ingresos, de la que resultan importes de entre 0 y 10,40 euros por la hora.
Un servicio al que se destinan más de diez millones de euros y “muy sensible porque se dedica a cuidar de las personas”, reitera la responsable de Servicios Sociales en Logroño, “por lo que desde el Ayuntamiento velamos y controlamos el servicio. Lo que nos compete a nosotros es estar encima del servicio porque es extremadamente sensible, otra cosa es ya la relación de las trabajadoras con la empresa”.