Hace unos diÌas conociÌamos la tragedia de una ninÌa de 13 anÌos y un joven que apareciÌan muertos en LogronÌo. Y raÌpido se confirmaron las peores de nuestras sospechas: eran “pareja”/manteniÌan una relacioÌn sentimental.
Queremos expresar, en primer lugar, nuestro maÌs profundo apoyo, carinÌo y acompanÌamiento a la familia, amistades y entorno cercano de la menor. No existen palabras suficientes para nombrar el dolor que deja una peÌrdida tan devastadora.
Como asociacioÌn feminista, consideramos necesario ir maÌs allaÌ del duelo y realizar una reflexioÌn criÌtica y responsable sobre lo ocurrido. No con aÌnimo de senÌalar ni culpabilizar, sino con la firme conviccioÌn de que solo nombrando los distintos tipos de violencia estructural contra las mujeres y ninÌas podremos entender la gravedad de este hecho y prevenir que se repita.
La prensa situÌa este suceso en el marco de una relacioÌn entre una ninÌa de 13 anÌos y un adulto de 20. Es fundamental afirmar con claridad que entre una menor y un hombre adulto no puede existir una relacioÌn sentimental en condiciones de igualdad. Se trata de una relacioÌn atravesada por una profunda asimetriÌa de poder, en la que el adulto cuenta con una posicioÌn de superioridad emocional, vital y de capacidad de decisioÌn frente a una menor en situacioÌn de especial vulnerabilidad.
La normalizacioÌn social de este tipo de relaciones es profundamente preocupante, ya que legitima la cultura de la pederastia. Esta idea se sostiene, en gran medida, sobre los mitos del amor romaÌntico: la idea de que “el amor todo lo puede”, de que “el amor no tiene edad” o de que el sufrimiento es una prueba de amor. Estos mensajes, repetidos de forma constante y a menudo sutil, construyen un imaginario peligroso en el que se llegan a justificar o minimizar relaciones que nunca deberiÌan producirse.
Decir que el amor no tiene edad no significa que un adulto pueda vincularse afectiva o sentimentalmente con una menor. Significa que las personas pueden amar en distintas etapas de su vida, siempre dentro de relaciones entre iguales. No es casual que estas relaciones asimeÌtricas se den mayoritariamente entre hombres adultos y ninÌas o adolescentes.
Por ello, rechazamos frontalmente los discursos que ponen el foco en la menor: cuestionar su comportamiento, su supuesta madurez o su capacidad para decidir solo contribuye a desviar la atencioÌn del verdadero problema. Debemos poner el foco en eÌl y preguntarnos como sociedad por queÌ un adulto decide establecer una relacioÌn con una ninÌa y queÌ fallos colectivos permiten que estas situaciones sigan producieÌndose. Por queÌ decide estar con una ninÌa sobre la que, de manera evidente, tiene una posicioÌn de poder, madurez y responsabilidad muy superior, tanto a nivel emocional como vital. Esta desigualdad hace imposible hablar de una relacioÌn entre iguales y nos obliga a senÌalar que un adulto jamaÌs puede mantener una relacioÌn afectiva o sentimental con una menor sin que exista una situacioÌn de abuso o desequilibrio.
AdemaÌs, es importante senÌalar que el entorno familiar actuoÌ denunciando la desaparicioÌn de la menor horas antes. Esto refuerza la necesidad de no culpabilizar a las familias y de entender la enorme complejidad de estas realidades.
Nos preocupa especialmente coÌmo, cuando estas relaciones son cuestionadas o interrumpidas, pueden aparecer dinaÌmicas de control emocional extremo, basadas en la idea de que la vida carece de sentido fuera del viÌnculo, o en mensajes que refuerzan la dependencia absoluta. Estas narrativas no son hechos aislados, sino la expresioÌn maÌs cruel de una cultura que sigue romantizando el sacrificio, el dolor y la renuncia a una misma en nombre del amor.
Advertimos aquiÌ esta vuelta a los mitos del amor romaÌntico, al “Romeo y Julieta”, a la idea de que el amor duele y de que sin ti me muero, que nos inculcan desde que nacemos. A las mujeres y ninÌas nos ensenÌan a poner en el centro de nuestra vida el amor hacia el otro por encima del nuestro y a olvidarnos de nosotras tanto que no merezca la pena vivir si no es con ellos.
Desde nuestra asociacioÌn queremos alertar a la ciudadaniÌa del grave peligro que suponen este tipo de relaciones y reiterar la urgencia de proteger a las menores, dejar de normalizar las relaciones asimeÌtricas y cuestionar de manera colectiva los modelos de amor que se nos inculcan desde edades tempranas.
Nombrar la violencia machista en todas sus representaciones no es una falta de respeto hacia las viÌctimas; al contrario, es una responsabilidad social imprescindible para que ninguna otra ninÌa vuelva a verse atrapada en una situacioÌn similar.