Prioridad nacional
Hubo un tiempo en que Santiago era el camino formado por un conjunto de rutas que conducen a la Catedral de Santiago de Compostela y Abascal un atleta medallista olímpico que se proclamó medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1984 en Los Ángeles. Ambos hacen honor al significado del término “prioridad” como una cualidad en alto grado y del término “nacional” como el que describe a una comunidad de personas que comparten lengua, cultura e instituciones.
Pero cuando se juntan los nombres no siempre se juntan las bondades y el Santiago Abascal de ahora es ese que en un mitin lleno de jóvenes llama «mierda» a Pedro Sánchez y «rata» a Marlaska porque su exigua conexión neuronal confunde prioridad nacional con prioridad de los nacionales, aquellos de ¡muera la inteligencia!, algo que el propio Abascal acostumbra a reiterar con sus constantes manifestaciones de violencia, por ahora verbal, contra todo y contra todos.
A Juanma Moreno, el presidente de la Junta de Andalucía, le ha llamado Juanma “Moruno” y a Alfonso Fernández Mañueco, presidente de la Junta de Castilla y León le ha dedicado el ingenioso improperio de Alfonso Fernández “Marrueco”. Parece que la Providencia le dotó de algunas virtudes que quizás algún día nos muestre pero no de la de la ironía fina ni la del humor inteligente que debió autodestruirse junto con la propia inteligencia. Y ya que ha cogido carrera, como el otro Abascal pero él por la pista de la bravuconería, no ha dejado fuera de su inquina ni a la propia Iglesia católica, a pesar de su preconciliar fervor religioso. Hasta el secretario general de la Conferencia Episcopal, Francisco César García Magán, ha acusado recientemente al líder de Vox, de “injurias” por sugerir que la Iglesia se enriquece con la inmigración. Olvida el líder de Vox que antes que ser creyente es preciso ser creíble y eso tiene que ver con la confianza no con la ignorancia que puede llevarle al infierno, ya que lo de “Santiago y cierra, España” era una divina expresión ardorosa que no iba necesariamente por los migrantes.
Prioridad nacional es aportar razones y no insultos, esgrimir argumentos y no emolumentos, conocimientos sólidos y no bulos volátiles, practicar el eufemismo y no el matonismo que además del líder ejercen sus hinchas como recientemente llevó a cabo el representante de la ultraderecha en el Congreso, José María Sánchez, después de que este se encarase con la Presidencia del Parlamento. También podemos recordar en el ámbito provincial el provinciano “cállate progre” que el siempre enfurruñado diputado de Vox Héctor Alacid profirió contra la diputada de IU, Henar Moreno, en el Parlamento de La Rioja. Incluso el ahora purgado líder Javier Ortega Smith practicó con entusiasmo el insulto voxiferante, entre otros, contra la concejala del Ayuntamiento de Madrid por Más Madrid Rita Maestre a la que se refirió como “despechugada”, o contra Gerardo Pisarello el congresista d'En Comú Podem al que llamó “montonero tucumano”.
Prioridad nacional es no permitir que un partido político institucionalice el insulto como estrategia de oposición por muchos votos que tenga porque se puede tener razones y no tener razón, pero no se puede tener sinrazones para asaltar la razón. Prioridad nacional es impedir que su machismo atemorice, su xenofobia intimide, su ignorancia asuste y su vesania espante. Prioridad nacional también es comprender que hay generaciones que pueden considerar todo ese desatino como una forma de convivencia, o sea, una forma de acabar con la convivencia.
El escritor y político Gaspar Melchor de Jovellanos, uno de los más ilustres representantes de la Ilustración española, decía que un patriota era el que quería una escuela para los hijos de la nación, que quiere decir ponerles el sol de cara más que ponerlos cara al sol. Y aunque me imagino que su respuesta sería que “Jovellanos es un mierda”, no se debe olvidar que “Nadie está libre de decir estupideces, lo malo es decirlas con énfasis” como dijo el filósofo Michel de Montaigne, una “rata” francesa. Y de la estupidez se puede salir. Prioridad nacional.