UTOPÍAS 43. Caminar hacia delante
Previsiblemente en los próximos doce meses los gritos en este país serán todavía más ensordecedores, si es que ello es posible. Doce meses es el tiempo que queda para que en todo el territorio nacional haya elecciones municipales y autonómicas en algunas comunidades: La Rioja entre ellas y quién sabe si las generales coincidirán o no, con ese último domingo de mayo electoral en toda España, si bien es cierto que las generales podrán retrasarse hasta el otoño del 27.
Menudo calvario parlamentario que nos espera a los españoles y menudo guirigay en las tertulias televisivas. Si en este mayo del 26 son muchos los que afirman no seguir la actualidad, porque no hay quien soporte a nuestros representantes, lo suyo es que en los próximos meses el lenguaje se empobrezca tanto que quede reducido a insultos, tacos y otras expresiones y términos ofensivos.
No se puede hacer nada. Dicen que es el devenir de los tiempos y hace mucho que alguien me dijo que la lucha de una hormiga contra un elefante está perdida de antemano para la hormiga.
Llevo las de perder -soy muy hormiga-, pero me queda esta columna para expresar mis utopías creo: que tenemos tiempo para revertir la situación, para conseguir que quienes se presenten a las elecciones de 2027 sean locales, autonómicas o generales, sean del partido que sean, o de las agrupaciones que se puedan llegar a constituir, lo hagan pensando en el bienestar general, en el bien de esa mayoría plural que habita esta parte de la península Ibérica y que junto con la de las islas Baleares y Canarias, Ceuta y Melilla, queremos prosperar porque la vida tanto individual, como colectivamente es eso: caminar hacia adelante.
Me gustaría que el camino a recorrer en los próximos meses fuese un tiempo de debate, de conversación, de intercambio de opiniones, de conocer las necesidades y planificar las soluciones. Un año para que la sociedad organizada traslade a los políticos sus anhelos y hasta sus posibles formas de conseguirlos.
Me parece imposible que un grupo de personas, tanto a nivel individual como colectivo, no se pronuncien pacificamente y por escrito, (un manifiesto estaría bien), reclamando el cumplimiento de los derechos constitucionales y humanos que tan necesarios son y cuya amplitud es tal que pueden suscribir todo el amplio abanico de organizaciones e individuos. (Abstenerse los malvados patológicos).
Un manifiesto estaría muy bien y una serie de debates en los que los ciudadanos hablen y se expresen, mientras que los políticos escuchan y toman nota para llevar las propuestas a la práctica estaría tan bien o mejor.
Los dos se pueden hacer. Ninguno es incompatible, solo hace falta voluntad y mucha sinceridad, tanta que habrá que pedir explicaciones por lo prometido y no realizado, por el dinero no invertido y devuelto, por las obras empezadas y no terminadas, por las «chapuzas» mil que vemos todos los días. Por los comercios cerrados para los que las ayudas y subvenciones no han llegado. Por el retraso en la realización de oposiciones y en la publicación de listas con los resultados. Por la tardanza en la resolución de expedientes administrativos de los que muchos hombres y mujeres están pendientes. Por el incumplimento impune de casos, sin consecuencia alguna. Por el desahucio a familias y madres con hijos pequeños, porque ese fondo de nombre impronunciable y con sede social en las islas Caimán, (entiéndase la ironía), ese «fondo buitre», digo, quiere hacerse con las viviendas de todo un inmueble para obtener mayor rentabilidad, de la que se beneficiarán señoras y señores sin cara y sin cuerpo que constituyen la élite mundial y residen en paraísos fiscales, mientras que los vecinos del pueblo o del barrio, son expulsados cual vulgares delincuentes.
La organización de estos debates me parece relativamente fácil. Por ejemplo: la asociaciones deportivas son muy capaces de convocar a responsables de partidos políticos, por un lado y asociados por otro, para hablar de la realidad más palmaria y hacer una lista de soluciones, por oden de prioridad. Los colectivos de mayores pueden y hasta deben decir a los candidatos que se sienten con ellos y les escuchen porque las grandes residencias con cientos de personas envejecidas por las habitaciones y los pasillos, no es lo que quieren para la etapa final de sus vidas. Los mayores deben decir a los políticos que los «guetos» han de erradicarse y los pequeños ambientes familiares han de promoverse.
También es obligatorio que los votantes sean en las asociaciones de padres, de jóvenes, de mujeres... expliquen, debatan y saquen conclusiones para que los políticos las hagan realidad, porque son los que administran nuestro dinero. Somos los vecinos los poseedores de la Soberanía Nacional, (está en la Constitución), los que decidimos qué queremos y cómo lo queremos.
No nos conviene regalar el voto, entregarlo a cambio de nada y después lamentar el estado de la sanidad pública, el incumplimiento de la Ley de Dependencia, la imposibilidad de acceder al alquiler de una vivienda, el abandono de los pueblos, el cierre de los comercios, el maltrato al medio ambiente, la falta de trabajadores y de profesionales, el retraso infinito de la administración de justicia, los inapetecibles y menos saludables menús escolares y hasta de hospitales y residencias, la falta de mantenimiento de edificios, puentes, calles, alumbrado, redes de saneamiento y el visible despilfarro en eventos sin contenido y otras muchas actuaciones incomprensibles. Somos nosotros, los vecinos, ciudadanos, votantes, los que tenemos el deber de controlar y vigilar, porque se trata de la defensa de lo de todos o, si lo prefieren, de la defensa de lo nuestro, para seguir caminando hacia adelante.