“Mi abuelo convivió conmigo 20 años, nunca habló de su historia”, el testimonio de la argentina María Herrero es la de tantos otros descendientes de emigrantes que viajaron desde La Rioja al otro lado del charco, pero hoy se dibuja más clara, tras pisar la tierra que vio nacer a su abuelo, Calixto Herrero Terroba: Luezas de Cameros. “Recién este viernes me he enterado de la fecha exacta de su nacimiento, nunca nos quiso decir la fecha de su cumpleaños de hecho, cuando falleció, no teníamos documentos de él, siempre fechas aproximadas, lo único que comentaba en alguna reunión familiar, de las poquísimas en las que participaba, era que él salía de Luezas, de un pueblo cerca de Logroño y fue lo que a mí siempre me quedó en mente”.
Arrojando luz a esta historia está la Asociación de Amigos de Luezas, con las que María Herrero estableció contacto a través de redes sociales en 2020, con el fin de conocer la historia de aquel abuelo paterno que nació en la sierra camerana en 1904 y que llegó en barco, con apenas 14 o 15 años (no lo sabe con exactitud) a Argentina, acompañado de un hermano, Feliciano, dos años mayor que él. “Dijeron que les recogería un tío, pero allí nadie les fue a buscar”, cuenta. El motivo de su partida es, a día de hoy, también una incógnita. Al igual, se desconoce cómo de aquel puerto llegaron al interior de la provincia de Buenos Aires, a 400 kilómetros.
En La Rioja se quedaron el resto de hermanos: Concepción, Justo y Gerónima. Fue en Benito Juarez, como cuenta María, dónde Calixto conoció a la que fue su abuela, se casó y tuvo a su padre, si bien, enviudó pronto.
“¿Y qué no ha hecho la Asociación de Luezas por reconstruir mi historia?”, se deshace en agradecimientos María Herrero. “Se han ocupado de todo”. Hablando de pantalla en pantalla con Víctor Celorrio durante la pandemia, recopilando información y partidas de nacimiento, tras tres años, este fin de semana ha 'desvirtualizado' sus raíces y ha conocido Luezas a fondo acompañada de su marido, Alejandro, y su hijo, Agustín. El vecino de la aldea José Miguel Terroba, se ha volcado por enseñar cada enclave camerano, les ha guiado por un paseo por El Viso y contado su historia. “Lo más emotivo ha sido conocer la historia del lugar por parte de alguien de ahí”, agradece esta argentina, que ha podido conocer, asimismo, los restos del que fue el hogar de su abuelo y completar el paisaje que rodea a una fotografía que guardaba su abuelo de la ermita y que le ha acompañado durante el viaje. “La Asociación hace un trabajo increíble, hermoso, impecable”, agradece.
De esta experiencia, atesora videos y fotos que le va haciendo llegar a través de WhatsApp a su hermana. “El paisaje es muy similar a Tandil, dónde vivimos nosotros y mi abuelo Calixto pasó sus últimos años, de los 84 años a los 94, un pueblo cercano a Benito Juarez”, compara. “Él siempre decía que era igual a su pueblo”. En cuanto a su familia riojana, Herrero sabe de una prima hermana de su padre, con la que intentará ponerse en contacto. “Llegaron cartas a Argentina”, pero mi abuelo nunca las abría“, explica. ”Mi madre decía que cada tanto recibía cartas de Logroño, de su hermano Justo. “Lo único que mi mamá abrió una vez fue una carta que llegó con una foto de bodas”. La novia, en cuestión, era precisamente esta familiar a la que ha logrado ubicar.
Ha sido este también un viaje “de ambivalencia entre alegría y tristeza” cargado de emoción y de acercamiento hacia su abuelo, como describe, “una persona muy reservada, le teníamos como el abuelo duro, dificil, distante”, describe.“Pero su vida fue así, nunca volvió a ver a sus hermanos, ni a sus padres, nunca volvió a su tierra”, empatiza. “Pero también sufre el que queda, se sufre de un lado y de otro”.
Calixto vivió en Argentina “como en su pueblo”, cuenta con cariño su nieta. “Amanecía con la luz del día y se acostaba con la de la noche, nunca utilizó la energía eléctrica y murió a los 94 años, se hacía el pan él, nosotros no lo entendíamos, no tomaba pastillas y no usaba anteojos y estaba todo el día leyendo”, describe. Un hombre sencillo, de costumbres austeras, a pesar de la prosperidad económica de la que gozó. “Él vivió cada día como en su pueblo”, recuerda. Un pueblo que ha pisado y conocido, gracias a la dedicación de los vecinos de esta Asociación.