El dilema de los fuegos artificiales y las fiestas en los pueblos afectados por los incendios: “El riesgo es extremo”
La bajada de la Virgen del Rosario volvió a recorrer las calles de Soto del Real como cada verano. Pero este año faltó uno de los momentos más esperados de la celebración, los fuegos artificiales. Por primera vez en años, el Ayuntamiento decidió suspender el espectáculo pirotécnico y aplazarlo hasta el próximo 7 de octubre. Una medida de prudencia tras el mayor incendio de Madrid que el pasado mes de julio arrasó más de 27.000 hectáreas de la Sierra Oeste.
“Hemos reflexionado, hemos estado en contacto con las administraciones y finalmente hemos decidido suspender los fuegos artificiales este año”, explicó la alcaldesa de Soto del Real, Noelia Barrado, en la cuenta de X del Ayuntamiento. “Entendemos que no debemos dedicar recursos que son útiles ahora mismo en la extinción para prevenir posibles incidentes en un acto festejo”, añadió.
Aunque los vecinos afectados por el incendio regresan progresivamente a sus casas y los equipos de emergencia mantienen la vigilancia sobre el terreno, la preocupación persiste. El riesgo de nuevos incendios continúa en niveles elevados debido a las altas temperaturas y la falta de precipitaciones durante el verano.
La Comunidad de Madrid concentra en el mes de agosto más de 40 festejos populares, entre verbenas, ferias o romerías, y muchos de ellos incluyen espectáculos pirotécnicos como parte de su programación. Soto del Real es uno de los primeros municipios madrileños en adaptar sus celebraciones tras el incendio. Otras localidades mantienen, por ahora, sus programas festivos e insisten en reforzar las medidas de prevención. En cualquier caso, cuando en el municipio se declare un nivel de riesgo de incendio muy alto o extremo, la ley prohíbe el uso de material pirotécnico, aunque el lugar sea suelo urbano y exista autorización del Ayuntamiento.
En San Sebastián de los Reyes, donde a finales de agosto se celebran las fiestas en honor al Santísimo Cristo de los Remedios, el Ayuntamiento mantiene el espectáculo pirotécnico previsto, aunque insiste en que estará condicionado a las autorizaciones y la evolución del riesgo diario. Desde el consistorio aseguran que la prioridad será “la seguridad de los ciudadanos y la protección del entorno natural”, y explican que cualquier lanzamiento “contará con un despliegue preventivo riguroso que podrá modificarse en función de las condiciones meteorológicas”.
Los espectáculos de pirotecnia han generado controversia y muchos sostienen que no deben seguir celebrándose. Para las organizaciones ecologistas, la situación obliga a renunciar a esta tradición popular. Desde ARBA, la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono, consideran que el incendio del pasado mes de julio ha demostrado la necesidad de extremar la precaución y piden a los ayuntamientos que suspendan este tipo de espectáculos ya que, aseguran, “el riesgo sigue siendo extremo”. “Si reducimos quien produce la chispa, reduciremos el terreno que se quema”, sostienen desde la organización.
El incendio de Madrid afectó a 17 municipios y ha transformado por completo el paisaje de la Sierra Oeste. La plataforma recuerda el caso de Lozoyuela como uno de los ejemplos más representativos. “Era un paisaje mosaico, con lugar de vacas, un pinar, un encinar. Un paisaje modelo que se ha quemado”, asegura.
La organización ecologista defiende que lo más importante es reducir las causas e insiste en que se debe invertir en la prevención de los incendios para evitar que sucedan. “No nos vale meter ganado en un lugar cuando el trigal de al lado se va a quemar”, explica, y añade que se debe invertir, “no solo para la limpieza de los montes, sino también para concienciar a la gente”.
Hasta ahora una tradición inamovible, el lanzamiento de fuegos artificiales en las fiestas patronales se ha convertido en un elemento cuestionable y sujeto a modificaciones en función de las condiciones meteorológicas. Los incendios han provocado que los municipios tengan que adaptar una costumbre tan arraigada, como el espectáculo pirotécnico que marca el final de sus fiestas populares, a un escenario en el que los episodios de calor extremo y el riesgo de grandes incendios son cada vez más frecuentes.