Ambiente informal en la Antigua Huevería

En septiembre reabría la Antigua Huevería con nuevos aires, pasando de ser un bar para tomar algo a ofrecer, además de bebidas, una sala en la que disfrutar de lo que es tendencia en la actualidad, es decir, la denominada casual food. Comida rápida y/o en plan picoteo pero sana y bien elaborada. También tienen brunch el domingo, así que todo muy “tendencioso”.

Bueno, allá vamos M. y yo pasando antes a recoger a E. por su casa. Por el camino nos encontramos al pequeño Nicolás, lo cual no supimos si era un buen o un mal augurio… Qué curioso es todo.

El local presenta una decoración sencilla: blanco roto, tubos de ventilación vistos, una gallinita-huevera muy mona, mesas de hierro redondas con tablero de mármol, banco corrido con cojines. En la fachada tiene unos preciosos azulejos antiguos que nos recuerdan que este establecimiento era una antigua huevería, ¡gallinitas al poder!

Nos ponen para picotear fuet con picos, lo cual abre el apetito adecuadamente, y, entre pico y pico y fuet y fuet, estudiamos la carta.

Empezamos eligiendo lo principal, es decir, el vino. Una botella de Zelán (12,20 €), tinto de Ribera del Duero. De entrada un poco dura, una vez reposado en copa resulta agradable, con aroma a frutos rojos y un ligero matiz ahumado. Es equilibrado, aterciopelado. Me gusta.

Veníamos con la intención de probar la oferta del menú nocturno para 2 (27 €) que incluye un entrante para compartir, dos segundos y un postre, así como copa de vino/cerveza/agua para dos. Dentro de dicho menú, elegimos 1 ración de croquetas variadas: 6 croquetas, queso idiazábal y tomate seco (2), jamón (2) y setas (2). Bien fritas, de corteza crujiente y con bechamel y sabor, todas ellas, suave.

Otro de los platos del menú son bastones de pollo crujiente con salsa agridulce y patatas asadas a la brava. El pollo, jugoso en su interior y crocante en su exterior, mojado en la salsa agridulce es sabroso. Las patatas no aportan nada. M. le pregunta al chico que nos atiende (francamente amabilísimo) desde cuándo llevan abiertos, le cuenta que él y otro socio son los propietarios y que han cogido y reformado el local en septiembre. Yo, entre tanto, cavilo… nunca podré actuar como una buena periodista, soy excesivamente discreta y/o introvertida y/o arisca por momentos para hacer preguntas a la gente (nota mental “volverme más invasora”). Hablamos, los tres, de lo fascinante que es el hecho de que gente tan joven monte un negocio con semejante aplomo y serenidad. ¡Felicidades por ellos!

El segundo plato de menú que elegimos es la hamburguesa especial de la Huevería. En esta lo que más destaca es su sabor a queso, rico, profundo, fuerte, que le aporta a la carne, blanca y en su punto, el toque de intensidad que necesita. Va acompañada de patatas fritas, ketchup y mostaza.

Somos 3 y comemos bastante, así que el menú para dos se queda corto a pesar de que las raciones son adecuadas. Elegimos más cositas. Unos huevos rotos de corral con gulas y setas (9,00 €), una cazuela con patatas, huevos rotos, gulas y cebolla, esta última le va estupendamente al plato aportando el punto justo de dulzor, me gusta particularmente este matiz.

Escogemos también una tortilla (6,60 €), sin cebolla. Pedimos que nos la pasen más, porque a E. no le agrada el huevo poco hecho en este plato. Resulta correcta, es decir, en su punto para el que le guste bien hecha, y de sabor delicado.

Claramente tenemos un problema con las patatas, porque nos decantamos también por patatas con 3 salsas (6,50 €). Las que llevan Cabrales tienen el aroma penetrante y el sabor picante propio de este queso. La salsa de alioli que acompaña otra porción de patatas está demasiado líquida y tiene poca enjundia. Por su parte las bravas no son excesivamente picantes pero sí tienen una salsa de tomate muy natural, suave, entre dulce y alegre.

Y allí están los Humberts puestos. Me dicen que han hecho un vídeo de sus amigos y me lo enseñan en su mini-Smartphone (Dios mío, hasta las ovejas tienen Smartphone, ¡¿dónde vamos a llegar?!). Os lo muestro a continuación. Les pregunto por qué el oso panda se quita el brazo y se lo da al ciervo, me dicen que eso es amor. Les pregunto también por qué el perro deja al gato llorando. Me dicen que eso es desamor. Veo que los amigos de los Humberts tienen un problema con el amor y el desamor o tal vez lo tenga yo que, como siempre, no me entero de nada. Bueno, a mí el vídeo de los amiguitos me gusta mucho, me parece muy optimista, te dejen o te quites un brazo por amorrrrr, siempre puedes bailar y disfrutar de la vida, ¡guanchis!

Sigamos disfrutando de la vida, ¡otra botella de Zelán, please!

https://vimeo.com/6896721

Finalmente elegimos un plato de dados de atún con salsa Teriyaki (9,10 €) que, evidentemente, sobraba, pues ya estábamos ahítos y, además, no era nada destacable. El atún no estaba ni en su punto cocción ni de lozanía y la salsa teriyaki estaba algo diluida.

Después de este plato aún nos queda la tarta de chocolate en dos pisos que dan a elegir, entre otros postres, en el menú. Esto es la muerte. E. me mira y me dice “se te están achinando más los ojos, ya estás en modo modorro”. Me gusta que E. me conozca tan bien. Respondo “psi, ya estoy modorris completis”.  Buff, ¡qué mal!, esta vida loca laboral me tiene hecha una zombi.

La tarta de chocolate es una especie de Sacher, de masa de bizcocho de chocolate densa con relleno de mermelada de melocotón y baño de chocolate fondant. Cumple su función de aportar un fin chocolatero, que disfruto especialmente con el Ribera del Duero, que ya se acaba. Siempre me ha encantado el chocolate con el vino tinto; creo que cuando esté ya totalmente alcoholizada será mi desayuno. Uhmmm, una selección de bombones de chocolate con leche Neuhaus de los que venden a granel, no los que vienen ya en caja, en el corner de Neuhaus del Club del Gourmet de El Corte Inglés y una botella de un vino potente, un Bierzo, La Clave, de acidez marcada, ¡creo que voy a llorar de emoción! Ah, sí, he dicho “bombones de chocolate con leche” y no me vengáis con el rollo ese de que el chocolate negro es mejor que el chocolate con leche. Me parece un topicazo y que no tiene ningún fundamento. Yo soy chocolateadicta desde mi más tierna infancia y siempre he considerado que el chocolate con leche es mucho más fino que el chocolate negro, tiene más matices, es más delicado y puedes encontrar, si el chocolate es bueno, todos los aromas del chocolate negro pero con un punto extra de elegancia. Y he catado muuuuuucho chocolate, de todo tipo, a lo largo de mi vida, que conste. Ah, eso sí, el chocolate con leche engorda más, si es por eso ya es otra historia.

Bueno, a lo que vamos, recomiendo este lugar para disfrutar con amigos, para ir a beber algo, en plan informal, y picotear. Tiene una oferta amplia y atractiva a precios correctos. El personal es amabilísimo y el ambiente es agradable y relajado.