TRIBUNA ABIERTA
¿Cómo ha cambiado Chamberí en 10 años? Corazón Verde vuelve a soñar con un barrio mejor
Un fin de semana de abril de 2013, el AMPA del Colegio Público San Cristóbal, en Chamberí, organizaba un encierro en protesta contra la reforma educativa y los recortes que por aquel entonces impulsaba el Gobierno nacional. Lejos de quedarse en una mera forma de visibilizar la protesta, aquellas jornadas fueron un momento fecundo de encuentro vecinal en el que, entre talleres y conversaciones, empezaron a cruzarse historias que hasta entonces caminaban en paralelo. Allí muchas familias conocieron la larga lucha que la asociación Parque Sí llevaba sosteniendo durante años para conseguir un parque para el barrio en el terreno (público) donde oscuros intereses habían preferido levantar un campo de golf.
Aquella confluencia de análisis y reivindicaciones compartidas, espacio público – escuela pública, fue el origen de una colaboración vecinal ampliada que ya no ha dejado de funcionar desde entonces en nuestro distrito, una forma de mirar el barrio en común y de trabajar colectivamente para mejorarlo. Así nació la asociación Corazón Verde en Chamberí.
La preocupación compartida por la mejora del entorno en el que vivimos, nuestra ciudad, nuestro barrio, nos llevó a profundizar en el estudio colectivo de lo que estaba ocurriendo a nivel urbano. Casi desde el primer momento, aquel proceso comenzó a tomar la forma de una herramienta de trabajo concreta: un plano. Entre 2015 y 2016 comenzamos a dibujar el barrio no solo como es, sino como podía ser, reuniendo en una misma mirada espacios que hasta entonces aparecían dispersos o permanecían ocultos, y que, entendidos en conjunto, abrían la posibilidad de pensar Chamberí de otra manera. Lo llamamos el Corazón Verde.
Para llegar hasta ahí hubo antes muchas horas de análisis y aprendizaje colectivo. Cuando, a finales de 2014, el Ayuntamiento se preparaba para aprobar un nuevo Plan General de Ordenación Urbana, el vecindario comenzó a estudiar qué estaba ocurriendo en Madrid y en Chamberí. Fue un proceso que nos permitió comprender a fondo cómo operaba un modelo de ciudad que, desde hacía décadas, entendía el territorio como negocio, y cómo ese modelo se traducía en la pérdida progresiva de espacio público. Aquel proceso coincidió con otros similares en la ciudad, impulsados por la energía del 15M, lo que nos llevó a participar en iniciativas como el Mapa de los Horrores Urbanos, desarrollado por la Plataforma No a Este Plan General (hoy Plataforma por el Derecho a la Ciudad) para aglutinar todas las amenazas urbanas e inmobiliarias que ponían en riesgo nuestros vecindarios, así como en la campaña de alegaciones contra aquel nuevo plan urbanístico para Madrid, preparando y difundiendo los textos entre el vecindario del distrito.
Un distrito que perdía espacio público
Mientras tanto, el diagnóstico sobre el barrio se hacía cada vez más claro. Aquel Chamberí, que llevaba años soñando mejoras, no dejaba de encadenar “peoras”: pérdida de espacios libres y zonas verdes, aumento del tráfico, proliferación de túneles y aparcamientos que hacían las calles más hostiles, deterioro o destrucción de equipamientos. A ello se sumaban amenazas de gran escala sobre espacios clave como los depósitos del Canal de Isabel II, las cocheras de Metro de Cuatro Caminos, el Parque Móvil del Estado o el Taller de Precisión de Artillería.
Conforme íbamos ampliando la perspectiva, íbamos encontrando relación entre todo aquello que nos estaban quitando, o amenazaban con hacerlo: Chamberí se estaba desangrando de espacio público, el espacio necesario para el encuentro, el espacio de todas las personas que conviven en una ciudad, el espacio político y social. Y se desangraba de una forma silenciosa, porque en nuestro distrito ese espacio público, el espacio libre urbano, era en buena medida un espacio o bien disperso, o bien intencionadamente ocultado.
Durante años, ese trabajo se tradujo también en acción. Junto a otras asociaciones, se impulsaron reivindicaciones concretas: la eliminación del campo de golf ilegal y la creación de un gran parque; la apertura y mejora de los espacios de los depósitos del Canal; la recuperación del Estadio Vallehermoso; la defensa de espacios patrimoniales como las cocheras de Metro o el Parque Móvil. Al mismo tiempo, se fue construyendo una visión más amplia: la de un barrio donde estos espacios pudieran conectarse y beneficiarse mutuamente, donde los centros educativos abrieran sus instalaciones al vecindario propiciando otros usos fuera del horario escolar, donde pequeñas intervenciones —más arbolado, menos tráfico, mejor movilidad— multiplicaran las posibilidades de uso y encuentro.
Diez años después, el balance es necesariamente complejo. Ha habido pérdidas irreversibles, como la desaparición de las cocheras históricas o del Taller de Precisión de Artillería. Y persisten dinámicas que siguen poniendo en riesgo el espacio público y favoreciendo su explotación privada.
Pero también ha habido avances importantes. En las zonas verdes, el cambio más visible ha sido el de los depósitos del Canal: el parque que por fin sustituyó al golf ilegal, los nuevos jardines del Depósito 2, y el anuncio de recuperación del Depósito 1 o la apertura del entorno de la Fuente del Lozoya. El barrio ha ganado también equipamientos deportivos —el nuevo Estadio Vallehermoso, la Sala de Esgrima, el polideportivo de Parque Móvil— y ha recuperado pequeñas pistas de uso libre en parques y jardines. El espacio peatonal ha mejorado con la consolidación de peatonalizaciones temporales como las de Fuencarral o Bravo Murillo y la transformación del entorno de Olavide, además de cesiones de suelo como la de Cea Bermúdez 2 y la anunciada (que no ejecutada) recuperación parcial de algunos elementos patrimoniales como el pequeño pabellón de viviendas para los trabajadores del Canal. Y hay avances más simbólicos, pero no menores: el callejero incorpora ya nombres de mujeres pioneras como las poetas Ángela Figuera y Concha Méndez o las arquitectas Juana Ontañón y Matilde Ucelay.
Por primera vez en décadas, Chamberí es hoy, en cuanto a su espacio urbano y equipamientos públicos, un lugar mejor que hace diez años.
Y sin embargo, las posibilidades siguen siendo aún mayores. Porque el Corazón Verde no es una promesa futura, es una realidad existente que, en gran medida, depende más de decisiones claras sobre su apertura, gestión e interconexión, que de soluciones complejas o costosas. Se trata de entender la ciudad no como un producto económico, sino como un espacio común que requiere implicación colectiva.
Ahora más que nunca, participación ciudadana y reclamaciones vecinales
Son muchos los retos, las amenazas, los problemas y las necesidades aún por resolver en Chamberí. Pero siguen siendo mayores las posibilidades ya existentes para lograrlo de manera rápida y fácil, si realmente existe la voluntad política para ello. Por eso desde la asociación Corazón Verde en Chamberí creemos que éste es un buen momento para retomar impulso y seguir luchando para que este proceso pueda seguir dando sus frutos. Esta determinación nos ha llevado a actualizar nuestro mapa del distrito y su Corazón Verde para reflejar los cambios y avances sucedidos desde entonces, así como aquellas mejoras reclamadas, imaginadas o soñadas, que podrían hacer de nuestro barrio un lugar mejor para todas las personas.
Pero no queremos solamente rehacer el plano dibujando las transformaciones detectadas, sino aprovechar este momento de reinicio para volver a poner en marcha el mismo proceso que desencadenó en su momento la actividad de la asociación. No se trata solo de dibujar sobre un papel, sino de reencontrarnos, juntarnos, hablar largo y tendido sobre la ciudad que queremos y, al hacerlo, descubrir nuevas alianzas y retos para lograr las mejoras que están por venir. Como todo proceso, requerirá de reflexión, debate y participación, por eso queremos seguir contando con la implicación de nuestro vecindario en esta labor: porque cualquier decisión sobre la ciudad será mejor si nace desde una participación informada y real. Porque, además, y como ocurrió en su momento, esperamos que el desarrollo de este plano como herramienta de análisis y deseos compartidos, marque igualmente un nuevo punto de partida para este proceso que lleva ya una década trabajando por mejorar Chamberí, y apuesta por seguir haciéndolo durante mucho tiempo más.
Puedes explorar el plano con calma en nuestra web y, si al verlo te vienen recuerdos, ideas o historias sobre el barrio que te gustaría compartir, nos encantaría escucharlas. Te esperamos en www.corazonverdechamberi.es.