Madrid dice adiós a Marta Plaza, la activista en salud mental y el feminismo loco
El pasado 29 de marzo murió Marta Plaza. Su nombre y apellidos no eran particularmente originales ni su figura se movía en los pasillos que hubieran hecho que los responsables de los medios de comunicación corrieran en busca de alguien para redactar su obituario.
Sin embargo, la noticia, de eco leve al principio –propagada a través de grupos de afinidad en WhatsApp o con mensajes faltos de contexto en redes sociales–no tardó en amplificarse en internet a lo largo de las siguientes horas. No había textos sobre ella en Google Noticias pero mucha gente, muy diversa, desde lugares muy distintos entre sí, atesoraban encuentros, experiencias, textos o aprendizajes prendidos a la figura de Marta Plaza. Especialmente en el campo (amplio) de los derechos de las personas psiquiatrizadas.
El próximo sábado 18 de abril, por la tarde, se celebra un homenaje a Marta Plaza en el Centro Social Autogestionado Tres Peces Tres, un proyecto en el que ella misma participó. Se llevará a cabo una lectura de textos suyos, mico abierto y exposición de obra de Marta (en los últimos años cultivó caligramas y juegos visuales). Además, se nombrará la biblioteca del centro con el nombre de la activista.
“Marta fue una compañera generosa, discreta y amorosa, que dedicó su lucha a la defensa de las redes de cuidados, el apoyo mutuo y contra las violencias psiquiátricas. Transfeminista y antirracista, siempre acompañando a la lucha de las de abajo”, han dicho de ella desde el centro social en su convocatoria.
El homenaje a Plaza en Lavapiés es una muestra más de la ola creciente de reivindicación de su figura que se ha producido en los últimos días. Que se ha manifestado en los innumerables mensajes que han aparecido en redes sociales, los recuerdos en los medios en los que colaboró, los dibujos sobre Marta o en quienes se han organizado para redactar su artículo en Wikipedia. Quien no la conociera, puede escuchar su voz en la película de María Ruido Estado de malestar, que durante unos días se puede ver en abierto.
Marta era una chica de Chamberí (y lo llevaba muy a gala). Para ella fueron muy importantes los ámbitos del 15M y post-15M en la asamblea del distrito. Se ha ido justo cuando van a hacer quince años de la experiencia.–¿nos hablan los tiempos?–. Pero su curiosidad y capacidad de escucha la llevaron a acercarse y, frecuentemente, involucrarse, con muchos otros ámbitos relacionados con los movimientos sociales y el apoyo mutuo.
Su campo de actuación primordial fue, sin embargo, el de la salud mental, que afrontó desde una perspectiva vivencial y las posturas innegociables del feminismo y la organización colectiva. Se convirtió en gran representante del feminismo loco, una corriente crítica y un movimiento de mujeres y disidencias supervivientes de la psiquiatría que cuestiona la patologización patriarcal.
Con Marta, se han ido la sonrisa franca del activismo loco y una de las siluetas más libres del Madrid rebelde. Muchos y muchas hablan estos días de ella (el esfuerzo por despedirla públicamente de Luis, su compañero, es un ejemplo de amor y compromiso). Las reacciones a su marcha subrayan su figura de la manera más coherente posible con su forma de vivir: sus amigas –todas, muchas, de tantos sitios…–están situando a Marta dentro de una genealogía alternativa, colectiva y hecha así misma. Falta nos hace.