La Fórmula 1, desde la casa de un vecino del circuito: “El ruido supera el límite legal en los entrenamientos, y en la carrera será peor”
En el portal del bloque de Pablo, ubicado en la calle Francisco Umbral de Valdebebas (Madrid), todo es anómalo durante la tarde del viernes 11 de septiembre. Sentado en una silla plegable, un señor rodeado de cables sujeta un medidor de decibelios en sus manos, resguardado por la sombra que da el propio edificio del abrasador sol de septiembre. Preguntado por unos voluntarios del Gran Premio de Fórmula 1 que se desarrolla en la capital, apenas a 50 metros (lo que ocupa una carretera cortada), el hombre indica que ha registrado “75 decibelios de máximo”. Luego, ante el interés de este periódico, indica que trabaja para “la organización” de Madring.
No es la única persona que se dedica a estas labores de medición mientras se desarrollan los segundos entrenamientos libres de Fórmula 1. Volvemos a Pablo, que desde su cuarto piso registra las emisiones de los monoplazas o los helicópteros de la televisión. “Es un zumbido que se te mete en la cabeza. Por eso molesta más que un concierto u otras cosas que han hecho aquí cerca. Y por eso es más llevadero oír la música o la megafonía, que también nos llega y te enteras de todo. Lo de los motores es insoportable”, expone en conversación con Somos Madrid.
Pese a ello, la jornada le ha deparado cierta tranquilidad: “Supera el límite legal, pero lo esperábamos peor. En las pruebas de la Fórmula 3 que hubo hace unas semanas el ruido fue mucho más grande”, comenta. En aquella ocasión, vecinos de la zona llegaron a notificar 107 decibelios, cuando el límite en áreas residenciales es de 58 como media diaria y 60 durante la duración de un evento específico. Un aumento que duplica el tope legal, pero que al trasladarse a la sensibilidad del oído implica un crecimiento exponencial y mucho mayor.
Esta vez, la media (y no el pico, como decía el empleado de la organización) se sitúa en torno a los 75db y el máximo es de 94. Ello en una casa situada en lo que la Plataforma Stop F1 Madrid ha denominado la “primera línea de playa” por su cercanía al ruido.
Así, según estas mediciones elaboradas con una aplicación móvil desde la terraza de Pablo, los niveles sonoros superan el límite normativo. Unos umbrales que los promotores del evento, con Ifema a la cabeza, trataron de flexibilizar a través de una solicitud de suspensión al Gobierno de José Luis Martínez-Almeida. Según denuncia en un reciente comunicado la Plataforma Ecologista Madrileña, se desconoce el sentido y los pormenores de esa resolución mientras la competición ya se está desarrollando. “El Ayuntamiento de Madrid mantiene oculta la resolución que debe fijar fechas, horarios, fuentes de ruido, lugares y volúmenes máximos de emisión, dejando en indefensión al vecindario del entorno del circuito”, alertan. También advierten de “la desaparición de las licencias de obra del CONEX, el portal municipal de consulta de expedientes urbanísticos”.
La contaminación acústica sí queda por debajo, salvo en pequeños instantes puntuales, del umbral que marca el riesgo para la salud auditiva. En este caso se trata de una exposición sostenida por encima de los 85 db. “Sigue siendo ilegal, pero claro como no está siendo tan insoportable como esperábamos no sabemos si quizá menos gente se atreverá a denunciar”, dice Pablo.
Los tests de finales de agosto derivaron en que este y otros residentes presentaran denuncias ante la Policía, temiendo un ruido insoportable que además parecía extenderse más allá de tres días puntuales. Ahora, Pablo cree que algunos cambios de última hora mitigan el impacto: “Han puesto alguna pantalla protectora y luego parece que las propias gradas de esta zona de Valdebebas frenan un poco el sonido”, elucubra sobre los motivos tras la disminución de las molestias.
Aun con todo, el zumbido es permanente durante toda la tarde y se cuela incluso con las ventanas cerradas, aunque en mucha menor medida. Pablo apunta además que les ha afectado en su jornada: “Muchas veces teletrabajamos, así que este es un entorno laboral en el que están interfiriendo”.
No en vano, a más de 2 kilómetros del recinto donde se disputan las carreras, el ruido de los motores se cuela en los entornos laborales. Carlos, que trabaja junto al Liceo francés de Madrid, comenta a este medio su asombro por esta circunstancia: “Estoy escuchando el Aston Martin de Alonso desde la oficina. Qué locura”.
Casi 14.000 afectados durante la carrera y más de 8.000 todo el domingo
El Trabajo de Fin de Máster del ingeniero ambiental Iván Ruiz Coello ha empleado diferentes técnicas y análisis de datos para prever que 13.936 personas soportarán más de 60 decibelios y 79 se enfrentan a riesgos de salud auditiva durante el principal acontecimiento del fin de semana, la carrera del domingo. De hecho, es el principal miedo de Pablo: “Nos tememos lo peor. Creo que ahí es cuando verdaderamente puede volver a ser insoportable. No nos fiamos”.
La superficie expuesta a emisiones diarias por encima del umbral permitido se ha duplicado durante el Gran Premio, según el estudio de Ruiz Coello. Más allá de la carrera, estima que durante todo el día 8.613 habitantes del entorno estarán expuestos a decibelios por encima de lo que marca la legislación. Esto es, un 17% de la población analizada.
Este análisis ya adelantaba que medidas protectoras de última hora disminuirían la afectación. En esa línea, Almeida avanzó a principios de mes que Ifema y el Consistorio trabajaban en medidas para reducir los efectos, aunque el alcalde admitió que “la molestia cero no existe”. Este sábado, el regidor ha visitado un trazado que ha definido como “espectacular” y ha agradecido la “oportunidad para disfrutarlo” a bordo de un safety car. En agosto, el consejero de Vivienda y Transportes del Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso, Jorge Rodrigo, pidió a los vecinos aguantar el impacto en pos de la “rentabilidad” del evento y animó a “sacrificarnos todos un poquito”. La presidenta autonómica también ha acudido este sábado a las instalaciones de Madring.
Las quejas más allá del ruido: cortes y falta de dotaciones del barrio
Pero las protestas vecinales van más allá del ruido. Pablo recuerda que “hay más trastornos e incordios, sin que deje ninguna ventaja”. Por ejemplo, debe dar un gran rodeo para desplazarse en coche, ya que la calle que suele tomar para salir del barrio y tomar la M-11 está totalmente cortada. Los vecinos han tenido que recoger pegatinas que sirven de acreditación para acceder a sus propias calles ante los controles y restricciones. También cita el impacto de las obras, que llegaron a “hacerse de noche porque iban muy apurados, hasta que denunciamos los vecinos”.
Todo ello, recuerda Pablo, tras un importante coste público y en un barrio erigido en las últimas dos décadas con importantes necesidades en materia de servicios públicos: “Llevamos 12 años en el barrio y empezaron a construir los colegios tres o cuatro años después. El primer instituto y el centro de salud llegan ahora, cuando ya somos más de 30.000 personas. El Metro llegará en unos años, a ver cuántos. Y mientras lo que tenemos ya en el Zendal, un hospital sin ningún uso, y la Fórmula 1 en la puerta”, lamenta este vecino mientras mira desde su terraza un ruidoso espectáculo que le es totalmente ajeno.