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Un estudio cifra en 14.000 los vecinos afectados por ruidos superiores al límite legal junto a la Fórmula 1

El piloto francés de Fórmula 3 Enzo Deligny en el circuito Madring, el 24 de agosto en la capital.

Guillermo Hormigo

Madrid —
8 de septiembre de 2026 21:59 h

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“Los resultados obtenidos revelan un impacto sonoro que, sin medidas de intervención, resulta legalmente difícil de asumir para el entorno urbano de Madrid”. Es una de las conclusiones de un detallado análisis que Iván Ruiz Coello, estudiante de Ingeniería Ambiental en la Universidad Politécnica de la capital, ha convertido en su Trabajo de Fin de Máster. Hacen referencia a las estimaciones de contaminación acústica de cara al Gran Premio de Fórmula 1 que se celebrará en el entorno de Ifema del 11 al 13 de septiembre.

A través de un Modelo Digital del Terreno y de un pormenorizado estudio de datos históricos o previsiones, Ruiz Coello concluye que el número de personas sometidas a niveles superiores a los umbrales sonoros permitidos durante el evento alcanza las 13.936 personas, dentro de un área con 50.646 habitantes. Así, durante la carrera que tendrá lugar el domingo 13 de 15:00 a 17:00, casi 14.000 residentes soportarán más de 60 decibelios (dB). El límite base que marca el Real Decreto 1367/2007, que desarrolla la Ley del Ruido, está fijado en 55 para áreas residenciales. Ese es el número que determina “impacto significativo”, aunque se amplía a 58 para aplicar sanciones por emisiones medias diarias y a 60 durante la duración de un evento.

Ruiz Coello compara la afectación diaria habitual de la contaminación acústica con la que ahora deberán soportar los habitantes de diferentes zonas de los distritos de Hortaleza y Barajas: “Los datos muestran que 3.435 residentes (6,8% del total de población analizada) se verían expuestos a más de 58 dB según el escenario base en el que el circuito no está operativo [principalmente debido al tráfico habitual en el entorno]. En cambio, con el circuito en funcionamiento, esta cifra ascendería a 8.613 habitantes (17% del total de población analizada)”.

Y añade: “En términos cuantitativos, la actividad del circuito provoca que la superficie expuesta a niveles superiores a 58 dB se duplique, registrando un incremento del 114% respecto al escenario base”. Esto causará que el ruido deje de ser “un fenómeno localizado y asociado a la infraestructura de transporte para convertirse en una afección ambiental generalizada, comprometiendo el cumplimiento normativo en la mayor parte del tejido residencial”.

Decenas de personas ante un riesgo para la salud auditiva

Retomando sus estimaciones para el período de carrera, los resultados son todavía más estremecedores: “El 54,2% del suelo destinado a uso vivienda dentro del área de estudio sufriría niveles de ruido superiores a 60 dB durante las dos horas de competición”. Ruiz Coello desgrana por qué se produce este impacto: “Si bien la morfología urbana genera un efecto de apantallamiento visible en los patios interiores, como se evidencia en los bloques residenciales de la calle Silvano, esta resulta insuficiente dada la magnitud de la emisión acústica del circuito. Los edificios de primera línea soportan niveles de inmisión tan elevados que no logran disipar la totalidad de la energía acústica incidente, permitiendo que niveles elevados de ruido penetren en las zonas teóricamente protegidas tras la fachada”.

Representación 3D de la exposición acústica en fachadas de la calle Silvano durante el período diario con el circuito operativo.

El trabajo del ingeniero permite acotar geográficamente las zonas más golpeadas por el ruido, ya que la afectación es generalizada, pero no homogénea: “En términos generales, todos los barrios ven incrementados sus niveles de inmisión. Un total de 6.243 personas (12,3% de la población) soportarían niveles superiores a los 65 dB. Sin embargo, lo más alarmante es la presencia de 279 personas expuestas a más de 80 dB, de las cuales 79 están por encima de los 85 dB. Son sin duda los barrios de Valdefuentes, Canillas, y parte de Piovera los más acusados por el evento. En el caso de Valdefuentes, donde el circuito pasa a escasos 40 metros de las viviendas, se llegarían a registrar valores de 89,7 dB, un valor que excede significativamente los umbrales de confort acústico recomendados para zonas residenciales”.

Valdefuentes es el barrio administrativo de Hortaleza que incluye las áreas residenciales de Las Cárcavas y Valdebebas, las más afectadas por el ruido de los motores y otras fuentes sonoras (roce de los neumáticos con el asfalto, helicópteros de seguridad y medios de comunicación, operativo logístico o griterío desde las gradas). Concentra la inmensa mayoría de esas 79 personas que soportarán más de 85 dB, una cantidad que entra en el terreno del riesgo para la salud auditiva ante una exposición continuada.

Comparación de población expuesta del período de carrera (15.00 a 17.00), con y sin Fórmula 1.

Esos puntos de Valdefuentes suponen los casos más extremos, pero otro dato extraído por Ruiz Coello expone cómo los efectos negativos se extenderán por barrios colindantes: “En el cómputo diario, el evento provoca que aproximadamente 7.000 vecinos pierdan su condición de zona tranquila (niveles inferiores a 55 dB)”.

Es solo un resumen del contenido, la metodología y las conclusiones del trabajo de Ruiz Coello, que a lo largo de 85 páginas analiza pormenorizadamente aspectos diversos: normativa en materia de ruido, historial de emisiones en otros grandes premios del calendario o en El Jarama (cuya licencia acabó tumbando la Justicia), avances tecnológicos de la Federación Internacional de Automovilismo (el paso de los motores V8 a V6 permitió reducir emisiones), descripciones físicas sobre la propagación del ruido o hasta fórmulas matemáticas empleadas en su modelaje.

La Confederación Española de Familias de Personas Sordas (Fiapas) ha aconsejado utilizar medidas de protección auditiva ante los riesgos asociados a los “elevados” niveles de ruido que pueden alcanzarse durante el Gran Premio. La entidad hace un llamamiento a proteger la audición, tanto entre quienes asistan al espectáculo como entre las personas que se encuentren en las inmediaciones del circuito. Así, aconseja utilizar tapones, especialmente en las zonas más próximas a la pista; descansos periódicos en zonas alejadas del ruido y evitar permanecer durante horas de forma continuada en los lugares de mayor exposición. Según avisa la confederación, estudios efectuados durante carreras previas han registrado niveles sonoros superiores a 95 dB y picos por encima de los 120.

Mención a la falta de evaluación ambiental

El ingeniero ambiental recuerda, además, que el proyecto se ha visto exento de una evaluación de impacto ambiental y la correspondiente declaración de impacto ambiental: “A pesar de la magnitud del evento, la resolución del Informe de Impacto Ambiental relativa al circuito de carreras de Fórmula 1 en Madrid ha determinado que el proyecto se someta únicamente a un procedimiento simplificado”. Esto es, a un estudio elaborado por los promotores cuyo contenido no tiene que publicar íntegramente la Comunidad de Madrid.

Ruiz Coello cita el carácter “condicionado” de esa decisión, que centra parte de las alegaciones y recursos de Más Madrid o entidades ecologistas: “La viabilidad del trámite simplificado depende exclusivamente de que el Ayuntamiento de Madrid autorice la suspensión de los índices de calidad acústica, amparándose en el artículo 9 de la Ley del Ruido. Una resolución admite de forma explícita que, sin dicha exención legal, los niveles de ruido previstos (que el propio informe oficial sitúa por encima de los 80 dB) en áreas residenciales críticas como Valdefuentes, Canillas o La Piovera obligarían a un proceso de evaluación mucho más riguroso y participativo”.

Un rigor como el de este trabajo académico que, para muchos vecinos y ecologistas, no ha estado presente en la actuación de las administraciones madrileñas. El consejero de Transportes, Jorge Rodrigo, aludió la semana pasada a estos posibles efectos en la población quitándoles gravedad en pos de la “rentabilidad”: “Merece la pena que todos nos sacrifiquemos un poquito”, declaró ante los medios de comunicación, después de que vecinos registrasen más de 100 dB en unas pruebas de Fórmula 3. Una cifra que duplica numéricamente el umbral legal, aunque a tenor de la sensibilidad del oído el impacto se multiplica hasta por 27 veces.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, también se refirió el pasado 1 de septiembre a las quejas vecinales por el ruido en el acto de arranque del curso político. De nuevo, hizo prevalecer el hipotético beneficio económico para justificar esos menoscabos al bienestar vecinal: “Es uno de los grandes eventos y oportunidades de los próximos meses en Madrid, 40 años después la Fórmula 1 nos elige. Entendemos las quejas, estamos adoptando junto con Ifema las medidas oportunas. La molestia cero no existe, no negamos que se van a producir, pero nuestra obligación es reducirlas”. El regidor aludió a la instalación de pantallas protectoras para mitigar el ruido, una de las acciones que Ruiz Coello sugiere en su análisis para reducir las consecuencias sonoras. Pero la inquietud crece entre los vecinos, que ya tienen datos empíricos en los que sustentar sus temores mientras los motores se preparan para rugir.

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