El polémico centro de acogida se le atasca a El Cañaveral y la demora de la obra echa leña al fuego: “Pudo haber trato de favor”

Lourdes Barragán

Madrid —
18 de marzo de 2026 22:00 h

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“Lo que se tramitó como una emergencia social urgente ha acabado siendo un ejemplo de mala gestión, falta de control y posible trato de favor en la contratación pública”. Esta frase, pronunciada en una comisión presidida por la responsable de Obras del Ayuntamiento de Madrid, ha reavivado las críticas respecto al futuro centro de acogida en El Cañaveral. Ahora, las razones son otras: el PSOE arremente contra el retraso en su apertura, prevista para este mes, por problemas en con el contratista de la obra. Pero a la vuelta del verano, en septiembre, los vecinos de este barrio de Vicálvaro salieron a la calle exigiendo paralizar el proyecto, destinado a personas sin hogar, hasta que se resuelvan las cuentas pendientes en infraestructuras públicas.

Recientemente, la Administración municipal cesó el contrato con la constructora adjudicataria de la obra para el centro de acogida, FTC Obras y Energía, por diversos incumplimientos y eso ha ralentizado todo el proceso, posponiendo la apertura de unas 150 plazas destinadas a personas vulnerables y otro encargo en una promoción de pisos protegidos para Villaverde. Así que este miércoles, en una de las sesiones plenarias con concejales de la oposición y responsables de cada área, el portavoz del PSOE Pedro Barrero espetó a la delegada de Obras y Equipamientos, Paloma García Rodero, lo que considera un “fracaso absoluto” en la gestión del centro de acogida.

Desde el PSOE consideran que el proyecto, anunciado a justo antes de otoño, arrastra “meses de incertidumbre” por la entrada de su adjudicataria en concurso de acreedores. De hecho, Barrero desliza un posible conflicto de intereses por la elección de FTC Obras y Energía (empresa española especializada en construcción y renovables), con la que consideran que deberían haber tenido más ojo por los “riesgos” que presentaba la situación de la compañía. Recuerda además que esta misma constructora obtuvo otros contratos municipales en los últimos años y lanza un dardo al Área de Obras: “Esto obliga a preguntarse si estamos ante un contratista habitual o un caso de favoritismo”.

Desde el área de Obras, la concejala Paloma García Romero defendió la actuación del Ayuntamiento y rechazó cualquier irregularidad en el proceso de contratación. “Nadie se ha saltado el procedimiento y se ha cumplido toda la ley”, aseguró, subrayando que la empresa adjudicataria “había funcionado muy bien” en otros proyectos municipales, entre los que menciona el centro cultural de Valdebebas. La edil atribuyó la paralización a circunstancias sobrevenidas —la entrada en concurso de la constructora— y enmarcó el caso dentro como una gota en el mar: “Para la barbaridad de obras que hacemos, me parece poco que solo una haya tenido este problema”.

Para la barbaridad de obras que hacemos, me parece poco que solo una haya tenido este problema

En su intervención, también criticó lo que calificó como “demonización” de las empresas por parte del Gobierno central, vinculándolo a su política fiscal y laboral. Pese a todo, el Gobierno de José Luis Martínez-Almeida insiste en quitar hierro al asunto: “Lo importante es que la obra ha vuelto a empezar”, zanjó su responsable de Obras. Pero los socialistas cuestionan que el consistorio optara, primero, por la vía de emergencia sin garantizar a su juicio que hubiera “mecanismos suficientes” para evitar bloqueos de este tiempo en una infraestructura considerada como prioritaria.

“No se puede hablar de urgencia cuando el resultado es una obra parada durante meses”, vino a reprochar Barrero durante su intervención. El retraso en las obras acentúa el hartazgo que ya han manifestado anteriormente vecinos El Cañaveral. La construcción de un centro de acogida generó malestar desde el inicio. No fue tanto por el recurso en sí, como por la percepción de desequilibrio en las prioridades del Ayuntamiento, al que anteriormente se han reclamado otros recursos como un centro de salud —el barrio nació oficialmente en 2017 y no dispone de ambulatorio— o más plazas públicas en escuelas.

Las asociaciones vecinales organizadas en la zona han expresado en reiteradas ocasiones su frustración respecto a este tema y la “doble vara de medir” que afecta a algunos de los nuevos desarrollos del sureste de Madrid, donde la llegada de equipamientos públicos ha sido más lenta de lo esperado. Mientras tanto, el centro de acogida sigue avanzando —ahora de nuevo en marcha— en medio de críticas políticas y recelos vecinales, convertido en símbolo de las tensiones entre gestión municipal, planificación urbana y expectativas ciudadanas.