Podcast: Antonelli conquista Monza y la Fórmula 1 en su casa

El piloto italiano de Mercedes, Andrea Kimi Antonelli, celebra su victoria en el Gran Premio de Italia de Fórmula 1 en Monza, Italia.

Raúl Molina

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El GP disputado en el circuito de Monza amenazaba con ser el gran escaparate de todo lo que no funciona en la Fórmula 1 de 2026. Pero hubo mucho más, tanto, que dejó oculto lo peor de esta temporada para mostrarnos lo mejor. Y de eso queremos hablar esta semana en el primer episodio del Podcast Técnica Fórmula 1.

Claro que hubo cosas feas

Rectas larguísimas, poca curva, mucha velocidad punta y el miedo evidente a que el famoso clipping terminara convirtiendo el Gran Premio de Italia en una sucesión de coches quedándose sin energía antes de final de recta.

Y algo de eso hubo. Claro que lo hubo. Los coches alcanzaban su velocidad máxima demasiado pronto. La aceleración, en algunos momentos, fue bastante pobre para un circuito como Monza. El Templo de la Velocidad no parecía siempre el templo de la velocidad. Pero, contra lo que se podía temer, el clipping no terminó de arruinar la carrera.

La carrera tuvo vida

Y la tuvo, sobre todo, porque Andrea Kimi Antonelli hizo una de esas actuaciones que obligan a mirar dos veces. El italiano ganó en casa saliendo decimonoveno. De 19º a 1º en Monza. La mayor remontada de la historia en este circuito. En su segundo año en Fórmula 1, ante su gente, con la presión de correr en Italia y con el Mundial en juego, Antonelli hizo algo bastante serio.

No fue sólo ganar. Fue cómo ganó. Hubo gestión, adelantamientos, lectura de carrera, paciencia y agresividad en el momento justo. Monza no perdona demasiado. Si atacas cuando no toca, te vas largo. Si gastas energía antes de tiempo, te quedas vendido. Si dudas en la frenada, pierdes la oportunidad. Antonelli fue encontrando el equilibrio entre todo eso hasta convertir una carrera que parecía cuesta arriba en una exhibición.

Una carrera que “nació rara”

El Gran Premio empezó ya torcido para cualquier guion previsible. Pierre Gasly salía desde la pole, una imagen que nadie esperaba y que dio a la carrera un punto de rareza muy atractivo. Russell se colocó arriba, Leclerc y Hamilton se tocaron en la pelea inicial y el británico cayó hacia atrás. Colapinto llegó a situarse sexto. Verstappen se metió pronto en las luchas. Piastri también apareció. Había carrera.

Y luego llegó el golpe de Leclerc

El accidente del Ferrari en la Parabólica, intentando defenderse de Piastri, provocó una bandera roja que cambió el tono del domingo. A partir de ahí, Monza dejó de ser sólo una cuestión de velocidad punta y empezó a ser una carrera de lectura. De entender cuándo atacar, cuándo guardar, cuándo dejar que otro se desgaste y cuándo aprovechar el momento.

Antonelli ya era duodécimo en la vuelta 4. Poco después estaba octavo. En la vuelta 7 ya había pasado a Norris. Luego llegaron más adelantamientos, más pelea y esa sensación, cada vez más clara, de que el italiano no estaba simplemente remontando: iba buscando una victoria.

No, no es un nuevo Verstappen

La comparación con Verstappen empieza a aparecer demasiado pronto y conviene manejarla con cuidado. No todos los talentos enormes acaban siendo Verstappen. No todos los domingos brillantes anuncian una era. Pero carreras como esta explican por qué Toto Wolff se atreve a pensar en ese tipo de piloto. Antonelli tiene velocidad, sí. Pero empieza a enseñar también algo más difícil: autoridad.

El fin de semana dejó otras historias. Gasly perdió el podio de Mónaco por una decisión de la FIA que encendió a Flavio Briatore, siempre dispuesto a convertir una polémica en una escena de ópera.

Ferrari tuvo ritmo, pero volvió a quedarse con una sensación de oportunidad perdida. Mercedes salió reforzada, no sólo por el resultado, sino por el golpe emocional de ganar en Italia con un piloto italiano.

McLaren estuvo en la pelea, aunque Monza no parecía el lugar más cómodo para medir su mejor versión. Red Bull volvió a vivir de momentos. Aston Martin, por su parte, dejó una imagen mucho peor que en Zandvoort. Fernando Alonso pasó por boxes y abandonó. Después de las señales positivas de las últimas carreras, Monza fue un recordatorio de que el equipo todavía está lejos de tener una base sólida en todos los circuitos.

Pero todo eso quedó en segundo plano. La imagen del Gran Premio fue Antonelli subido a lo más alto del podio en Monza. La Fórmula 1 respiró porque la carrera no se rompió por culpa del clipping. No fue una carrera limpia en el sentido purista de la palabra. Hubo gestión artificial, hubo zonas raras y hubo momentos en los que los coches no parecían coches de Fórmula 1 atacando Monza como deberían atacarlo. Pero hubo espectáculo, pelea y emoción.

Y, aunque no nos guste mucho esta Fórmula 1 tan artificial, la temporada nos está gustado, y mucho. Antonelli no ganó una carrera cualquiera. Ganó en casa, remontando desde el fondo, en un circuito histórico y en un Mundial que empieza a tener su nombre escrito en letras cada vez más grandes.

Es cierto que Monza exagera todo. Esta vez, también exageró la dimensión de Antonelli. O quizá no hizo falta exagerarla demasiado.

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