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Por qué los municipios de Navarra necesitan un pacto por el clima

Javier Armentia, Mikel Baztan, Iñaki Ordoñez, Peio Oria y Julen Rekondo

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La resiliencia climática es la capacidad de un territorio para anticiparse y reducir los impactos de unos fenómenos meteorológicos extremos que seguirán produciéndose. Lo vivimos con la devastadora DANA del 29 de octubre de 2024 en Valencia y con los episodios recientes en el Mediterráneo. Que estas tormentas descarguen en el mar o sobre una cuenca habitada separa un episodio meteorológico extraordinario de una catástrofe de una catástrofe. Navarra no es ajena a esta realidad y debe estar preparada.

Por eso la resiliencia no debe comenzar cuando se emite una alerta, sino mucho antes. Empieza cuando un municipio conoce bien sus zonas inundables, tanto fluviales como (ahora cada vez más) pluviales, y sus puntos más vulnerables; cuando adapta calles y espacios públicos a temperaturas cada vez más elevadas; cuando mejora el drenaje y favorece la infiltración del agua; cuando gestiona su territorio para reducir el riesgo de incendios; cuando identifica y protege a las personas especialmente vulnerables; y cuando ciudadanía, servicios públicos, empresas y centros educativos van adquiriendo una cultura del riesgo, sabiendo cómo actuar ante una emergencia, es decir, preparándose.

En Navarra tenemos una escala territorial especialmente adecuada para avanzar en esta dirección. Nuestra diversidad geográfica hace que convivamos con riesgos climáticos muy diferentes: inundaciones, sequías, incendios forestales o episodios de calor extremo, entre otros. Al mismo tiempo, contamos con experiencia acumulada en planificación climática y adaptación que permite plantear el siguiente paso: impulsar un Pacto de Municipios por el Clima.

Iniciativas como este Pacto Municipal son fundamentales porque la resiliencia climática y la gestión del territorio empiezan a nivel local y desde el propio suelo de nuestros municipios. Muchas de las actuaciones que determinan nuestra vulnerabilidad se materializan precisamente sobre ese territorio: el urbanismo, los espacios verdes, la movilidad, la gestión del agua, la protección de los colectivos vulnerables o la preparación y formación de la población. 

La otra tarea imprescindible para evitar los peores escenarios, es la reducción urgente de las emisiones de gases de efecto invernadero, cuyas medidas están alineadas con la evidencia científica. Aparte de ser rigurosos con una reducción del consumo a todos los niveles, consideramos los siguientes criterios sostenibles como prioritarios: la reducción de los viajes y la compra compulsiva, el empleo de materiales reciclados, promover el consumo de alimentos de proximidad, apostar la movilidad eléctrica y la eficiencia en edificios públicos y el uso prioritario de cubiertas in situ para la generación de energía fotovoltaica y la instalación de elementos de enfriamiento pasivo. Más valiente: penalizar o gravar el uso del vehículo privado para dar verdaderamente el peso a la movilidad activa, peatones y arbolado. Y así de paso potenciar el efecto de sumidero local de carbono. Y siendo mucha la tarea pendiente por parte de las entidades locales, pese a las múltiples acciones que se han llevado a cabo, únicamente el 10% de las emisiones de cada municipio tienen origen en los ayuntamientos. Son el resto de los agentes que forman parte de cada municipio (empresas, entidades, comunidad educativa y población en general) responsables del 90% restante.

Entendemos que un pacto de estas características debería además ir más allá de una declaración de intenciones. La propuesta recogida que lanzamos a los municipios en esta II Semana del Clima de Navarra 2026 que se celebra estos días, plantea que los compromisos se traduzcan en actuaciones concretas y verificables, con plazos, indicadores y una evaluación periódica de sus resultados. Existe otra cuestión esencial porque un municipio resiliente no puede construirlo únicamente su ayuntamiento. Empresas, asociaciones, centros educativos y ciudadanía comparten un mismo territorio y, por tanto, también sus riesgos. El Pacto propone precisamente involucrar a estos actores y establecer compromisos diferenciados para ayuntamientos, empresas y asociaciones y para el entorno educativo. 

Esta participación resulta particularmente importante porque la adaptación climática tiene también una dimensión cultural. Necesitamos una ciudadanía que comprenda mejor los riesgos de su territorio, que conozca las medidas de autoprotección y que participe en la transformación de nuestros pueblos y ciudades. Prepararnos frente a una inundación, una ola de calor o un incendio forestal no es sólo disponer y reforzarse con mejores medios de emergencia. Más importante aún es construir comunidades mejor informadas, organizadas y preparadas. Y es aquí donde la administración ha de ser más ejemplarizante que nunca. En resumen, debemos empezar a entender la acción climática municipal como una verdadera política de prevención y protección del territorio y de las personas.

Navarra tiene conocimiento, experiencia y una dimensión territorial privilegiada para dar ese paso. Un Pacto de Municipios por el Clima podría ayudarnos a convertir todo ese potencial en una estrategia compartida de prevención, adaptación y compromiso ciudadano. Porque frente al cambio climático, la primera línea de la resiliencia está donde siempre ha estado: en nuestros pueblos, en nuestros barrios y en el propio territorio que habitamos.

Por todo lo anterior, la Fundación Clima Fundazioa tiene el agrado de invitar a alcaldes, concejales y técnicos municipales a la presentación de esta propuesta. El evento tendrá lugar el próximo 22 de octubre a las 19:00 h en la Sala de Conferencias (calle Calderería, nº 11), de Pamplona

Javier Armentia, Mikel Baztan, Iñaki Ordoñez, Peio Oria y Julen Rekondo son miembros de Fundación Clima Fundazioa.