Las dificultades para plantearte ser padre si eres gay: “Lo tengo aparcado porque siento una imposibilidad muy grande”
Hernán, Víctor, Mikel y Albert tienen entre 28 y 39 años. Esa franja de edad en la que en tu entorno van naciendo cada vez más bebés y suele surgir la pregunta: y tú, ¿quieres tener hijos? A las mujeres, las expectativas de una sociedad patriarcal les generan presión por decidir ser madres cuanto antes. Para los hombres gays, como estos cuatro, plantearse ser padres implica otros muchos obstáculos.
“Es un tema que tengo aparcado porque siento una imposibilidad muy grande”, expresa Hernán. Desde que era pequeño, veía la paternidad como algo posible y que le gustaría experimentar, pero a medida que se ha acercado a la edad para hacerla real, ha ido siendo más consciente de su dificultad: “No tenemos un útero en el brazo donde podamos gestar. Tenemos una limitación biológica y necesitamos acudir a otros procedimientos”.
Los cuatro hombres gays que participan en este reportaje descartan la gestación subrogada por motivos éticos. Para Hernán, la alternativa que queda es la adopción, pero también la ve difícil: “Es un proceso en el que te fiscalizan, pasa mucho tiempo y necesitas una serie de requisitos que actualmente yo no tengo. Así que me encuentro con que voy a cumplir ya 34 años y ni siquiera lo he iniciado”. La precariedad económica, tan habitual en su generación, le impide ver un horizonte en el que sí pueda cumplir las condiciones que se exigen en una adopción: “¿Con qué edad voy a poder iniciar este proceso de una forma que sea real y pueda valorarse y llegar a buen puerto? No lo sé. Entonces mis expectativas van bajando”. “Con un poco de amargura, lo vas aceptando. O no lo aceptas y lo aparcas”, se resigna.
La precariedad en la treintena no es exclusiva de los hombres gays. La diferencia está en que las personas heteros pueden tener bebés de una manera más improvisada y la administración no examina su capacidad económica. El psicólogo Pablo Mola, investigador en la Universidad Rey Juan Carlos que estudia las familias LGTBIQ+, explica que, a menudo, en la población homosexual masculina “el deseo de ser padre está, pero tiene mucha reflexión”. “Lo que dicen muchos de los que entrevisto es que ellos no tienen una relación sexual y se quedan embarazados, sino que a la hora de acceder a la paternidad se plantean muchas cosas: yo quiero ser padre, pero ¿cómo puedo ser padre?”, apunta. Precisa que en eso también se diferencian de las mujeres lesbianas: “Ellas pueden gestar, así que pueden ir a clínicas reproductivas y el proceso no es tan largo”, frente a la limitación a unos procedimientos de adopción que pueden durar muchos años y son arduos.
La adopción es un proceso en el que te fiscalizan, pasa mucho tiempo y necesitas una serie de requisitos que actualmente yo no tengo. Así que me encuentro con que voy a cumplir ya 34 años y ni siquiera lo he iniciado
“Cuando te quedas embarazada, nadie te pide requisitos, ni que tengas un dinero ni un trabajo. Nadie va a tu casa a ver cómo es”, reflexiona este investigador, que también aclara el sentido de esas comprobaciones que sí se hacen en un proceso adoptivo: “La adopción es una forma de proteger a una infancia que ha sido abandonada, entonces el Estado tiene que garantizar que esa infancia va a estar segura”. Esto dificulta la paternidad para muchos hombres gays.
En el caso de Víctor, ve tan complicado el acceso a una adopción que directamente no se plantea la paternidad como un escenario realista. Esa perspectiva cambió precisamente al tomar conciencia de su orientación sexual: “Antes de reconocerme como hombre homosexual, sí tenía la idea de tener hijos, por lo que se espera de ti en la sociedad y lo que esperan tus padres. Es algo que crees que va a llegar con el tiempo y ya está. Luego esa visión cambió porque al ser gay es mucho más difícil”. Sostiene que esa renuncia también implica una gestión emocional: “Hay que hacer una especie de duelo, porque hay que romper las expectativas que tienen tus padres sobre ti, que a veces no las comunican pero están ahí”. Pero defiende la importancia de asumir esa ruptura y decir: “Esto no es lo que quiero, o si no lo tengo no pasa nada, y mi vida está genial también, aunque no sea padre y no cumpla con los cánones de la heteronormatividad”.
Mola explica que, tradicionalmente, “las etiquetas ‘gay’ y ‘padre’ se entendían como algo excluyente”. “Tenías que elegir si preferías ser padre o ser gay. Muchos prefirieron tener un matrimonio y ser padres a salir del armario”, señala este investigador. Añade que “esto en los últimos años ha cambiado y la paternidad gay está empezando a ser pensable”.
Las etiquetas ‘gay’ y ‘padre’ se entendían como algo excluyente. Tenías que elegir si preferías ser padre o ser gay. Muchos prefirieron tener un matrimonio y ser padres a salir del armario
El cuestionamiento de la capacidad de los hombres para criar
Aunque sea posible, esa paternidad se enfrenta a obstáculos como los roles de género, lo que la sociedad atribuye a los hombres y a las mujeres. Mola expone que “no se espera que un hombre sea capaz de la crianza” sin una mujer y que los padres gays a menudo “se enfrentan a preguntas por la calle como: ¿y quién le va a criar?, ¿y quién le peina?, ¿y quién le elige la ropa?”. “Se da por hecho que una mujer tiene la capacidad de ejercer la crianza, pero con los hombres se duda”, apunta. Por dificultades como estas, el deseo de ser padres “suele ser mucho menos realista que en mujeres lesbianas o en parejas heterosexuales”, compara el investigador, que agrega que “ese pensamiento, antes de que sea real, muchas veces puede llegar a abandonarse”.
Mikel siempre ha tenido cierto deseo de tener hijos o hijas, pero constata que “hay algunas cosas que te echan para atrás”. Por un lado, la falta del tiempo y la estabilidad que se necesitan para asumir una crianza. Por otro, no tener una pareja estable con la que compartir un proyecto de vida. En un momento dado, llegó a barajar tener un bebé junto a una amiga: “Con una colega bollera, nos planteamos qué sería necesario y nos pusimos a pensarlo más en serio. Luego, la vida a cada uno nos ha llevado por unos derroteros, ella se quiso enfrentar a ese proyecto de maternidad sola y yo encantado”.
También se ha planteado intentarlo sin nadie más, pero teme verse “en una situación de soledad”: “Quizá ligado a formar parte de una identidad marica, veo más necesario tener un soporte de apoyo afectivo cercano”. Además, le preocupa cómo ser padre soltero le influiría “cuando quiera volver a tener una relación con alguien”. “Si en general a los hombres nos cuesta a veces aquello que leemos como compromiso, comprometerte con una persona que tiene una crianza a su cargo puede resultar menos atractivo”, reflexiona.
Si ya he tenido que enfrentarme a situaciones de violencia a lo largo de mi vida por ser marica, ser padre de un peque, sea o no marica, no va a cambiar que tenga un padre marica
Otro temor que le surge a Mikel al plantearse la paternidad es la LGTBIfobia que podría sufrir su hijo o su hija. “Si ya he tenido que enfrentarme a situaciones de violencia a lo largo de mi vida por ser marica, ser padre de un peque, sea o no marica, no va a cambiar que tenga un padre marica”, valora, así que se pregunta “qué le ocurriría a ese peque en su vida cotidiana, en la escuela, con sus grupos de amigos…”. Todas estas dificultades le llevan a “desistir un poco del deseo de ser papá”.
Hernán comparte la preocupación por la violencia: “He pensado muchas veces en qué tipo de comentarios recibiría ese posible hijo o hija simplemente por tener dos padres. ¿El bullying que yo he tenido va a salpicar de alguna forma a ese niño o a esa niña?”. Agrega que eso “no es responsabilidad nuestra, sino de los energúmenos sociales que hay por ahí sueltos, pero a nadie le gusta vivir violencia”.
Miedo a perder derechos
En relación con esa LGTBIfobia, el investigador Pablo Mola pone sobre la mesa otro problema: el poder que la extrema derecha está alcanzando en tantos países. “Muchas familias comentan que están bien, que son aceptadas y no hay discriminación, pero que la ola reaccionaria les produce mucho miedo porque está planteando retirar esos derechos”, alerta. Cree que ese temor puede estar afectando también a quienes están aún barajando ser padres: “Yo a lo mejor quiero acceder ahora a un proceso de adopción, pero es un proceso largo y no sé si dentro de tres años va a estar gobernando la ultraderecha y me va a quitar el derecho a ser padre o de repente en las listas de adopción me van a mandar más abajo”.
Hernán confirma que esta preocupación le influye. “Al ver lo que está pasando, tengo el cerebelo ahí atrás pensando: ‘Cuidado, ¿qué va a ser de nosotros?’. Si el mundo va así, después de los inmigrantes o al mismo tiempo que ellos vamos los LGTBI”, teme. Añade que hasta hace unos años “parecía que todo iba a ir bien” y pensaba: “Es un buen momento para ser padre, no creo que tenga tantos problemas como yo tuve en el colegio”. Sin embargo, ahora se pregunta “qué le van a decir a ese niño y cómo lo van a tratar”. Esto le lleva a lamentar que la situación política provoque “poner un freno a tu desarrollo como persona”.
Albert coincide en que “cuesta un poco ser optimista con el mundo que tenemos en este momento”. Defiende que “no hay que dar por garantizados los derechos ni las libertades”, y echa la vista a Italia, donde el Gobierno ultra de Giorgia Meloni prohibió en 2023 que las parejas de mujeres lesbianas registraran a sus hijos: “Es un claro ejemplo de que se puede retroceder y está aquí al lado”.
Muchas familias comentan que están bien, que son aceptadas y no hay discriminación, pero que la ola reaccionaria les produce mucho miedo porque está planteando retirar esos derechos
Para él, la paternidad es un escenario que no ve cercano pero tampoco descarta: “Es una cosa en la que he pensado muchas veces. Tengo claro que en este momento de mi vida no me toca, pero no lo descartaría en el futuro. No es una aspiración vital, podría pasar sin hacerlo, pero sí creo que me gustaría en algún momento”. En su opinión, para los hombres gays es más difícil ser padres por la complejidad de los trámites de adopción, pero añade otro factor: “El entorno en el que nos movemos es una realidad un poco distinta a la que viven las parejas heterosexuales, que siempre han tenido más clara la evolución que iba a tener su vida”.
Albert considera que encontrar una pareja que “esté en tu mismo punto, comparta ese deseo y esté dispuesto es más complicado en el mundo gay”. “Creo que empezamos nuestra vida afectivo-sexual más tarde, entonces entre los veinte y los treinta y muchos estamos viviendo cosas que no nos permiten plantearnos tener hijos”, reflexiona. Todas estas dificultades le generan ciertas preguntas: “Me hacen replantearme las expectativas de futuro y si tenemos o no las mismas oportunidades de desarrollarnos en la vida”.
Para Víctor, la situación en el mundo también genera temores: “Si la derecha toma el poder, podemos perder derechos y facilidades para adoptar y vernos obligados a irnos a otro país para seguir con nuestra familia”. Pero al mismo tiempo, encuentra motivos para la esperanza: “Hace poco una amiga me hablaba de un colegio superinclusivo en el que hay un montón de familias no normativas que habían creado piña y con las que estaba super a gusto. Pueden surgir esos espacios seguros”.
Mikel coincide en la preocupación por cómo un gobierno reaccionario podría cuestionar su posible paternidad, pero a la vez es algo que le estimula: “Me da un poco de miedo, pero hay otra parte en la que me dan más ganas, porque es como ‘que les jodan’. Me sale un poco la rabia y me da más impulso”. Por eso admira a las personas LGTBI que sí están teniendo hijos e hijas: “Qué guay que haya familias disidentes construyendo una crianza desde otros lugares que no sean los que nos han enseñado siempre y que eso sea posible. Me parece superpotente y me da mucho orgullo”.