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LOS LANZALLAMAS

Palantir, el epílogo de la democracia

24 de abril de 2026 22:09 h

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El manifiesto de Palantir que se ha hecho público hace unos días, a pesar del ruido en redes y medios, no es el primero. 

El planteo inicial lo puso en circulación Peter Thiel, fundador y uno de los principales accionistas de la compañía, cuando escribió El Momento Straussiano, en el que deja clara su posición frente al que considera el mayor peligro al que se enfrenta Estados Unidos: el que representan sus adversarios impulsados por el islamismo. Ante este pulso, Thiel considera insuficientes los ideales liberales de la Ilustración, tanto el racionalismo como los derechos individuales y una economía que sea consecuente con estos valores. El programa político que propone se basa en las teorías del filósofo Leo Strauss, quien sostiene que la modernidad y la Ilustración erosionaron los mitos fundacionales que unificaban las sociedades. Ante esto, la solución sería un sistema político al margen de los controles y equilibrios de la democracia representativa; un marco excepcional dirigido por una vanguardia elitista que operaría en la sombra, sin el lastre de la supervisión democrática. La sociedad necesita riesgo y disrupción, sostiene Thiel.

Si bien la última aparición pública de Thiel fue en Roma para alertar de los peligros que entraña el anticristo en las puertas del Vaticano, ahora está en Argentina para seguir con su gira mística y ofrecer apoyo a Javier Milei mientras renueva su interés en las materias primas y las grandes extensiones de tierra argentinas. En 2004, momento del primer manifiesto, no hablaba aún del anticristo pero ese año, casualmente, funda Palantir, plataforma que hoy, asegura, cuenta con las armas para detenerlo.

Un alto en el relato. Estamos hablando de un discurso público, pronunciado por un magnate con influencia directa en la Casa Blanca, es decir en el mundo. Hay que suspender la posible incredulidad. Esto está pasando. 

El segundo manifiesto lo publicó Marc Andreessen en la web de su fondo de inversión. Andreessen, aliado ideológico de Thiel, impulsor de Facebook y financista importante de la última campaña electoral de Donald Trump, es considerado uno de los cuatro jinetes del apocalipsis tecnocrático por el pensador Jonathan Taplin, junto a Thiel, Mark Zuckerberg y Elon Musk. En su manifiesto, Andreessen adelantaba hace tres años, de algún modo, lo que Palantir ha puesto en circulación esta semana: “creemos que la Inteligencia Artificial es nuestra alquimia, nuestra Piedra Filosofal. Literalmente, estamos haciendo que la arena piense”. 

Las armas de destrucción masiva que se buscaban en Irak eran invisibles por su inexistencia; las que produce Palantir son imposibles de ver, pero están aquí para quedarse. No muy lejos de ti ni de mí: las hospedamos, en tanto víctimas, en nuestro móvil. Esto es de algún modo lo que nos viene a decir Palantir a través del brief de veintidós entradas publicado en su cuenta de X y que es una sinopsis del libro de su CEO, Alex Kark y del directivo de la empresa Nicholas W. Zamiska, The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West [La República Tecnológica: Poder Duro, Creencias Blandas y el Futuro de Occidente] publicado el año pasado.

Así como Donald Trump hace anuncios oficiales en su red social sobre la guerra de Irán, Palantir, la principal arma estadounidense fuera y dentro del país, los hace en X. No dicen banalidades o no hay que tomarlas como tales ya que la compañía está incrustada en el Estado y, como afirma la economista de la innovación Francesca Bria, ha ejecutado la reconversión de la soberanía a un modelo de activos privados. 

El primer detalle que hay que registrar es que el manifiesto está encabezado por el título del libro y es toda una declaración de principios: la República Tecnológica. Aquello que Thiel planteaba como problema en su manifiesto, la incompatibilidad entre libertad y democracia, aquí se expone como una superación dialéctica. Por cierto, si seguimos la cadena de pensamiento y poder que se extiende desde Thiel y uno de sus pensadores de cámara, Curtis Yarvin, que teoriza la “monarquía tecnológica”, hasta un actor clave que es el vicepresidente J. D. Vance, el planteo toma cierto perfil institucional.

El manifiesto establece que la era de disuasión nuclear ha finalizado y que esa capacidad de destrucción pasa a manos del software o, más claro, de la Inteligencia Artificial. Aquí propone no debatir ante la posibilidad de entender la IA como un arma, sino sobre quién construirá esas armas y con qué propósito. Palantir, que ya está en ello, es la respuesta. Esa posición se defiende con otra entrada: basta de poder blando (quiere decir democracia); hace falta un poder duro y ese poder se construye con software y (es tácito), lo controla la República Tecnológica. Después siguen apuntes sobre la batalla cultural pero lo medular, tras expresar la supremacía tecnológica, atañe a temas militares: restaurar el servicio militar obligatorio, garantizar la demanda de armas a través de la tecnología y un curioso llamado al debate sobre la acción militar estadounidense en el extranjero. El cierre es con el mantra de Thiel: hay que “resistir la tentación superficial de un pluralismo vacío y sin sustancia” (la democracia, otra vez).

Los autores del manifiesto están al frente de una compañía que ya forma parte del Estado por su presencia en el Pentágono, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS por sus siglas en inglés), el departamento de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), el Departamento de Defensa (DoD), la CIA y en múltiples departamentos de policía de todo el territorio. Hay que pensar que si bien puede parecer que Palantir solo es un proveedor de estas instituciones, en realidad el control operativo es suyo. El cruce de todos los datos que ofrece al ICE, por ejemplo, permite obtener información prospectiva para declarar sospechoso a alguien, más allá de que carezca o no de papeles. Si es inmigrante o sea sospechoso de poder cometer un delito, automáticamente se pone en marcha la detención. A las claras, se está obrando fuera del control de las mismas fuerzas de seguridad que se someten al criterio de la IA. 

Palantir ha desarrollado el Maven Smart System (MSS) un sistema inteligente de vigilancia global que, a día de hoy, realiza un seguimiento de cuarenta y nueve mil aeropuertos en todo el mundo. Pero este sistema no solo vigila; también ataca. Según la escritora y periodista de Bloomberg, Katrina Manson, con un solo clic permite enviar coordenadas a una plataforma de armas para disparar contra un objetivo. Todo el proceso, desde la identificación del objetivo hasta su destrucción, requiere cuatro clics. El antiguo sistema alcanzaba cien objetivos en un día, con el MSS la cifra ha aumentado a cinco mil. Esta eficacia se ha demostrado en Irán y se sospecha que de este modo se masacró a las 168 niñas de una escuela iraní. 

La participación de Palantir en Gaza y Cisjordania se ha hecho pública a través de Alex Karp en una entrevista reciente en la que abundó sobre las capacidades tecnológicas de Palantir. Causó asombro, en la misma intervención, al afirmar que están en condiciones de “alterar el curso de la humanidad, sobre todo el de los votantes demócratas reduciendo su poder económico, al tiempo que aumente el de los votantes con formación profesional, de clase trabajadora y, a menudo, de género masculino. Estos cambios van a alterar todos los aspectos de nuestra sociedad”. ¿Puede la tecnología restar capital político a las mujeres con títulos universitarios para transferirlo a los varones de clase trabajadora? Hay que tener en cuenta que Karp dijo que “salvar vidas es interesante; quitarlas también”. Hacer la cuenta de estas últimas ya es imposible

¿Por qué razón todo esto se hace público? ¿Por qué, habiendo publicado un libro el año pasado, ahora lo convierte en un manifiesto, un brief de lectura veloz en X?

Quizás haya razones políticas y de marketing. Estas últimas hablan de capacidad, de poder, de proyección de ese poder sobre el futuro. Wall Street observa y el mercado mundial también. (Para orientarnos: Reino Unido, Francia y Alemania son clientes de la compañía; Santander y BBVA, inversores). Pero las razones políticas empiezan con el fracaso de la guerra en Irán y la salvaguarda del vicepresidente J. D. Vance, hombre de Palantir en el Gobierno, que se opuso a la invasión –el único de toda la Administración— y se quemó como interlocutor en las negociaciones de Pakistán. Palantir no está perdiendo la guerra y por eso el manifiesto pide un debate sobre la participación de EEUU en conflictos internacionales. 

Trump, viene a decir también, tiene fecha de caducidad; el proyecto no.

Según van colonizando el Estado, los tecnócratas lo vacían ya que sus herramientas van limitando las tomas de decisiones ciudadanas. Por allí avanzan las funciones del software que expone Karp.

El último manifiesto es, desde esa lectura, un epílogo de este tiempo.