¡Ahora que ella no está!
El vaciÌo y el silencio de la casa pesan sobre mis hombros como sacos de cemento que debo transportar, y tambieÌn tratar de ir reduciendo seguÌn avanzan los diÌas. Superar su ausencia, vivir sin ella, es como tragar bolas de alquitraÌn que la soledad ha ido dejando depositadas en la piel de mi lengua. Dicho con otras palabras: acabo de perder a la persona que me ha acompanÌado durante anÌos, compartiendo hijos, penurias, alegriÌas, emociones, proyectos comunes, ratos de felicidad y tambieÌn los menos amables, esos que brotaron junto a nosotros cuando despertoÌ su enfermedad...
Veinticinco diÌas despueÌs de su fallecimiento, el de mi companÌera, me llega la notificacioÌn de la concesioÌn, por parte de ustedes: ‘AdministracioÌn PuÌblica que se sostiene con el dinero de todos’, de la concesioÌn del “Grado MaÌximo de Dependencia”, despueÌs de haberlo estado esperando durante tres anÌos, ademaÌs de la ResolucioÌn aprobada el 15 de abril de 2015, que, por cierto, y para asombro de gente comuÌn como lo soy yo, nunca llegoÌ. Dicho lo cual, pueden hacerse una idea de la indignacioÌn, enfado, impotencia e instintos poco nobles que crecen en miÌ...
El siguiente planteamiento me descoloca: ¿CoÌmo es posible que, seguÌn para lo que sea, la base de datos se les actualice de inmediato o no? Porque, una persona se muere, y al mes siguiente −como debe ser− deja de percibir su pensioÌn. Entonces, ¿coÌmo se entiende que, al mes casi de faltar mi esposa, le otorguen el “GMD”?. Esto, por decirlo de una manera suave, me parece una verdadera negligencia por parte de ustedes. AsiÌ como, una falta absoluta de responsabilidad, coherencia, coordinacioÌn entre los departamentos implicados, y la maÌs humana de las carencias: la sensibilidad.
Estos tiempos convulsos que vivimos revestidos de corrupcioÌn, copagos, recortes −que sufren los mismos de siempre−, oportunismo, tergiversacioÌn, descredibilidad, mafia propagandiÌstica, y un infinito etceÌtera, les sirva a ustedes, ahora, en plena campanÌa electoral, para hacer anaÌlisis de buenas intenciones. No pueden pedir mi voto cuando se comenten errores como el resenÌado anteriormente. ¿Imaginan por un momento, si todo hubiera llegado a tiempo, la ayuda que habriÌa supuesto eso para mejorar la calidad de mi companÌera, en vida? ¿SabriÌan cuantificar el esfuerzo que se realiza para mover un cuerpo casi inerte? Por no hablar del desgaste psicoloÌgico que padece el cuidador.
No pienso perder la educacioÌn en este escrito, no he mamado de esa leche, pero quiero ayudarles a pensar. VeraÌn, hagamos una cosa: cierren los ojos, respiren profundamente, dejen que mis palabras les guiÌen por un mundo desconocido al suyo, y ahora traten de mover los brazos, las piernas, el intestino, la lengua, la voz, los ojos... Noten coÌmo algo que no manejan, que no controlan, que se les escapa..., les impide hacerlo. De repente han pasado de ser autoÌnomos a no tener control de su anatomiÌa. Buscan otro semejante que haga por ustedes aquello que les resulta imposible realizar, alguien cercano que lo haga con generosidad, pero las cosas que duran exprimen y agotan. Lo ven, ahora siÌ que les oigo gritar y pedir ayuda de la AdministracioÌn. ¿CoÌmo se quedan? Jodidos, ¿verdad?
Tengan más cuidado, las personas en general somos un material muy sensible con el que no se juega.