ADELANTO EDITORIAL
Estamos en guerra
Estamos en guerra. Y nos van ganando porque la mayoría de la gente no lo sabe. O de alguna forma lo saben pero han optado por no defenderse. Porque desconocen cómo hacerlo, porque les supone demasiado esfuerzo, porque creen que no merece la pena.
Es una guerra eterna, pero en estos momentos la batalla está siendo especialmente complicada. Nos jugamos una involución inimaginable hace solo unos pocos años.
Han aprendido a usar las que creíamos que eran nuestras armas, las redes. Y las usan mucho mejor que nosotros. Así que tenemos que volver a utilizar las de siempre, las que daban mejores resultados, las que nos hacían ganar batallas y provocaban que retrocediese el enemigo. La calle, las huelgas, la réplica constante que desmonte la mentira y el odio en la cola del supermercado o en la barra del bar.
Lo que nos jugamos es la pérdida de una larga lista de derechos conquistados tras décadas de sangre y represión. Desde la sanidad pública hasta las pensiones, pasando por nuestros derechos como trabajadores y consumidores. También nos jugamos retroceder en lugar de avanzar. Que el acceso a una vivienda sea todavía más difícil en vez de conseguir que de una vez por todas se cumpla un derecho constitucional.
Los de arriba y sus siervos nos venden libertad. Una palabra que en su boca no significa otra cosa que libertad para especular, libertad para forrarse a costa de engañarnos y empobrecernos, libertad para emprender la demolición de nuestros derechos como trabajadores, como consumidores, como seres humanos.
Los movimientos ciudadanos somos claves en esta guerra. Los recién nacidos, de los que tanto tenemos que aprender, y los que acumulamos décadas de trayectoria en la que el enemigo ha intentado derribarnos y, en algunos casos, solo ha logrado que aprendamos a hacernos más fuertes. Es el caso del movimiento del que tengo el honor y el orgullo de formar parte. Una asociación de consumidores nacida en la Transición y fundada por luchadores antifascistas que sufrieron torturas y cárcel durante la dictadura.
Hoy FACUA la integran un cuarto de millón de personas. De ellas, decenas de miles la financian con sus cuotas y donaciones. Durante casi cinco décadas hemos logrado resistir a todo tipo de embates. Y estamos dispuestos a seguir dando la batalla día tras día, por mucho que crezcan nuestros enemigos y por muy poderosos que lleguen a ser.
Este libro reúne una pequeña colección de episodios de nuestra historia. 99 FRAUDES. Una selección de 99 editoriales del pódcast semanal que lanzamos en marzo de 2023, En Ocasiones Veo Fraudes. En ellos cuento, en tiempo presente, cómo hemos destapado y denunciado todo tipo de prácticas abusivas contra los consumidores. Cómo hemos exigido a políticos y administraciones que actuasen, a veces con éxito y otras presenciando una lamentable pasividad.
En estos años también nos hemos enfrentado al virus de nuestro tiempo. El virus de la mentira y el odio. Entre los 99 FRAUDES que vas a leer a continuación hay unos cuantos protagonizados por la extrema derecha y sus voceros. Nos han atacado y les hemos contestado, desmontando sus bulos y llevándolos a los tribunales por sus campañas de difamación. Algo que me ha tocado hacer sobre todo a mí. Ser objeto de acoso, amenazas, insultos y bulos es el precio que hay que pagar por ser la cara más visible de FACUA. ¿Que si merece la pena? Nos jugamos demasiado en esta guerra como para plantearnos siquiera esa pregunta.