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Meta, Zuckerberg y el 'mundo feliz' de Huxley

24 de agosto de 2026 22:17 h

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Las causas abiertas contra META ante un tribunal de California y otras jurisdicciones se sustentan en el daño mental que las aplicaciones de sus compañías producen en los usuarios. Pero es temible también la existencia de un daño político muy grave, mucho más difícil de resarcir. Lo intuía un texto de hace más de medio siglo, premonitorio de las ambiciones de Zuckerberg y demás protagonistas de la esfera digital.

En 1949, Huxley -autor del célebre “Un nuevo mundo feliz” (1932) - escribía a George Orwell que acababa de publicar también con éxito su “1984”. En su carta, Huxley reprochaba a Orwell su énfasis excesivo sobre la violencia esperable de un amenazador horizonte neo-fascista. Puntualizaba Huxley: “Creo que una nueva generación de dirigentes políticos mundiales descubrirá que el condicionamiento infantil y la narco-hipnosis son más eficientes como instrumentos de gobierno que las porras y las prisiones y que el ansia de poder puede satisfacerse convenciendo al pueblo de que ame su servidumbre, tanto como azotándole y golpeándole para que obedezca. En otras palabras, opino que la pesadilla de ”1984“ está destinada a matizar la pesadilla de un mundo que se asemejará más al que imaginé en el ”Mundo Feliz“.

La intuición de Huxley parece confirmarse. Mencionaba su carta dos efectivos instrumentos de poder para un futuro político: el condicionamiento de los niños y el narco-hipnosis. ¿En qué acertó Huxley? Es obvio que la educación infantil ha sido siempre mecanismo para obtener futuras pautas de conducta. Incluso cuando se afirma públicamente lo contrario. Pero este objetivo encontró hace años un aliado alternativo, quizá más eficaz: el uso de la publicidad infantil. En 2007, Benjamin Barber - conocido politólogo americano como defensor de la democracia participativa-, publicó un documentado texto donde analizaba las relaciones entre mercado, consumismo y democracia. Con un título muy expresivo , exponía allí el enorme esfuerzo de la industria publicitaria para orientar y estimular el consumo infantil y juvenil, en particular en productos de ocio. Barber daba las grandes cifras invertidas entonces en investigación psicológica para aumentar los rendimientos económicos de las empresas. Son cifras muy superadas hoy por las dedicadas por META con empeño semejante y dirigidas también a los sectores más vulnerables de la sociedad.

En cuanto al uso de la narco-hipnosis, es sabido que el mismo Huxley exploró esta técnica de la que esperaba resultados para algunas terapias. Aunque fuera desechada posteriormente por razones éticas y de eficiencia, no parece ni mucho menos que el uso de sustancias estupefacientes de diverso tipo haya disminuido: naturales y artificiales, legales e ilegales. En este contexto de proliferación, conviene discutir su influencia más o menos directa sobre conductas sociales y políticas y hacer un balance: ¿son propicias para estimular una participación democrática solidaria o para reforzar el individualismo consumista indiferente a la cosa pública?

A algunos les parecerá arriesgada la analogía entre la narco-hipnosis de los alucinógenos y el ejercicio solipsista del scrolling permanente de pantallas. Pero los expertos en adicciones las han incorporado desde hace un tiempo a sus tratamientos clínicos y alertan de la expansión de tales conductas entre niños, adolescentes y maduros. Según Huxley, el gobierno de aquel amenazador “mundo feliz” tenía como objetivo que sus habitantes llegaran a amar su propia servidumbre, obteniendo así su dócil sometimiento a un invasivo dominio económico y político. ¿No es lo que están consiguiendo hoy las aplicaciones de Zuckerberg en sus millones de usuarios?

Las causas judiciales contra META son un paso obligado, pero insuficiente. Han sido una vía lateral para requerir una regulación que ni el Congreso, ni el Ejecutivo de los EEUU han querido o podido establecer a causa de la ingente financiación de sus campañas electorales por parte del mundo digital: así había ocurrido ya en las causas contra las grandes tabacaleras y sus perjuicios monumentales para la salud pública. Lo que se juega ahora en estos litigios y en las regulaciones ya adoptadas por la UE y otros estados es bastante más que la salud mental de sus niños y adolescentes: es también la salud democrática de la ciudadanía de hoy y de mañana. En realidad, su capacidad para resistir la deriva hacia el gobierno de una “oligarquía digital” que se nos impone.

Tampoco es descartable que quienes la propugnen vayan a renunciar del todo a métodos represivos como los que temía Orwell en “1984”. Pero intentarán evitarlos mientras les basten las poderosas herramientas de que disponen de manera monopolística, mucho más avanzadas que las conjeturadas por Huxley. Si queremos contrarrestarlas, no bastarán las luchas judiciales. Exigirá un ejercicio permanente de responsabilidad ciudadana en el terreno de las ideas y de la movilización social para alejar de nosotros la pesadilla de Huxley que encarna hoy la oligarquía digital.