La buena fortuna de González Amador
Pensaba escribir sobre las novedades judiciales del ciudadano González Amador, pero no lo voy a hacer porque me dirían que estoy desviando la atención del caso Zapatero, del que por cierto he escrito seis veces en el último mes. Ajá, Isaac, excusatio non petita, se te ve el plumero, pretendías tapar lo de Zapatero con el novio de Ayuso, no cuela, zasca.
No, mejor no escribo sobre González Amador, ni sobre su buena fortuna, que me admira. Que tu causa judicial lleve más de dos años dormida, y resucite justo en la semana de Zapatero, de Begoña Gómez, de las comparecencias en el Senado por el caso Leire Díaz y la sentencia de Ábalos que está al caer; que sepamos de las investigaciones de la UCO sobre tus negocios en una semana en que no queda ni un huequecito en las páginas de Nacional de los periódicos de derecha, y si los de izquierda hacen sitio serán acusados de desviar la atención, es de ser un hombre muy afortunado.
Otro día escribo sobre González Amador, y ya entonces comentaré la increíble suerte que ha tenido en los últimos años, desmintiendo el refrán de “afortunado en el amor, desgraciado en el juego”, pues nuestro hombre es afortunado en todos los terrenos. Hay que tener mucha suerte para acertar con el negocio más lucrativo en plena pandemia: la venta de mascarillas, a nadie se le ocurriría. Suerte es también enterarte de la existencia de una pequeña empresa de tratamientos de belleza sin empleados ni apenas facturación, y comprarla por el increíble precio de medio millón de euros, ¡una ganga! La misma buena estrella en los negocios que te permite facturar 4,4 millones en tres años, no me digas.
Suerte loca es que te pille Hacienda por fraude fiscal, y el que acabe empapelado sea nada menos que el Fiscal General del Estado, con la fortuna añadida de que te proteja todo un gobierno autonómico, con el Rasputín de la Puerta del Sol intoxicando a tu favor. Al que tiene suerte ya no le abandona, y González Amador ha tenido la increíble suerte de que se jubile la juez que llevaba su caso, y que el nuevo magistrado se tome las cosas con calma y deje correr los meses sin mover un papel ni autorizar las peticiones de la UCO para avanzar en la investigación.
En fin, el día que escriba sobre González Amador, no hoy, comentaré el último golpe de suerte que ha tenido: que después de dos años sin noticias, sepamos de su investigación justo en la semana en que toda todita toda la atención mediática, política y ciudadana está puesta (y con razón) en Zapatero, Begoña, Leíre Díez y lo que caiga, de modo que pase a segundo plano, y cualquiera que lo mencione se convierta en sospechoso de desviar la atención de los problemas del gobierno. Un tipo con suerte, ya digo.