Me considero un mueble; me he criado entre sillas, estanterías y aparadores
De entre todas las frases cuñadas que existen sobre la faz de la tierra la de “me considero feminista porque me he criado entre mujeres” está muy arriba en el ranking. ¡Cómo no voy a ser feminista si tengo madre! ¡Cómo no voy a ser feminista si me parió una mujer! Es el equivalente intelectual a decir que te consideras un mueble porque te has criado entre sillas, estanterías y aparadores. O que te consideras botánico por tener plantas en casa. El manido tópico tiene también su versión paternal, la de “cómo no voy a ser feminista si tengo hijas”. Recuerdo, por ejemplo, a cómo Matt Damon recurrió a su condición de padre de cuatro hijas para expresar su horror ante los abusos de Harvey Weinstein, quien, por cierto, también tiene cuatro hijas.
Poniéndonos exquisitos, ni siquiera la ciencia certifica la manida coletilla del feminismo por proximidad. Un estudio publicado en The Journal of Politics encontró que los hombres que habían crecido con hermanas menores mostraban una mayor inclinación hacia posiciones conservadoras sobre los roles de género. Otro, de los sociólogos Dalton Conley y Emily Rauscher, encontró una asociación entre tener hijas y una mayor identificación con el Partido Republicano, aunque condicionada por la posición social, sin hallar pruebas de que las hijas volvieran a sus padres más progresistas respecto a las mujeres.
La frase de Feijóo sería una más en su repertorio de banalidades, si no fuera porque detrás de esa proclamación supuestamente feminista asoma un programa que apunta precisamente en dirección contraria. Por lo pronto, ha anunciado su intención de suprimir el Ministerio de Igualdad como departamento independiente, integrándolo en otro. Y sobre el aborto el mismo líder que lo despacha como un “debate del pasado” ya ha reabierto el debate sobre la intervención de los padres cuando las jóvenes de 16 y 17 años quieran abortar. Lo compara con la autorización necesaria para hacerse un tatuaje, aunque no termina de aclarar qué ocurriría si los padres se opusieran. Todo ello mientras gobierna o ha gobernado de la mano de Vox, que sigue prometiendo derogar la ley del aborto. Es cierto que en octubre de 2025 el PP votó con el resto del Congreso contra la iniciativa de Vox para derogar las leyes del aborto y la eutanasia, en cuyo debate la diputada Lourdes Méndez llegó a sostener que el cigoto ya es un ser humano y que matarlo no puede ser un derecho. Pero una semana antes, el Ayuntamiento de Madrid, con mayoría absoluta del PP, había aprobado otra moción de Vox para informar a las mujeres que fueran a abortar de un supuesto trauma postaborto que el propio Almeida acabó reconociendo sin base científica
Más allá de lo que podremos o no esperar de un gobierno de PP y Vox en materia de igualdad, la pregunta que dejó la deslavazada entrevista de Feijóo en ‘Hoy por Hoy’ es más amplia: ¿necesita Feijóo demostrar grandes méritos en la campaña para obtener votos el próximo 29N? La respuesta es no porque casi tota la totalidad de su atractivo electoral actual se explica sin necesidad de recurrir a sus virtudes. Es el resultado de una estrategia política que no necesita despertar entusiasmo por el candidato propio mientras consiga alimentar suficiente rechazo hacia el contrario. Si basta con haberse criado entre mujeres para ser feminista, quizá baste con estar en contra de Pedro Sánchez para ser presidente.