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Del piso de su padre moroso a los áticos: los enredos inmobiliarios de Ayuso
Opinión - 'La batalla por explicar los incendios', por Alberto Garzón

La debilidad de Ayuso por los áticos de lujo

29 de julio de 2026 21:52 h

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La concepción que tiene la presidenta de la Comunidad de Madrid sobre los impuestos ha quedado clara desde los inicios de su gobierno: cuantos menos, mejor, incluyendo a quienes son multimillonarios. Por si había duda, cuando su pareja los intentó escamotear (evitando pagar 250.000 euros a la caja común después de ingresar dos millones por vender mascarillas) no solo no se lo afeó, sino que tachó la investigación de Hacienda de inspección “salvaje”. La gestora de los impuestos, de parte del que presuntamente no los paga.

Pero si esos mismos impuestos sirven para aumentar su bienestar, ahí la presidenta no pone pega. Restando importancia al poder transformador de los tributos para construir una sociedad más justa y moderna, arrinconándolos en sus declaraciones como si fueran un mal necesario, acaba de utilizarlos para aumentar su ya alto estándar de vida inmobiliario.

La mujer que dijo en una entrevista en El Mundo en 2022 que estaba “harta de pagar alquiler” y que cobra 8.500 euros al mes, vive en un ático dúplex en Chamberí comprado por su novio, pendiente de juicio por fraude fiscal. Ahora su propio gobierno acaba de comprar otro ático en Chamberí con 200 metros de terraza para que la presidenta trabaje ahí, como ha adelantado El País, aunque es un edificio residencial. Por qué era necesario comprar una vivienda de lujo con terraza en un edificio particular si hay sedes oficiales de la Comunidad por toda la ciudad es un misterio. Por qué se ha ocultado si es tan normal, es otro misterio. Ahora el gobierno matiza que no saben qué van a hacer con este piso: peor aún, usar los cotizados impuestos de ese supuesto “infierno fiscal” para comprar áticos que no se sabe para qué se necesitan. Mientras, la gente que los paga se pregunta por qué el metro va cada vez más lleno o los colegios, más degradados. Siempre habrá inmigrantes a mano para echarles la culpa.

El expediente inmobiliario de la presidenta es muy preocupante. Antes de esta compra con poca justificación desde el punto de vista del interés público y común, la Comunidad que preside compró una finca con chalet y piscina por cuatro millones en el que ella y su familia fueron de vacaciones, también sin que se informara y sin que se conociera el uso de esta mansión en medio de la sierra. En aquel momento salió de aquella con el señuelo del “táper” y el “Covirán”. Para acomodar la polémica a una explicación decente, en su gobierno dijeron que el chalet era para cualquier consejero que estuviera “de guardia” y lo necesitara. De momento lo ha 'necesitado' la presidenta y su familia y no se ha explicado en qué consisten las guardias.

Durante la pandemia, su amigo el hostelero Kike Sarasola le prestó dos pisos de lujo, también para “trabajar”. Se ve que la red de sedes y edificios públicos de la región que gobierna no le resultan suficientes a Isabel Díaz Ayuso, que necesita trabajar en alto, a ser posible con terraza. Después de varios requerimientos, Ayuso publicó una factura que decía que había pagado 5.680 euros por una estancia de 69 días en los dos apartamentos de alto nivel en pleno centro, uno para dormir y otro para trabajar. A aquella joven del barrio de Chamberí no le vale el salario que tiene ni la manera de vivir que tenía. Para algo es la presidenta y es amiga de ricos empresarios.

La primera corrupción, no judicial pero sí ética, sucede cuando uno acepta un trabajo, el de defender los intereses de todos, a sabiendas de que no lo va a cumplir y que ese no va a ser ese su primer desvelo. Que va a anteponer estrategias trumpistas como decir “mamarracho” para que la gente se fije en la palabra, en lugar de fijarse en que esa líder no hizo el trabajo de prevención de incendios que le otorga el Estado español o no pudo apagarlo con los esquilmados recursos propios, dedicados a menesteres más inútiles.

Los más de cuatro millones que habrá costado este último capricho inmobiliario se podrían utilizar para contratar cuadrillas forestales, hacer cortafuegos en mosaico, ayudar a los ayuntamientos con los planes de prevención o poner aire acondicionado en 500 colegios públicos. Las lágrimas y las huidas adelante son aceptables en la vida privada, pero no deberían ser consentidas en el ámbito público, donde una eficaz recaudación de impuestos y una buena estrategia para gastarlos mejora la vida de la gente, en lugar de mejorar con ellos las vistas de plantas y tejados de Madrid con las que una presidenta autonómica quiere encender el ordenador, desde un edificio aristocrático donde viven los más privilegiados de la ciudad. Esos a quienes esa misma presidenta perdona, siempre que puede, los impuestos con los que se ha comprado ese innecesario ático.