Europa se cuece sin Ministerio del Futuro
Lectura “recomendada” para la próxima ola de calor: El Ministerio del Futuro, de Kim Stanley Robinson. Apaga el ventilador, suda y agóbiate un poco antes de empezar a leer sus primeras páginas. El relato minucioso de cómo sería morir en un episodio extremo de calor, por una combinación de temperatura elevada con humedad muy alta que lleva al límite la llamada “temperatura de bulbo húmedo”: gente desplomada por las calles, cadáveres en las azoteas al amanecer, niños deshidratados, y lo más terrible, cientos que mueren sumergidos en un lago de aguas ardientes donde buscaban refresco. Literalmente, cocidos.
En la novela mueren millones de habitantes de la India durante un episodio extremo, se dice que hasta veinte millones. Cuando se publicó en 2020 tal vez alguien la encontrase exagerada. Leída en este 2026, ya no lo parece tanto. India y Pakistán ya han rozado peligrosamente el límite humano de temperatura de bulbo húmedo y, sin alcanzarlo, sus muertos se cuentan por decenas de miles. Pero las víctimas en Asia no nos impactan mientras no sean millones. Diferente es cuando en Europa empezamos a contar muertos de mil en mil.
En Alemania contaron al menos cinco mil en la ola de calor de finales de junio. En otros países europeos hablan también de miles —España incluida—, además de ahogados en ríos y lagos. En Francia adelantan cierres y suspenden actividades. El Tour recortó la duración de la etapa del domingo, mientras los equipos se las ingenian aplicando hielo en el cuerpo de los ciclistas. Y por supuesto, los incendios, el nuestro terrible de Almería, y en zonas de Europa que hasta ahora no conocían el fuego.
Hace tres años los parisinos vivieron un simulacro de episodio extremo de calor: lo llamaron “París a 50 grados” e imaginaban un día en que la capital francesa alcanzase esa temperatura, cómo responderían autoridades y ciudadanos, de qué manera sobrevivir al infierno. El simulacro, que era también una forma de concienciación climática, situaba el suceso en un futuro cercano: 2032. Hoy muchos piensan que puede llegar incluso antes. Temperaturas de 50 grados ya no son tan descabelladas, y peor que eso, temperaturas que no lleguen a 50 pero combinadas con humedad alta, como en la novela.
En un esfuerzo por alimentar la esperanza y no caer en el catastrofismo distópico, Kim Stanley Robinson narra cómo la emergencia climática hace posible la creación de un nuevo agente político mundial: el llamado Ministerio del Futuro que da título a la novela, o más fiel al original inglés: el Ministerio para el Futuro. Un organismo multinacional que, con todas sus contradicciones, dificultades y limitaciones, consigue poner en marcha una verdadera agenda climática con todo tipo de medidas (y el libro las detalla incluso en aspectos muy técnicos, siempre verosímil, sin fantaseo).
Por ahora, el junio sin precedentes y el julio de nuevas olas de calor en que ya estamos coge a Europa sin Ministerio del Futuro. Ni Europa, que se supone es la región mundial con más voluntad política en materia climática, ni por supuesto el mundo. Estamos a tiempo.