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Opinión - La matrioska de la vivienda, por Enric González

La izquierda ama al propietario, la derecha al rentista

3 de octubre de 2026 22:47 h

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La derecha recurre al miedo cuando tiene perdida la razón. Es por eso que estos días en los que se está debatiendo que no puede existir un mercado de la vivienda mientras no esté garantizado el derecho de las familias a tener un techo donde vivir han comenzado a usar la manida estrategia de los asustaviejas. Los defensores de los rentistas, en política y medios, no han parado de mentir diciendo que la izquierda vamos contra los propietarios y que nuestra intención es expropiar las viviendas de quien tiene un hogar heredado con el que complementa la pensión, o que estamos persiguiendo al pobre anciano que se paga la residencia de ancianos con el alquiler de la vivienda donde siempre ha vivido. Por cierto, algo que jamás tendría que ocurrir porque la izquierda aboga por residencias públicas y de calidad que nadie debería pagar. Pero no, la verdad es más sencilla. 

Los que somos de izquierdas, los marxistas, los socialistas, los anarquistas y cualquiera que se considere progresista debería amar al propietario cuando hablamos de vivienda porque queremos que todo el que quiera serlo pueda serlo, que todo el que quiera sea propietario de una vivienda, para vivir, lo que odiamos, lo que perseguimos, lo que consideramos un crimen es el acaparamiento y el rentismo, lo que denunciamos es que mientras haya una familia sin un hogar no puede haber otra con diez. Es fácil de entender de esta manera. Nosotros defendemos que la vivienda es un derecho fundamental que debe estar garantizado y que hasta que eso no ocurra hay que perseguir y prohibir la posibilidad de que se haga negocio con el ladrillo y de que unos pocos privilegiados vivan a coste del sufrimiento de muchos. 

Los modelos socialistas de vivienda, y de éxito, han existido en la historia y se alejan mucho de la caricatura que hace de ellos quien no ha leído lo más mínimo sobre las estrategias económicas que garantizan el acceso a la vivienda por encima del derecho a la propiedad privada como bien absoluto que ni siquiera existe en una constitución de democracia liberal capitalista como la española. La Yugoslavia socialista permitía la propiedad privada de viviendas de quienes la usaban para vivir, lo que no permitía era el acaparamiento porque no se permitía que nadie acumulara capital en un bien fundamental para la clase trabajadora como era la vivienda. En esos casos había nacionalizaciones del patrimonio sobrante permitiendo al propietario quedarse con la vivienda de uso personal. No es revolucionario, simplemente es una idea humanista defender que mientras no se garantice un derecho humano para la mayoría no pueden permitirse los privilegios de unos pocos. 

La derecha miente para meter miedo porque sabe que no hay animal más temeroso que la clase media, aspiracional o concretada, con pavor a perder parte de su situación acomodada. Esa clase media, que no es más que clase trabajadora que ha heredado, y que viene de una situación más depauperada que busca por encima de todas las cosas que los que tiene debajo no mejoren para que puedan tener aún esa sensación de superioridad recién adoptada que les permita llevar a sus hijos al concertado y pagar un seguro privado de salud para eludir las listas de espera. A la derecha le funciona porque este tipo de personas son tan temerosos que no se van a molestar en informarse mínimamente, pero tampoco estamos aquí para hacer pedagogía con egoístas sin pensamiento crítico. Defendemos nuestras ideas sin complejos y quieren quiera que se acerque a ellas. 

No estamos en una economía socialista y tenemos que pensar en el “mientras tanto” en una economía capitalista que tan bien teorizó el brillante marxista Manuel Sacristán. No tendría que haber un mercado de vivienda más allá de aquel que provea a quienes no tienen ninguna vivienda y necesitan su primer hogar. No tendría que haber un mercado especulativo que permita a grandes tenedores monopolizar la propiedad para establecer una demanda cautiva de sus intereses. Ni siquiera sabéis cuál es nuestro modelo de vivienda porque no tenéis capacidad para debatirlo sin acabar recurriendo a la estrategia del miedo para que no se vean las carencias éticas y morales de quien defiende el actual modelo que expulsa a la clase trabajadora de las ciudades, deja sin hogar a quien lo ha pagado toda su vida y permite que los herederos, privilegiados y rentistas se hagan cada vez más ricos a costa de despojar del fruto de su trabajo a un ejército de trabajadores que parasitan con alquileres abusivos dependientes de un negocio fraudulento. Una vivienda para cada familia. La izquierda ama al propietario, la derecha al rentista.