¡Joyas! ¿Qué más pruebas necesitas?
Coge aire, que el párrafo es largo.
La policía no fue a la oficina de Zapatero buscando joyas, pero se encontró unas joyas, que empaquetó y fotografió como si hubiese caído una banda internacional de atracadores. El juez autorizó el registro no porque sospechase que hubiese joyas, pero la UDEF se las encontró, y el juez las incorporó a la investigación por si tienen relación. El PP no sabe si hay algo ilegal en las joyas, pero le sirven para insinuar delitos mayores y poner en duda la ética de Zapatero, del PSOE y de la izquierda toda: “¿socialistas con joyas? ¡Ja!”. Ana Rosa no sabe nada de las joyas, pero le dan para llenar media hora de programa con maledicencias sobre su valor, su origen y jijí-jajá. Periódicos y televisiones no tienen más que fotos de las joyas, pero encargan a expertos para que las valoren a ojo y tirando por lo alto: mínimo dos millones. Tu primo solo ha visto las joyas en lo de Ana Rosa, suficiente para lanzar bulos en todos sus grupos de WhatsApp. Los usuarios de redes sociales solo vieron las fotos, pero dan para meme. Y a ti, que sigues en shock por la imputación del ex presidente, te llegan las joyas después de pasar por la policía, el juez, el PP, Ana Rosa, expertos de periódicos y televisiones, tu primo y las redes sociales, y acabas pensando que sí, que alguien que guarda joyas en una caja fuerte solo puede ser un delincuente.
Y así, amigos, es como se construye un relato de culpabilidad. No digo una sentencia, ni un auto, ni un informe: un relato. Si al final las joyas resultan ser una herencia familiar, regalos protocolarios de viajes, pagos de Maduro o coleccionables de kiosco, ya lo veremos. Cuando se sepa, ya no importará, y sea cual sea la respuesta habrán cumplido su función. Y mira, si por el camino se despejasen otras sospechas, se descartasen indicios o el ex presidente fuese capaz de explicarlo todo, quién sabe si las joyas no valdrían para acusarlo igualmente de alguna otra cosa, por no haberlas declarado, por quedarse con regalos oficiales, por ser impropio de un socialista, o por hortera.
Lo de menos son las joyas, por si no se me entiende. Mañana mismo puedo comerme este artículo porque la policía demuestre que les fueron arrancadas a presos políticos venezolanos (ya puestos a dejarnos llevar por la euforia inquisitorial). Si no son las joyas, será cualquier otro elemento encontrado por la UDEF, incorporado por el juez al auto, interpretado por el PP, frivolizado por Ana Rosa, multiplicado por periódicos y televisiones: nos valen conversaciones grabadas, mensajes donde salga nombrado Zapatero, cantidades de dinero encontradas a su amigo y testaferro (lo de “presunto” no suele caber en los titulares), fotos de ostras, pagos sin explicación, informes verbales, viajes, comidas, agendas. Y espérate a que clonen su móvil, revisen todos sus correos o registren su casa, lo que saldrá de ahí.
Todo suma para la causa, todo huele mal, todo huele a lo mismo, todas son piezas del mismo relato culpabilizador: tomadas una por una, quién sabe si podrían explicarse, pero todas juntas funcionan a manera de “une los puntos”, y el dibujo resultante es indudable: Zapatero culpable. “La trama de Zapatero”, titulan ya los medios (lo de “presunto” no suele caber en los titulares, será eso), y sirve para que cualquier cosa que hayan hecho otros investigados, se adjudique automáticamente a “la trama de Zapatero”, es decir, a Zapatero.
Cada revelación policial, judicial y mediática se inscribe en el mismo relato, el único posible. Tal vez alguna necesite un contexto para ser explicada, pero ahora tienen un contexto irresistible que no precisa más explicaciones. Lo hemos visto en otros procesos judiciales (que se lo cuenten a Begoña Gómez): una vez que la policía, el juez o un periodista empiezan a excavar, sale de todo, y todo vale, todo suma, aunque no tenga relación con el asunto inicial. Todo ello además filtrado y dosificado durante semanas, cada día con su revelación escandalosa, como una muerte a pellizcos de la que nadie, tampoco Zapatero, puede salir vivo.
No sabemos si Zapatero es culpable, ni de qué, ni hasta dónde. O sí, lo sabemos: solo puede ser culpable, de algo, de lo que sea, de todo. ¿No has visto las joyas? ¿Qué más pruebas necesitas?