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Mario Draghi y el oro del Rin

31 de agosto de 2026 21:30 h

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La noticia apareció en los últimos días de agosto, de manera poco convencional y aparentemente discreta, en una red social: “Bajo el liderazgo de Mario Draghi y @patrickc, hemos creado el Rhine Group: responsables políticos, economistas, emprendedores y empresarios que impulsan las reformas europeas y la agenda Draghi.” Era un tuit del economista y ex diputado europeo Luis Garicano, que será el secretario ejecutivo del nuevo grupo. Su mensaje remitía a la página web del grupo (rhinegroup.eu), donde solo aparecen el listado de los integrantes del grupo y una breve presentación del mismo.

Presentación breve, pero contundente. Comienza con una constatación que impacta (“De las cincuenta empresas tecnológicas más importantes del mundo, solo cuatro son europeas”), y le sigue una precisa declaración de intenciones: “El reto de Europa es existencial. Si el estancamiento persiste, el continente perderá irreversiblemente la capacidad de financiar los pilares esenciales de un Estado moderno: defensa, sanidad pública, pensiones, educación, inversiones climáticas y la red de seguridad para quienes se quedan sin empleo (…) Los ciudadanos europeos están pidiendo a sus líderes que levanten la vista de las urgencias cotidianas para mirar hacia un destino común y asumir la magnitud del desafío. El Grupo del Rin nace con la ambición de ser uno de los espacios donde comience esa tarea.”

La lista de los integrantes del grupo es consistente. Con dos premios Nobel de economía (Philippe Aghion y Bengt Holmström) y varios que con justicia podrían serlo en el futuro, es un elenco de 59 personas de distintos países de la UE, todas ellas destacables en sus respectivos ámbitos. Junto a Luis Garicano, que será el secretario ejecutivo, aparecen Andreu Mas-Colell, Carlos Torres (consejero delegado del BBVA), y Cristina Garmendia (exministra de Ciencia y Tecnología). En conjunto, es una interesante mezcla de talentos, donde no falta algún Wunderkind de la IA y la biotecnología, como el irlandés Patrick Collison, que junto a Draghi consta como copresidente y cofundador de la iniciativa.

La constitución de este grupo y su composición serían ya de por sí una noticia interesante. Sin embargo, y sin menoscabo de nadie, el hecho de que el grupo nazca bajo el impulso y la dirección de Mario Draghi convierte esta noticia interesante en interesantísima. Hay que ponerse en situación para deducir que la fundación de este grupo no significa la aparición de un nuevo think tank como los que por fortuna no faltan en Bruselas, sino una iniciativa netamente política. Hace dos años, en septiembre de 2024, Mario Draghi presentó un informe, titulado oficialmente “El futuro de la competitividad europea”, encargado por la Comisión Europea y conocido como Informe Draghi. Era un diagnóstico y un conjunto de propuestas para superar el estancamiento de la Unión Europea, en términos de anemia inversora, atraso tecnológico y pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China, Entre otras medidas, Draghi abogaba por profundizar la integración dentro de la UE, a través de lo que con posterioridad ha calificado de “federalismo pragmático”, movilizando el mercado de capitales, simplificando las trabas burocráticas, y alineando la transición ecológica con la competitividad industrial.

Se dijo entonces que en sus más de 400 páginas, el Informe Draghi contenía unas 383 recomendaciones o medidas concretas. Dos años después, y a pesar de que su autor no ha ahorrado sus llamadas a la acción, el Financial Times ha compartido estudios que afirman que tan solo entre un 1% y un 15% de las medidas propuestas se habrían implementado plenamente. Las reformas más complejas (en mercados de capitales, costes energéticos y financiación conjunta) estarían detenidas, sobre todo por las reticencias de los Gobiernos nacionales a ceder competencias. La inquietud del expresidente del Banco Central Europeo es comprensible, y compartida por muchos.

Ahora bien: Draghi es un “técnico” de primerísimo nivel, pero también es un político (ha sido presidente del consejo de ministros de Italia). Se le recuerda especialmente por su declaración del 26 de julio de 2012, siendo presidente del Banco Central Europeo (“El BCE está dispuesto a hacer todo lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”) que se dice que salvó el euro. Aquel «Whatever It Takes», que fue un gesto político, tuvo un efecto fulminante, es recordado, e incluso figura en la letra de varias composiciones musicales.

¿Por qué referirse al Rin al dar nombre a su grupo? Se ha hablado de una referencia al río que a lo largo de los siglos ha separado y unido a Francia y Alemania (una invocación a la sinergia franco-germana), o de una invocación al “capitalismo renano” (libre empresa, estado de bienestar, negociación empresarios-sindicatos) que Michael Albert contrapuso al modelo americano. Es curioso que nadie haya evocado el ciclo wagneriano de El anillo del nibelungo. En su ópera introductoria (El oro del Rin), tres ninfas acuáticas, hijas del río, deberían custodiar el noble metal depositado en el fondo, pero por ingenuidad e impericia son engañadas por el enano Alberich, que roba el oro y fabrica con él un anillo de poder ilimitado, que causará la interminable historia de codicia, traición y tragedia de la tetralogía de Wagner.

“Europa tiene el talento, el capital y las instituciones”, dice el Grupo del Rin, “pero su prosperidad no está garantizada; hay que construirla”. Este es nuestro “oro del Rin” que hay que preservar. El mensaje de Draghi es claro: no hay que dejar que por pasividad, ingenuidad o incompetencia nos lo arrebaten. “No es demasiado tarde para cambiar la trayectoria de Europa, si tomamos las medidas adecuadas hoy” es su mensaje de urgencia. ¿Qué medidas son las adecuadas? Draghi, que es un hombre de frases cortas, indelebles, gusta de repetir un comentario del economista alemán Rudi Dornbusch, fallecido prematuramente, que fue colega suyo: «Las cuestiones complicadas tienen respuestas sencillas equivocadas». Tan pueril sería pensar que unas simples soluciones tecnocráticas son el remedio milagroso que nos va a sacar las castañas del fuego como creer en las cínicas imposturas de los nacionalpopulismos.

Solo la política nos salvará. Pero debe ser buena política democrática, técnicamente cualificada, solvente. Para bien y para mal, sabemos que es en los territorios de frontera y en las situaciones de emergencia donde suelen surgir las ideas y las acciones decisivas. Ojalá esta iniciativa de Draghi y de su cordada, que intenta ocupar un terreno fronterizo entre el talento experto y la política, en vez de alimentar las rivalidades en Bruselas signifique exactamente lo contrario: un revulsivo, un catalizador del cambio de ritmo y de trayectoria que la Unión Europea precisa urgentemente. Lo necesitamos ante la doble amenaza de un mundo peligroso y de unas derechas radicales que en Europa van a la zaga de un Trump disparatado. Quizá el nibelungo de Washington -toquemos madera- ha iniciado su ocaso; pero ha causado ya suficientes desastres.