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Si yo te digo “ático”, tú piensas en...

11 de agosto de 2026 22:06 h

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Venga, un juego ligerito para el verano, pasatiempo de playa: yo digo un nombre y tú me dices la primera palabra que te pase por la cabeza, sin pensar, rápido y espontáneo, lo primero que te venga. Por ejemplo, yo digo “Netanyahu” y tú dices… ¿Genocidio? O yo digo “Ferran Torres” y tú dices… ¿Gol? ¿Mundial? Se entiende el juego, es fácil, venga.

Yo digo “Trump” y tú dices… ¿Guerra? ¿Arancel? Yo digo Putin y tú dices… ¿Ucrania? Yo digo “Milei” y tú dices… ¿Motosierra? Yo digo “Pedro Sánchez” y tú dices… ¿Perro? ¿Begoña? ¿Hijo de puta (no te sientas mal, la rima facha ha calado en el subconsciente)? Yo digo “Feijóo” y tú dices… Yo digo “Felipe VI” y tú dices… Yo digo “Rosalía” y tú dices… Yo digo “Pérez Reverte” y tú dices… Podemos seguir dando nombres, y nos reiremos con las asociaciones de ideas automáticas que salen, y cómo la mayoría coincidimos en ellas, a veces al 100%.

Por ejemplo, si yo digo “Díaz Ayuso”, estoy convencido de que la primera palabra que te vendrá a la cabeza es… Ático. Ninguna sorpresa. Hace unos años, te habría salido de primeras “caña de cerveza”, “libertad” o “fruta”. Pero ahora, cualquiera a quien le hagas el juego, tanto si es de izquierda como de derecha, la palabra que sin pensar acude a la cabeza al oír el nombre de Ayuso es, sin excepción, ático. Digo más: podríamos darle la vuelta al juego, decir palabras y asociarles nombres conocidos. Y si yo digo “ático”, tú sin dudar dirás: Ayuso. Puedes probar hasta con tus hijos pequeños.

Toda esta tontada de juego es para subrayar la gigantesca torpeza de Díaz Ayuso y su equipo con la gestión nefasta, turbia, necia y ya veremos si delictiva, que han hecho de todo el asunto del ático que la empresa pública madrileña compró por un dineral, el ático que iba a servir de sede de su presidencia por unas obras en Sol, el ático que luego resultó que no iba a ser para Ayuso si no para oficina de algún consejero, el ático que al final no podía usarse para oficinas pero tampoco iba a ser residencia oficial ni oficiosa, el ático que se compró sin transparencia y exigiendo confidencialidad al vendedor, el ático que alimentaba la polémica justo cuando su novio ponía a la venta los dos áticos donde vive con ella, el ático que al final se iba a vender para ayudar a los afectados de los incendios, el ático que luego resultó que no se podía vender para ayudar a los afectados de los incendios, el ático que se ha acabado poniendo a la venta, el ático que ha terminado en el juzgado

Venga, otro juego, ahora de agudeza visual: ¿cuál es la palabra más repetida en el párrafo anterior, que es también la palabra más repetida en todos los titulares de prensa que estos días han comentado el enredo? ¿Se ve bien, o la pongo en negrita? Venga, en negrita:

“Toda esta tontada de juego es para subrayar la gigantesca torpeza de Díaz Ayuso y su equipo con la gestión nefasta, turbia, necia y ya veremos si delictiva, que han hecho de todo el asunto del ático que la empresa pública madrileña compró por un dineral, el ático que iba a servir de sede de su presidencia por unas obras en Sol, el ático que luego resultó que no iba a ser para Ayuso si no para oficina de algún consejero, el ático que al final no podía usarse para oficinas pero tampoco iba a ser residencia oficial ni oficiosa, el ático que se compró sin transparencia y exigiendo confidencialidad al vendedor, el ático que alimentaba la polémica justo cuando su novio ponía a la venta los dos áticos donde vive con ella, el ático que al final se iba a vender para ayudar a los afectados de los incendios, el ático que luego resultó que no se podía vender para ayudar a los afectados de los incendios, el ático que se ha acabado poniendo a la venta, el ático que ha terminado en el juzgado…”

El juego ya funcionaba antes de toda esta polémica, ya acudía “Ayuso” a nuestra cabeza cuando leíamos “ático”. Ahora, con el sospechoso sinsentido del ático de ida y vuelta, la presidenta madrileña y su equipo han conseguido que su nombre quede vinculado al significante “ático” de manera blindada. Como el viejo “no pienses en un elefante”, es imposible oír “ático” y no pensar en Ayuso, sale sin querer.

Al margen de las irregularidades, las de su novio y las de la empresa pública madrileña, incluso aunque todo fuese legal y sin tacha política, lograr esa relación íntima entre Ayuso y ático, en una comunidad con la emergencia de vivienda que sufre Madrid, con miles de ciudadanos suspirando no por un ático sino por una habitación en alquiler, es la típica genialidad de comunicación política que se estudiará en las facultades. Enhorabuena.