¿Y si gana la izquierda?
Voy a empezar por una confesión. Cuando Pedro Sánchez convocó elecciones anticipadas, respondiendo al rechazo en el Congreso a los dos decretos de vivienda y al estallido de indignación social tras el desahucio de Maricarmen, yo pensé, como otros muchos, que era un buen momento para convocar elecciones, pero que estas estaban de cualquier manera perdidas. Las generales de 2023, recordemos, se ganaron por los pelos y por unos cuantos miles de votos decisivos en algunas provincias clave, en algunos casos centenares de votos.
Mi razonamiento procedía tal que así: para que existiera alguna posibilidad de una mayoría de izquierdas, la izquierda institucional tendría que no haber perdido apenas votos desde 2023. Como cada vez que se han abierto las urnas desde entonces se ha confirmado una pérdida de votos –particularmente acusada en el caso del PSOE, pero también a su izquierda–, como cualquier tiempo en el Gobierno desgasta, y Sánchez ya carga con ocho años a sus espaldas, una hipótesis de victoria se me antojaba del todo imposible. Qué lógica, pues, al adelanto: maximizar sus resultados, tener un buen grupo parlamentario, quedar quizá por delante del PP, aguantar dignamente el envite, y se acabó. A freír a la derecha desde la oposición.
No contaba yo con la torpeza del Partido Popular, que afloró en 2023 en las últimas semanas de campaña, cruzado ya el Rubicón, en aquella entrevista de Feijóo con Intxaurrondo o en su embrollo en la recta final entre rumores, fotografías, narcotráfico, lanchas. No hallo explicación razonable para acudir a la Cadena SER, a una entrevista con Aimar Bretos, en terreno de juego progresista, y acometer en directo un sincericidio. Si tu futuro depende de la fuga de votantes del PSOE a tu espacio político, votantes moderados, votantes a los que Vox espanta, ¿cómo vas ahí a declarar que habrá que revisar el aborto, que desmontarás el ministerio de Igualdad, que pactar con Vox te parece estupendo? ¿Tanto obsesiona en esa orilla la competición electoral con Vox, como para no darse cuenta de que el PP sólo puede ganar por las fugas de voto del PSOE?
Trackings aparte, la realidad es que sondeos como el de IMOP, publicado por El Confidencial, cuentan la historia de una derecha que en escasos días de precampaña habría pasado de una absoluta de 194 escaños a moverse en los 188, mientras la izquierda crecería, por dos bandas: por acercarse el PSOE a la primera posición y por una dinámica muy buena del Frente Amplio tras pasar página del drama de las coaliciones. Según especialistas en escucha de redes sociales, como Lisenin, que hace una simulación de cómo se repartirían las elecciones si lo que las determinara fuera la conversación en redes sociales, el PSOE llevaría desde comienzos de la medición dominando absolutamente la conversación, con Vox en un segundo lugar y el Partido Popular superado hasta por el Frente Amplio. Por más que poco tenga que ver la proyección con lo que luego arrojan las urnas, la realidad es que esta campaña no tendrá nada de “por fin”; su duelo no será como el cara a cara entre Sánchez y Feijóo, más bien una pregunta, si Vox en el Gobierno o continuidad de una coalición progresista. La incomparecencia del PP le pone en ese escenario las cosas tremendamente fáciles a Sánchez.
Es virtualmente imposible, he oído a algunos decir, que la izquierda gane las elecciones: sólo sucede en una de cada cien simulaciones, no lo cuenta ninguna encuesta, etcétera. Yo sigo creyendo que es extraordinariamente difícil ganar –igual que, por cierto, lo era en 2023–, pero hay que tener en cuenta que no vivimos, que sepamos, ni en la virtualidad ni en la simulación. Este, el nuestro, el mundo de los vivos, se escribe cada día, y mil cosas pueden girarse de aquí al 29 de noviembre. Aunque la campaña no haya empezado, creo que somos muchos, igual que antes muchos dudábamos, quienes empezamos a hacernos la misma pregunta: ¿Y si gana la izquierda? Y, ay, después: ¿qué sucedería? ¿Qué pasaría si una derecha tan crecida, con tantas ganas de arrasar con todo, se viera otra vez derrotada en el último asalto y tuviera que conformarse en una ocasión más con el fracaso? Los últimos años de Gobierno progresista no han sido ni los más productivos ni los más luminosos, pero puede pesar más que eso, en el ánimo de la ciudadanía, el deseo de que el clan de incompetentes que maneja hoy la derecha se quede con las ganas de gobernar. ¿Y si…?