Opinión y blogs

Sobre este blog

ciudadanas en minúscula

Ángela Ruiz Macías | socia de elDiario.es

0

Leía el otro día el artículo de Elisa Beni, El topo y la serpiente (Historias de riders). En el que describía cómo la creación del estado de derecho nos protege a los que vivimos en sociedades avanzadas frente a situaciones atentan contra la dignidad humana. Describía cómo la ley no le permite a nadie vender un órgano, ni amputarse ninguna parte de su cuerpo, aunque quisiera el individuo, ni someterse en relación de esclavitud a otra persona, aunque alguien ante necesidad lo pidiera por escrito. No podía dejar de pensar mientras leía, que ese era el mismo argumento que yo siempre pienso cuando veo a diario la presencia de esclavitud, alegal pero aceptada, en nuestras sociedades avanzadas, la prostitución. ¿Por qué se sigue permitiendo una situación que atenta contra un pilar básico de la dignidad que es la inviolabilidad de nuestro cuerpo? ¿Por que se sigue mirando para otro lado ante verdadera esclavitud de niñas y mujeres? ¿Porque se ha desarrollado una legislación en un tiempo récord para la protección de los riders ( lo cual me parece maravilloso, no me malentendáis) y se sigue posponiendo la ley abolicionista que acabe con el sufrimiento de tantas mujeres? No puedo evitar tener puestas las gafas moradas y pensar que algo tiene que tener que ver precisamente eso, que son mujeres. La mayoría de los riders son hombres, no se podía permitir que un hombre estuviera en situación de esclavitud o explotación. La mayoría de las prostitutas son mujeres y niñas, pues vamos a seguir haciendo la vista gorda, sigamos mirando para otro lado. Es que la dignidad de la mujer siempre tiene precio, se puede vender, comprar, pisotear...la del hombre no. El hombre tiene desde hace mucho tiempo su Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, aprobada en 1789 por la Asamblea Nacional Constituyente francesa. La mujer tuvo también su Declaración de Derechos de la Mujer y la Ciudadana, escrita en 1791. ¿Sabéis que pasó con su autora, Olympique de Gauges? Que la guillotinaron por su osadía. Y muchísimos años después, seguimos siendo ciudadanas en minúscula. Las leyes que tendrían que proteger la dignidad de todas las mujeres, sobre todo a las que están en situación de extrema necesidad, nunca salen, nunca hay prisa, siempre se demoran, nunca son emergencias constitucionales. Por eso se sigue sin prohibir la prostitución, por eso se sigue mirando hacia otro lado con el problema de compra de vientres de alquiler. Porque los hombres no pueden perder nunca ni un ápice de su dignidad, porque entonces dejarían de poseer lo que les convierte en Ciudadanos con Mayúsculas de nuestra sociedad Avanzada (con mayúsculas también) Pero las mujeres pueden hacer lo que quieran con su dignidad, son Libres (con mayúsculas también, que está muy de moda la Libertad) de alquilarla, venderla, dejar que la pisoteen o, sencillamente, resignarse a que pertenezca a otros. El ministerio de Igualdad podía dar el paso definitivo en la lucha. Podía de verdad hacernos a todas iguales. No lo deje pasar señora Montero.

PD: Si alguien de verdad se sigue creyendo la milonga de que hay mujeres que se prostituyen por gusto y que es como un trabajo más, le recomiendo leer Milena o el fémur mas bello del mundo de Jorge Zepeda.