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Ecologismo sexy

Miguel Matbet

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Economistas del liberalismo económico están llamando a las derechas españolas a replantearse su posición sobre la ecología, y les apuntan el camino. Hay experiencias ya conocidas, por ejemplo en Alemania, Bélgica, Finlandia, etc.

No es algo nuevo, y ya lo hizo la socialdemocracia en un viaje a la inversa como lo ha hecho el centroderecha y la derecha europea en dirección contraria, pero para llegar al mismo punto.. Pero la derecha en España es otra cosa. En fin.

Detallan una estrategia a seguir por la derecha España, hasta ahora más negacionista y cutre, que en ningún otro lugar de Europa, para aceptar y apropiarse del discurso medioambiental en torno al grave problema ecológico en el que estamos inmersos, en lugar de seguir negándolo, que será un suicidio político a corto o medio plazo.

Desde una perspectiva lógica, si la derecha representa a los intereses del capital, cabría preguntarse dos cosas: si ¿será compatible que esa derecha dé por válido que la acción humana sobre el entorno natural es causa del deterioro medioambiental y la crisis climática, con sus graves y evidentes consecuencias? y otra, ¿si podrá la derecha asumir que debe cambiar el discurso para conseguir que nada cambie? Los economistas de referencia sostienen que sí. Que no solo pueden, sino que deben hacerlo e Invitan a la derecha a la conquista del espacio de preocupación colectiva por el medioambiente, para así desviar la dirección de las miradas, de las denuncias y de las propuestas tradicionales del ecologismo, que hasta ahora han estado muy centradas en los males del sistema económico, más próximas a los cuestionamientos y postulados de la izquierda, para adaptarlas al terreno del liberalismo económico y al estilo de vida imperante, basado en el individualismo y el consumo.

Proponen a la derecha diseñar el acomodo del ecologismo en el terreno de la “eficiencia económica” y liderar el discurso, para pasar de propuestas éticas y de cambios profundos, a propuestas de medidas correctoras o compensadoras del problema, es decir, de medias tintas. Demandan a las derechas una nueva mirada más sexi (así lo llaman) hacia el problema ecológico, un look moderno y para un ecologismo del siglo XXI, que reste protagonismo, sacrificio y esfuerzo al “ser consumidor”. Qué ya se encargará el propio capital de poner recursos y medidas técnicas correctoras del deterioro medioambiental que el propio modelo produce. Y así, todos a seguir consumiendo desaforadamente mercancía, sea real o virtual, despreocupados y ajenos al saqueo de los pueblos, de los territorios de los recursos; es decir, un ecologismo sexi, que no cuestione el poder.