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Un estudio propone atajar el ‘Superniño’ con geoingeniería: aumentar el brillo de las nubes marinas podría debilitarlo

El calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico que se produce durante El Niño.

Antonio Martínez Ron

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Mientras las previsiones advierten de la llegada del fenómeno El Niño más intenso de la historia, algunos científicos están buscando una solución desesperada. En un trabajo publicado este miércoles en la revista Science Advances, dos investigadoras del Instituto Scripps de Oceanografía, Kate Ricke y Jessica Wan, proponen paliar los efectos globales producidos por el calentamiento extremo de las aguas del Pacífico mediante una intervención de geoingeniería: crear nubes marinas que reflejen más luz solar y sirvan como contramedida.

El Niño es un fenómeno climático natural que consiste en el calentamiento anómalo y persistente de las aguas superficiales del océano Pacífico, lo que altera los patrones atmosféricos y meteorológicos en gran parte del planeta. La geoingeniería es la alteración del clima mediante intervenciones tecnológicas, como inyectar aerosoles en la atmósfera para aumentar del brillo de las nubes, una estrategia rodeada de controversia por la imprevisibilidad de sus consecuencias.

Inspiradas por los megaincendios

Para concebir la idea, Ricke y Wan se inspiraron en los efectos que los megaincendios forestales en Australia en 2019 y 2020 produjeron en la atmósfera. En aquel “experimento natural”, el humo que se elevó estaba cargado de aerosoles reflectantes que interactuaron con las nubes y aumentaron la cantidad de radiación solar que rebotaba hacia el espacio. Esto redujo la cantidad de calor que llegaba a la atmósfera inferior y que alimentaba a El Niño, lo que a la vez intensificó el fenómeno de La Niña —un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial— que se formó en 2020. “Fue el avance clave para que esto se convirtiera en una pregunta de investigación viable”, dice Ricke. “Sin esa oportunidad de validación, no creo que nuestros hallazgos fueran tan creíbles”.

En este nuevo trabajo, que ha contado con el apoyo de la Fundación Nacional de Ciencias (NSF), la NASA, el Departamento de Energía de Estados Unidos y la NOAA, las científicas han realizado simulaciones sobre lo que ocurriría si se hubiera aplicado un aumento deliberado del brillo de las nubes marinas en el Pacífico sudeste y central durante los principales fenómenos de El Niño que se originaron en 1997 y 2015. Y el resultado sugiere que este intervención habría atenuado los efectos del evento de El Niño y produciría un enfriamiento.

Necesitamos comprender mucho más, pero si existe una manera de utilizar esto para mitigar El Niño, ¿por qué no considerarlo?

Kate Ricke Investigadora del Instituto Scripps de Oceanografía, y autora principal del artículo

Esto les lleva a concluir que los responsables de la toma de decisiones a nivel gubernamental deberían considerar en el futuro planes reales de geoingeniería aplicadas sobre la variabilidad natural de estos fenómenos, de modo que no sea necesaria una intervención continua y sostenida en el tiempo, uno de los grandes inconvenientes y aspectos preocupantes de esta estrategia. “Necesitamos comprender mucho más, pero si existe una manera de utilizar esto, además de las herramientas de reducción de riesgos para mitigar El Niño, ¿por qué no considerarlo?”, plantea Ricke.

La investigadora principal reconoce que suele estar firmemente del lado de los científicos que instan a la cautela cuando se habla de geoingeniería, pero cree que este caso es diferente. En su opinión, la geoingeniería podría usarse para fenómenos de El Niño como el que se está formando ahora de forma puntual, a diferencia de los planes de geoingeniería que requieren cooperación internacional para gestionarlos a lo largo de años o décadas. “Una de las mayores preocupaciones sociales en torno a la geoingeniería es que, si la utilizamos para reducir los riesgos climáticos a largo plazo, debemos implementarla de forma continua e indefinida”, añade Wan. “Si pudiéramos aprovechar la variabilidad natural, podríamos obtener algunos de los beneficios de la geoingeniería sin tener que emplearla indefinidamente”.

¿Oportuno o temerario?

Para Francisco J. Tapiador, catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), se trata de una propuesta temeraria. “Modificar el clima basándose en salidas de modelos es una imprudencia”, explica a elDiario.es. “Cualquiera que trabaje con modelos sabe que las incertidumbres muchas veces superan a la señal climática. Y emplear un único modelo no es lo correcto, sobre todo si se le empuja hacia un resultado”.

Afortunadamente es probable que no se lleve a cabo, porque los riesgos y las responsabilidades derivadas serían inasumibles para quien lo hiciera, ya que se arriesgan a demandas multimillonarias

Francisco J. Tapiador Catedrático de Física de la Tierra en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM)

Por otro lado, señala Tapiador, no conocemos lo suficiente de los procesos físicos de El Niño como para intentar modificarlo. No sabemos si hay efectos no-lineales que pudieran dar lugar a inestabilidades y a trayectorias imprevistas y podríamos empeorarlo, advierte. “Como suele suceder en este tipo de estudios, se ignora la parte social y económica. No hay un análisis de riesgo/beneficio ni nada parecido”, señala. “Afortunadamente es probable que no se lleve a cabo, porque los riesgos y las responsabilidades derivadas serían inasumibles para quien lo hiciera, ya que se arriesgan a demandas multimillonarias. Esa es una de las razones por las que está estancada la geoingeniería sobre los huracanes”.

Ernesto Rodríguez Camino, meteorólogo Superior del Estado y presidente de la Asociación Meteorológica Española, cree, en cambio, que se trata de un trabajo muy oportuno, ahora que nos encontramos inmersos en un evento de El Niño que las predicciones estacionales estiman que puede tener una intensidad excepcional. En este sentido, asegura al SMC, considera que es una aportación positiva y cree que “dará lugar a otros muchos trabajos en los que se exploren formas de mitigar extremos meteorológicos y climáticos, origen de tantas pérdidas humanas y materiales”.

Carlos García-Soto, investigador del CSIC (IEO), cree que es una contribución científica interesante, pero coincide en que conviene interpretar sus resultados con prudencia. “El estudio demuestra que esta hipótesis merece ser investigada, pero no que el sistema climático pueda modificarse deliberadamente con un nivel de seguridad suficiente para plantear una aplicación real”, explica al SMC. “Modificar deliberadamente un sistema climático tan complejo como El Niño exige un nivel de evidencia muy superior al necesario para demostrar que una hipótesis es físicamente plausible”.

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