La portada de mañana
Acceder
El PP hace visible su alianza con Vox para gobernar en España
Ayuso oculta un encuentro con el lobby de ultrarricos que fichó a Lasquetty
Opinión - 'Como si fueran las elecciones de nuestra vida', por Rosa María Artal

CRÓNICA

La violencia en Francia allana el camino al mensaje de ley y orden de la derecha y la ultraderecha

20 de octubre de 2026 21:36 h

0

Los violentos incidentes de Francia del sábado eran demasiado sabrosos como para despreciarlos. Para la extrema derecha, y no solo ella, era otra excelente oportunidad en favor de su mensaje apocalíptico por el que la civilización europea está en peligro por culpa de los extranjeros. “Quizá esté claro ahora para todos por qué Hungría reclama una política lo más estricta posible con la inmigración”, dijo Péter Magyar, primer ministro del país. Magyar abandonó el partido de Orbán y le ganó en las elecciones, pero su mensaje xenófobo no dista mucho del de su antiguo jefe. “Polonia no repetirá los errores de otros países europeos sobre inmigración”, dijo el (presunto) liberal Donald Tusk, que preside el Gobierno polaco.

A seis meses de las elecciones presidenciales, el debate fue lógicamente más intenso en Francia. Marine Le Pen debía compatibilizar su comprensión por la motivación económica de las protestas que debilitan a Emmanuel Macron y sus candidatos centristas con sus constantes apelaciones al votante conservador. “Los liberaremos de las políticas tóxicas macronistas y los protegeremos de la violencia de la extrema izquierda”, dijo. Fue un fin de semana perfecto para la candidata favorita de cara a la primera vuelta de las futuras elecciones.

En España, el interés por rentabilizar las llamas del sábado en varias ciudades es mucho mayor al estar más cerca los comicios. Poco después de que el PP bloqueara en el Senado la aprobación de un tratado de amistad con Francia, Alberto Núñez Feijóo confirmó una vieja tendencia de la derecha por la que nada bueno se puede esperar del vecino del norte: “Las imágenes que nos llegan de ese país nos demuestran que la violencia que está alentando la izquierda radical jamás es el camino para mejorar una nación”.

Era previsible que Isabel Díaz Ayuso le superara por sus propias razones. En su caso, para desprestigiar a los profesores de la educación pública que se han declarado en huelga, además de a la izquierda en general. “Quisiera saber si lo que estamos viendo en el resto de Europa va a trasladarse también a las calles de Madrid con el 'no habrá paz' (por la frase de Manuela Bergerot en la Asamblea), porque se parece bastante a lo que está ocurriendo en otros muchos sitios”. Su gran aspiración es que cualquier atisbo de disturbios en la calle haga que sus votantes se olviden del que podía haber sido su ático.

Con la mayor parte de Europa gobernada por la derecha y la extrema derecha, las manifestaciones de rechazo a una realidad compuesta por salarios insuficientes, viviendas extremadamente caras y pocas esperanzas para los jóvenes deberían reforzar el mensaje impugnador de la izquierda, no tanto en el caso de España al estar en el poder. Para responder a esa posibilidad, en el lado opuesto se apuesta con urgencia por la xenofobia y el racismo, aunque no haya pruebas claras sobre la identidad u origen de los protagonistas de los disturbios.

Con un vídeo del incendio que destruyó casi todo el Ayuntamiento de Limoges, Santiago Abascal lo ofreció como ejemplo de lo que vendrá: “Esto es lo que espera a Europa con el islamoizquierdismo. Bárbaros arrasando todo resto de belleza y civilización”. A diferencia de Le Pen, el líder de Vox no muestra ningún tipo de comprensión hacia ciertas reivindicaciones económicas de la movilización social. Todo lo ve en términos raciales, porque sus propuestas económicas son casi indistinguibles de las del PP, que es algo que no ocurre en Francia.

La policía francesa detuvo el martes al sospechoso de ser responsable del inicio del fuego que destruyó el Ayuntamiento. Resultó ser un francés de 34 años con antecedentes penales, residente en un pueblo cercano y sin conexión con los movimientos estudiantiles.

En lo que sí repite un modelo que se extiende por toda Europa, Abascal eligió una imagen falsa de unos ancianos desnudados por sus agresores y generada por inteligencia artificial. No había que ser un gran especialista para detectarlo con una mano de cuatro dedos y un encapuchado que parecía tener dos cabezas, pero surtió el efecto que buscaba Vox. Tuvo 20.000 'likes' en Twitter y 5.000 retuits. “La izquierda islamista, con el apoyo del Partido Popular europeo, han traído estos salvajes a nuestras calles”, escribió. La cuenta de la que había cogido el vídeo lo borró tiempo después al detectarse el fraude. Abascal, no.

Por mucho que haya habido disturbios muy graves, la movilización de los estudiantes apoyada por otros colectivos sociales ha sido pacífica en su mayor parte. Centenares de miles de personas participaron en las manifestaciones del sábado en toda Francia, pero la atención se centró el día después en los miles que se enfrentaron a la policía o que saquearon tiendas en el centro de París.

El discurso de la Francia laica donde todos los ciudadanos son iguales ante la ley con independencia de su origen social o identidad étnica es uno de los grandes mitos de la sociedad francesa que aún se recuerdan en el exterior con una cierta admiración. En una entrevista con este diario, la escritora Maryam Madjidi cuenta que no le han sorprendido nada las denuncias de los jóvenes: “Se ve que lo que yo sufrí en los años 90, es decir, la farsa de la igualdad de oportunidades. Me hicieron creer que la República era igualdad de oportunidades para todos. De hecho, no era así en absoluto. Porque yo lo descubrí más tarde, cuando entré en un sistema elitista y me di cuenta por completo de que estaba excluida de ese sistema”.

Las consecuencias de esa conmoción social pueden no ser las que pretenden los que salen a la calle. El Mayo del 68 cautivó la imaginación de la izquierda en Europa occidental y algunos creen ver ahora un fenómeno similar. La rebelión de la juventud pretendía despertar a una sociedad adormecida en los últimos años de la era de De Gaulle.

El resultado no fue el esperado. A finales de junio de ese año, se celebraron elecciones legislativas. Ganó el bloque de la derecha con un 57%. La izquierda salió derrotada con un 42% y perdió un centenar de escaños. Las elecciones presidenciales de 1969 fueron para el conservador Georges Pompidou con un 58% de votos en segunda vuelta.

El ministro francés de Interior, Laurent Nuñez, admitió que la policía no había podido hacer frente a la dimensión masiva de los disturbios. El titular de Justicia, Gérald Darmanin, reconoció que las autoridades “habían fracasado sin duda” a la hora de contener la violencia. Por todo ello, Sylvie Kauffmann, columnista de Le Monde, llegó a la conclusión de que “Francia está a la deriva política, fiscal y socialmente”.

Sin mayoría en la Asamblea Nacional y con un déficit público imparable, el Gobierno parece haber sido abandonado a su suerte por Macron. O quizá ya no tiene respuesta para una crisis en ascenso y una contestación social creciente. El día antes de los algo más que previsibles disturbios del sábado asistió con su mujer a un concierto de Céline Dion. Solo sirvió para reforzar la imagen de un presidente que ha dado la espalda a la realidad.

Todos los acontecimientos parecen conspirar en beneficio de Le Pen, que hizo público un vídeo con la escenografía habitual en una declaración presidencial. “Es como si ya estuviera en el cargo, como si ya hubiera llegado al Palacio del Elíseo”, dijo Adélaide Zulfikarpasic, de la empresa de encuestas Ipsos, a The Wall Street Journal. Los macronistas están indignados. “Todo beneficia a la extrema derecha”, reconoció la eurodiputada Nathalie Loiseau, que apoya al candidato liberal Edouard Philippe. “Están sobrevolando la violencia como buitres”.