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OPINIÓN | 'Francia, entre la protesta social y el caos organizado', por Neus Tomàs

Las protestas se extienden por Europa mientras la derecha culpa a la migración de los disturbios en Francia

Un coche arde en la Plaza de la República de París mientras se producen enfrentamientos entre manifestantes y la policía durante una manifestación contra el aumento del coste de la vida y los recortes en los servicios públicos.

Icíar Gutiérrez / Rodrigo Ponce de León

Madrid / Bruselas —
19 de octubre de 2026 21:54 h

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Un edificio del siglo XIX devorado por las llamas. La imagen del campanario del ayuntamiento de Limoges derrumbándose consumido por el fuego ha causado conmoción dentro y fuera de esta ciudad del centro de Francia después de que el sábado un grupo de individuos aprovechara la protesta que discurrió de forma pacífica en la pequeña localidad para atacar el edificio, provocando un incendio. En Lyon, otro edificio histórico, la oficina de Turismo, es ahora un cascarón humeante.

Los disturbios, los choques con la policía y los saqueos en varias ciudades francesas durante las protestas contra el encarecimiento del coste de la vida de este fin de semana, desarrolladas en un clima de fuerte tensión, han acaparado los titulares. Pero antes, cientos de miles de personas, muchas de ellas escolares y padres de familia, se habían unido a marchas en todo el país que congregaron a numerosos grupos, incluidos sindicatos y simpatizantes del antiguo movimiento de los ‘chalecos amarillos’.

Algunos líderes políticos europeos han aprovechado las imágenes de los altercados para reconducir el debate sobre las políticas migratorias. Tras el fracaso político en el pasado Consejo Europeo de Dinamarca, Polonia e Italia, que intentaron que la UE censurase la regularización migratoria de España, los disturbios en las calles francesas han llevado a varios dirigentes europeos a colocar a la inmigración en el centro del origen de la violencia, aunque no hay ninguna prueba de que hayan sido protagonizados por inmigrantes. Los discursos siguen la estela que han marcado el presidente de EEUU, Donald Trump, al relacionar a la población inmigrante con los violentos disturbios: “Los migrantes han tomado Francia. ¡Deben CERRAR LAS FRONTERAS, RÁPIDO!”, indicó en su red social Truth Social.

Los estudiantes franceses llevan un mes protestando contra el estado del sistema educativo y exigiendo la reparación de edificios deteriorados –especialmente en los barrios más desfavorecidos–, clases con menos alumnos y reformas en un sistema de admisión universitaria muy criticado. Desde entonces, las protestas y bloqueos estudiantiles se han convertido en el centro de una constelación de cuestiones diversas, que van desde el coste de la vida hasta el precio del combustible y los recortes en los servicios públicos. Problemas que cobran vida en otros países, desde Italia a Portugal, donde los jóvenes también han salido a la calle en los últimos días en protestas que se multiplican por Europa. 

“Las derechas tratan de islamizar todo y en el caso francés presentan la violencia como un mero resultado de la inmigración musulmana. Uno de los elementos que unen a las extremas derechas –bastante diferentes entre sí– es la idea de la decadencia de Occidente, pensada en clave identitaria: una élite globalista le abre la puerta a los bárbaros para mantenerse en el poder”, explica a elDiario.es el historiador Pablo Stefanoni, autor de los libros ¿La rebeldía se volvió de derechas? y Un fantasma recorre el mundo.

De Bruselas a Milán, pasando por Lisboa

Los estudiantes franceses han inspirado protestas en la vecina Bélgica, donde los jóvenes están expresando su preocupación por los recortes en materia de educación, así como por las condiciones laborales, los servicios públicos y la desigualdad. Varios cientos de personas protestaron en Bruselas el sábado entre consignas antifascistas. También salieron a la calle en Lieja. Las manifestaciones se iniciaron pacíficamente, formadas por jóvenes, profesores y sindicalistas. Sin embargo, a mediodía se empezaron a producir enfrentamientos con la policía durante la marcha de los manifestantes. La policía utilizó cañones de agua y gases lacrimógenos contra los participantes en la capital, mientras que algunos de los asistentes destrozaron mobiliario público, vehículos y prendieron fuego a un contenedor.

En Milán, así como otras ciudades cercanas como Turín o Bolonia, se han vivido este fin de semana manifestaciones contra el encarecimiento de la vida. La marcha que tuvo lugar el sábado en el centro de la capital económica del norte italiano también comenzó pacíficamente y derivó en disturbios y enfrentamientos con la policía, que respondió con cargas, gases lacrimógenos y cañones de agua. Un total de 271 personas fueron detenidas, el 80% de ellas menores de edad, según informa Ansa. 

La primera ministra Giorgia Meloni declaró que los “delincuentes” se “aprovechan” de las “manifestaciones para buscar el enfrentamiento y sembrar el caos”. En las redes sociales ha nacido un nuevo perfil, llamado ‘Movimiento 17 de octubre', que ha convocado a una concentración todos los sábados a las 15:00 “hasta la caída de este Gobierno”. “Somos los de las plazas. Los que solo vemos violencia en la porra de los polis. Violentos sois vosotros, que nos habéis negado el futuro: lo vamos a recuperar”, dice.

El descontento de los jóvenes llega hasta Albania, donde los manifestantes están exigiendo la dimisión del primer ministro del país, Edi Rama. Las movilizaciones comenzaron con marchas de estudiantes universitarios y alumnos de secundaria, que denuncian el elevado coste de los estudios, el deterioro de las instalaciones educativas, la falta de ayudas económicas y las escasas oportunidades laborales tras la graduación. Sin embargo, las reivindicaciones han evolucionado hasta convertirse en un movimiento más amplio contra la corrupción y el Gobierno. 

Las protestas abordan cuestiones diferentes (la educación en Francia, la vivienda en Portugal). Y, si bien es cierto que las demandas no son tan uniformes como lo fueron, por ejemplo, en la oleada de manifestaciones contra la austeridad, en el fondo comparten características similares: un descontento ante los elevados niveles de desigualdad y la imposibilidad de acceder a derechos que antes se consideraban pilares de la ciudadanía, como la educación o la vivienda

Vicente Valentim — Profesor adjunto de Ciencias Políticas en IE University

El sábado, los asistentes arrojaron adoquines, cócteles molotov y artefactos pirotécnicos a los agentes, e incendiaron coches y papeleras, utilizándolos como barricadas en llamas para impedir el avance policial. La policía disparó balas de goma y gases lacrimógenos. Los disturbios se producen tras meses de protestas antigubernamentales en la nación balcánica, la llamada Revolución de los Flamencos, desencadenada inicialmente por un controvertido proyecto turístico vinculado a la familia del presidente estadounidense, Donald Trump.

Entretanto, en Lisboa, los manifestantes han instalado un campamento de tiendas de campaña siguiendo la estela de las acampadas en España por el derecho a la vivienda, así como en la ciudad de Oporto. Cientos de personas se congregaron por la noche en la plaza del Rossio para denunciar la imposibilidad de acceder a una vivienda asequible y las políticas del Gobierno conservador de Luís Montenegro. Lo hicieron tras una marcha que había reunido a miles de asistentes en todo el país para reclamar mejoras salariales y medidas contra el aumento del costo de la vida. Los acampados, en su mayoría jóvenes, han decidido mantener la ocupación de la plaza mientras no obtengan respuestas concretas a sus reivindicaciones.

Decenas de manifestantes este 17 de octubre, en la Plaza Rossio, durante la protesta de vivienda '¿Harto? ¡Entonces monta tu tienda de campaña!'.

“Las protestas abordan cuestiones diferentes (la educación en Francia, la vivienda en Portugal). Y, si bien es cierto que las demandas no son tan uniformes como lo fueron, por ejemplo, en la oleada de manifestaciones contra la austeridad, en el fondo comparten características similares: un descontento ante los elevados niveles de desigualdad y la imposibilidad de acceder a derechos que antes se consideraban pilares de la ciudadanía, como la educación o la vivienda”, dice a elDiario.es Vicente Valentim, profesor adjunto de Ciencias Políticas en IE University

El experto recuerda que, históricamente, ha sido frecuente que las protestas se propaguen en diferentes países. “Sin embargo, esto solo ocurre cuando las causas estructurales que las originan son similares. En algunos casos, la reivindicación es exactamente la misma. En otros, aunque la demanda concreta difiera, existe una insatisfacción subyacente común respecto a la capacidad de respuesta de los sistemas políticos, la desigualdad y el acceso a derechos fundamentales; es precisamente este trasfondo compartido lo que permite que dichas protestas se extiendan”, añade.

Discurso antimigración

A juicio de Valentim, es la derecha la que tiene “mucho que perder”. “El clima político actual en Europa se inclina claramente hacia la derecha; no obstante, resulta sorprendente lo desconectados que han estado los partidos de derecha ante esta situación”. Según su análisis, estas protestas “tienen el potencial de seguir produciéndose y de dominar el debate político durante muchos meses”. “A menos que la derecha rectifique su rumbo, tiene mucho que perder en el plano electoral”, concluye.

Pero, durante las últimas horas, el rumbo de buena parte de la derecha europea ha sido aprovechar la expansión de las protestas para colar el discurso antimigración. El canciller austriaco, Christian Stocker, ha señalado en la red social X que “lo que comenzó en Francia e Italia como protesta fue apropiada por vándalos violentos. Las manifestaciones han dado paso a violencia cruda, saqueos y destrucción intencionada”, para posteriormente vincular estas actuaciones “con la migración de los últimos años”. “Se han traído a Europa actitudes y conflictos que no son los nuestros. Defenderemos de manera consecuente nuestra forma de vida. Quien no comparta nuestros valores no tiene cabida en Austria”, ha añadido. Stocker ha sido uno de los dirigentes europeos que ha colocado las políticas más duras contra la inmigración como eje de su Gobierno.

En la misma línea, con las imágenes del ayuntamiento de Limoges en llamas, el primer ministro de Hungría, Peter Magyar, apuntaba en X que “ante esta destrucción sin sentido y esta violencia injustificada, quizá ahora todo el mundo comprenda por qué Hungría defiende el enfoque más estricto posible en materia migratoria y por qué no cederemos a ninguna presión para relajar la protección de nuestras fronteras ni nuestra política de inmigración”. Pese a que en el Consejo Europeo pasado no se aprobaron medidas para endurecer aún más las políticas contra la inmigración, Magyar subrayó: “Me alegra que la actual cumbre de la UE haya dejado claro que la inmensa mayoría de los países europeos han abierto los ojos y quieren romper con las políticas permisivas del pasado. Esperamos que no sea demasiado tarde”.

También el primer ministro polaco, Donald Tusk, aunque sin mencionar a Francia, publicó en X que “Polonia no repetirá los errores de otros países europeos, ni pagará por ellos”. “Defendemos con firmeza la frontera contra la migración ilegal, tenemos nuestra propia política de asilo (no aceptamos solicitudes), deportamos a quienes violan la ley polaca. En materia de seguridad seremos implacables. Esto es lo que les dije a los líderes de Europa en Bruselas”. Polonia fue uno de los países, junto a Dinamarca e Italia, que plantearon sin éxito una declaración enérgica contra la regularización llevada a cabo por el Ejecutivo de Pedro Sánchez durante la cumbre europea.

En España, la formación de ultraderecha Vox ha sido la que ha recogido la estrategia de relacionar la inmigración con los actos vandálicos en Francia. Isabel Pérez Moriño, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, señalaba en X: “Lo de Francia es el preludio de lo que ocurrirá en España si no frenamos la invasión este 29N. ¡Es la hora de la remigración masiva!”.

Mientras que el eurodiputado de ultraderecha, Hermann Tertsch, acusaba a la Comisión Europea de intentar “ocultar las acciones criminales de la ultraizquierda y las hordas africanas en toda Europa es el ejemplo más sórdido y perverso de desinformación que se da en este continente”, a pesar de que en la mayoría de los medios de comunicación se han podido ver las imágenes de los destrozos. Los dirigentes de Vox han estado especialmente activos recogiendo imágenes de los sucesos violentos en Francia. Tanto que el líder de la formación de ultraderecha, Santiago Abascal, lanzó en redes unas imágenes falsas como si fueran hechos ocurridos en Francia, cuando realmente estaban creadas con inteligencia artificial.

“El grado de enojo aumenta en Francia”

Mientras tanto, Aitana, vecina de París, lleva participando en las movilizaciones desde el 17 de septiembre, cuando se produjo la primera protesta en un instituto de las afueras de la capital por “solidaridad” con las demandas de los estudiantes, entre ellas un aumento del presupuesto para la educación. Pero a la joven de 27 años también le mueve este malestar más amplio en el que convergen varias luchas. “El sábado me manifesté contra los 10 años de neoliberalismo de Macron y contra todo lo que ha supuesto en términos de destrucción de los servicios públicos”, dice a elDiario.es. “La vida está carísima. Es imposible encontrar pisos a precios normales, asequibles. Es imposible hacer una compra por menos de 35 euros. Es imposible desplazarse porque el coste del transporte público es elevadísimo”.

Asegura que no ha visto tal nivel de intensidad en las movilizaciones desde que llegó al país en 2017 –poco después, estalló el movimiento de los ‘chalecos amarillos’–. “Las protestas del sábado fueron completamente inéditas, por la intensidad y por la determinación de los jóvenes, me ha sorprendido muchísimo”, afirma la joven, de origen español, que vive cerca de la Plaza de la República, epicentro de las protestas. “Es cierto que ha habido daños. Mi barrio está destrozado, pero la mayoría de los manifestantes no cometen actos de vandalismo. El 99% de las personas que se manifestaron lo hicieron de manera pacífica y legítima. Y pienso que la situación la creó en parte el propio ministro del Interior, porque prohibió el recorrido inicial de la manifestación y lo cambió varias veces en los días previos, lo que también generó mucha confusión entre los manifestantes e hizo que desde el principio fuese un caos”.

La represión policial, con varios casos de adolescentes gravemente heridos desde que comenzaron las protestas, también ha alimentado la ira de muchos manifestantes. Este sábado, otro joven que participaba en una manifestación en la ciudad de Saint Étienne perdió una mano al explotarle una granada que, según algunas informaciones, recogió después de haberla lanzado la policía. Una chica de 17 años ha perdido un ojo en el marco de las protestas en la localidad de Mulhouse, una lesión que la Fiscalía ha encargado investigar a la Inspección General de la Policía Nacional. El número de detenciones ha sido notablemente alto.

La vida está carísima. Es imposible encontrar pisos a precios normales, asequibles. Es imposible hacer una compra por menos de 35 euros. Es imposible desplazarse porque el coste del transporte público es elevadísimo

Aitana — Manifestante y vecina de París, 27 años

“El Gobierno no hace más que avivar el fuego respondiendo con una represión policial que no hemos visto en años, también contra menores de 13, 14 y 15 años. Antes dejaban que la gente se manifestara y luego reprimían. Ahora, incluso antes de llegar a la manifestación, tiran pancartas a la basura, inspeccionan las mochilas y prohíben entrar directamente en la manifestación. Desde el minuto uno hubo maniobras de intimidación. A mí me identificaron por primera vez en mi vida porque me puse a grabar cuando estaban zurrando a un chico”, cuenta Aitana. “Esto genera mucho enfado. Y la represión es cada vez más dura, es toda la respuesta que tienen”, opina.

El ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, ha estado bajo presión por la actuación policial. Este lunes, ha admitido que las fuerzas de seguridad “perdieron el control” en algunas grandes ciudades durante los disturbios y ha dicho que los efectivos policiales desplegados fueron insuficientes ante la magnitud de los saqueos y otros actos violentos registrados al margen de las manifestaciones. El presidente Emmanuel Macron ha rechazado su dimisión y le ha pedido que introduzca “nuevos métodos de actuación”, según el Elíseo.

“El grado de enojo aumenta año tras año y este verano, según algunos indicadores, ha superado la ansiedad como sentimiento dominante. El conflicto social a menudo comienza donde no se espera. Este es el caso de los estudiantes de secundaria que, sin embargo, expresan una profunda incomodidad (disminución de la salud mental, condiciones de trabajo, perspectivas de vida, etc.)”, dice a este medio Olivier Rouquan, profesor asociado del Centro de Estudios e Investigaciones de Ciencias Administrativas y Políticas (Cersa) de París. “El Estado es ineficaz frente a la violencia y se ha vuelto débil para responder rápidamente a las expectativas específicas de los estudiantes de secundaria”.

En un contexto preelectoral, con las presidenciales en seis meses, desde el Gobierno y la presidencia han culpado a la “ultraizquierda”, mientras la extrema derecha de Marine Le Pen se frota las manos, asegurando que son ellos los que representan “la Francia del orden”. El primer ministro, Sébastien Lecornu, ha comparecido este lunes ante los medios tras una reunión de crisis y ha anunciado la puesta en marcha de toques de queda “parciales”.

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