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Dos generaciones de transformistas, cara a cara: “Nuestra realidad sigue siendo una tómbola”

Aquella noche supuso el principio del fin de algo terrible. Al instante, la mirada de Paco Martínez Zambrana (1964, Torrevieja, Alicante) viajó como un relámpago por toda la sala para colisionar de lleno con la de su hermana y su cuñado. El estruendo fue indecible.

Era 1983 y estaba subido a un escenario en un pub de ambiente de Murcia, el Piscis. Llevaba un vestido despampanante y estaba a punto de comenzar su show. Su familia llevaba meses sin saber nada de su paradero. “No sé cómo me encontraron”, cuenta. Más tarde, mientras él lloraba, ambos le dijeron: “No hagas esto más”. Se referían, exclusivamente, a su desaparición.

Aquella noche supuso el principio del fin de algo terrible porque Paco pudo comenzar a desentumecerse. “Esa situación me estaba matando, porque yo no quería eso. Yo quería ser yo, pero sin tener que ocultarme de nadie, y menos de la gente que quería”, explica. Al llegar a su casa en Torrevieja, sus padres se alegraron de verle. Lo demás fue insignificante al lado de su regreso.

En ese momento Paco tenía 19 años. Hacía cuatro que la persecución legal de la homosexualidad en España había cesado, pero quedaban otros cinco para que lo hiciera la Ley de Escándalo Público, utilizada en la práctica para seguir reprimiendo la diversidad sexual. “Era todo muy difícil. Muy, muy difícil”, dice. Es una frase que repite cada pocos minutos. Cuando lo hace, su cuerpo se encoge, se retrae.

En una videollamada, Paco, cuyo nombre artístico es Denisse Zambrana, y Ferran Morenilla Galán (1997, Castelló de la Ribera, València), cuyo nombre drag es Ferrxn, se conocen. 

Cuando Ferran nació, el transformista alicantino tenía 33 años:

F: Yo le dije a mis padres que era gay con 6 años, viendo ‘Aquí no hay quien viva’.

P: ¡Fíjate!

Pese a que la vida de Ferran, asegura, ha sido ciertamente más liviana, en su día a día también ocurren cosas que le recuerdan que necesita permanecer vigilante:

F: El otro día las asociaciones LGTBIQ+ de aquí de València mandaron una alerta porque estaban haciendo “cazas de maricones” en el río por la noche. Es un grupo de Núcleo Nacional que va con patinetes. Pegaron a siete u ocho personas. A tres o cuatro las dejaron inconscientes. 

P: ¿Por qué ese odio? Si en realidad, ¿qué hacemos nosotros?

F: Yo creo que, por mi vivencia, en realidad no hay tanto, pero el poco que hay es muy extremo. Hay gente muy radicalizada. 

P: También hay que tener en cuenta que hoy en día todo es más visible. La información está más ahí. En mi época, por ejemplo, si nos mataban en una esquina, pues nos habían matado, ya está, y a lo mejor no salía en el periódico. Ahora tenemos más derechos.

La mayoría de la sociedad sí ha cambiado y ahora acepta más lo gay, lo lésbico, lo bisexual, pero según Lucas Platero, doctor en Sociología, docente en Psicología Social y activista LGBT, sigue “costando más” lo travesti, lo trans, lo no binario: “Parece que nos cuesta mucho más cuando lo que se mueve es lo relativo al género y no a la sexualidad, porque nos relacionamos mucho más con el género de las personas que con la sexualidad”.

Del transformismo podemos aprender a estar en la vida con mucha más diversión, a reírnos un poco de nosotros mismos

Muchas personas, además, aún siguen sin entender muy bien qué es eso del transformismo, qué es eso que ahora llaman drag. “En realidad, pensamos que son solamente hombres gays haciendo drag y no es verdad, no es exactamente eso”, explica Platero. En el mundo drag puede haber todo tipo de personas independientemente de su orientación sexual o de su identidad de género. Un ejemplo son los drag kings.

El transformismo se sirve de elementos como la vestimenta o el maquillaje para copiar un personaje —más común en el transformismo de la primera mitad del siglo XX, que se inspiraba mucho en las folclóricas— o para construir uno desde cero para hiperbolizar o desdibujar rasgos del género —más común en el drag actual, que tiene mucho de crítica social y de ruptura de límites—. Detrás de esos personajes hay artistas, bailarines, humoristas, cantantes. “Del transformismo podemos aprender a estar en la vida con mucha más diversión, a reírnos un poco de nosotros mismos”, opina Platero.

Ser artista transformista nacido en el franquismo

Cuando Franco murió, Paco tenía 9 años y aún le quedaba una década para conocer a Denisse. Para ese momento, la dictadura había estado casi cuatro décadas asfixiando a las personas del colectivo y las travestis lo habían dado todo para que no se las consiguiera borrar. “No podemos olvidarnos de las redadas, de las palizas, de las persecuciones, del miedo, pero si había redadas es que había travestis en ese sitio y finalmente no pudieron borrarlas”, explica Anto Rodríguez, doctor en Investigación en Artes, Humanidades y Educación y autor de ¡Eres tan travesti! Breve historia del transformismo en España.

Esa sociedad era horrible. No podía concentrarme en los estudios porque tenía miedo de ir al instituto, de coger el autobús

A Paco le cuesta mucho hablar de su infancia y adolescencia, pero quiere hacerlo porque cree que es importante. “En aquella época yo era el maricón del pueblo. Era ‘el maricón Zambrana’ y era igual donde yo fuera, lo que intentara, siempre acababa igual. Esa sociedad era horrible. No podía concentrarme en los estudios porque tenía miedo de ir al instituto, de coger el autobús”. 

“Abusaban de ti de todas las maneras posibles, sexualmente también. Ya no solo personas de mi edad, en el colegio, sino también mayores. Ahora la gente puede hablar de todo eso, pero yo antes no podía”, recuerda, y rompe a llorar. “Era el mayor de todos mis hermanos, pero eran ellos quienes me tenían que defender. Todo eso te marca. La música y los libros eran mis únicas vías de escape. Es que era todo muy, muy, muy, muy, muy difícil. Muy difícil”, insiste.

Le encantaba la palabra “platónico” porque era lo único que conocía. Hasta los 16 años —cuando pilló a dos chicos besándose en los baños de una discoteca— no tuvo ni idea de que dos hombres podían estar juntos. “En un primer momento me asustó. Pensé: ‘Están pecando, eso no se puede’”. 

Más tarde tuvo que hacer el servicio militar: “Eso fue también lo que me mató. Por la sospecha de que era homosexual un día me despertaron a las cuatro de la mañana, me desnudaron y me pintaron todo el cuerpo con pintura azul”. Sin embargo, dice, la música le salvó otra vez. A partir del tercer mes estuvo de cornetín de órdenes, ya que sabía tocar la trompeta, y eso le dio cierta protección.

Una vez salió de allí, decidió romper con todo. Se fue a Murcia, y al poco tiempo descubrió un pub gay, el Piscis. “Aquello de llamar, que se encendiese aquella luz y que abrieran la mirilla para ver si eras homosexual o te conocían es que se me ha quedado clavado”, afirma. 

Allí vio un show de transformismo y decidió que era eso a lo que se quería dedicar. Su primer vestido se lo confeccionó un amigo modista con los retales de unos vestidos de novia. Por eso, primero se llamó Bianca, después, Dadá, y, finalmente, Denisse Zambrana. Pasó por locales de Murcia (Piscis, D’Angelo Music Hall, Metropol), Alicante (El Jardinetto, Rosse), Benidorm (Adonis, Sala Sabrina, Doña Josefa), Barcelona (Barcelona de Noche, Teatro Apolo, TATU), o Canarias (Teatro Paradies), y trabajó para figuras como Ana Lupez o Dino Diana, pero nunca llegó a pisar Madrid. La Movida le quedó lejos.

Para la sociedad era un “maricón pintado” y, más tarde, por el estigma del sida, un “apestado”. “Lo poco que yo creía que se había abierto la sociedad, en ese momento se volvió a cerrar el doble. Yo perdí al mayor amor de mi vida por ese tema. Se suicidó sin decir nada porque supo que había contraído el VIH. Yo di negativo. Fue algo que me marcó mucho”, explica con pesar.

En el año 95 le surgió una oportunidad en Alemania con el teatro Chez Nous de Berlín, que le llevó de gira por el país, y continuó allí su carrera, logrando ser una figura reconocida del circuito del travestismo alemán bajo el nombre de Die Tante Aus Alicante (“La tía de Alicante”). Ahora trabaja principalmente para el cabaret Pulverfass, en Hamburgo, y para el espectáculo itinerante Zauber der travesti. Desde los 19 años no ha dejado de dedicarse a esto, y ese es, dice, el mayor logro de su vida. 

Ser artista drag nacido en los 90

Cuando Paco estaba estableciéndose en Alemania, Ferran daba sus primeros pasos en Castelló de la Ribera (València). “Es un pueblo súper normal, súper pequeñito”, explica. 

Debido a que no tuvieron Internet en casa hasta que sus padres comenzaron “a estar mejor de dinero”, no tuvo acceso a más información que la que ofrecía la televisión hasta los 15 y se preguntaba si habría personas como él en la vida real, más allá de en la serie de ficción Aquí no hay quien viva.

En su pueblo la gente de su edad nunca le ha molestado. “También es verdad que a mi padre en el pueblo lo respetan mucho. Yo creo que a mí eso fue algo que me protegió, pero la verdad es que para ser un pueblo pequeño, la gente es respetuosa”, afirma.

Pero otras zonas rurales de España, especialmente aquellas comidas por la extrema derecha y aisladas, no tienen esa suerte: “Yo he actuado en sitios así, donde niños que no tendrían ni diez años nos han dicho, durante el mes del orgullo: ‘Eres un maricón, por tu culpa todo mi pueblo está lleno de la bandera esta de mierda. Os vamos a matar’”.

“Nuestras realidades siguen siendo, en muchos casos, una tómbola. Especialmente la de las personas LGBTIQ+ de clase trabajadora. Tengo un amigo al que su padre intentó quemarle vivo. Estoy segura de que si me siento en la mesa con la gente con la que yo iba a la ESO, a prácticamente nadie se le ha muerto un amigo, pero la peña trans, por ejemplo, se suicida constantemente. Yo conozco a muchas 'Venenos', he enterrado a muchas 'Venenos' y continuaré enterrando a más 'Venenos'”, lamenta.

Según datos de 2024, el 30,6% de las personas LGTBIQ+ vive en riesgo de pobreza, 10 puntos más que la población general, y se estima que un 7,28% ha sufrido situaciones de sinhogarismo por su orientación sexual o su identidad de género, según el informe Estado socioeconómico: Estado LGTBI+ 2024 de la Federación Estatal FELGTBI+.

“Acaban de decir que España está en el primer puesto del ranking de aceptación al colectivo, y yo sí lo creo, pero aún veo también en muchos chavales mucho sufrimiento. La gente muchas veces sigue condicionando su apoyo un poco a si encajas o no encajas en las normas”, afirma Platero.

Pese a que a Ferran no le acosaron las personas de su edad, sí lo hicieron sus profesores, cuando pasó dos años en un colegio católico: “Tenía una profesora que, cada vez que yo leía un término que podía asociarse a algo mínimamente fálico, le daba un ataque de risa. Otra dijo delante de todos que la homosexualidad algún día se podría prevenir modificando el ADN y la gente podría ser normal”.

En esos años también le prohibieron la entrada a una cripta del colegio: “La excusa que me pusieron era que yo no estaba confirmado, pero yo no era la única persona que no estaba confirmada en mi clase y sí que era la única que no podía entrar”.

A la que me giré a coger el cubata ya lo tenía encima. Me tiró al suelo y comenzó a pegarme

Años después, entró en la universidad y hoy tiene el título de arqueólogo pero, antes de lograrlo, se fue de Erasmus a Nápoles, y allí sufrió una agresión homófoba. “El chico nada más hacía que mirar. No lo conocía de nada y me saltó la alarma. Le dije a mi amiga: ‘Vámonos’. A la que me giré a coger el cubata ya lo tenía encima. Me tiró al suelo y comenzó a pegarme. Otro chico voló sobre mí y lo apartó”.

En su día a día nota los estragos de aquella noche, sobre todo, en que siempre va por la calle mirando al suelo. Intenta hacer el menor contacto visual posible con la gente. 

Al regresar a España después de su Erasmus, fue a ver a una amiga a su primer show drag y aquello le fascinó. Un día, esa amiga le llamó y le propuso presentarse a un concurso de la localidad de nuevos talentos. “Le dije: ‘Venga, va, te voy a decir que sí’, y la cosa es que gané”. 

Ahí comenzó su carrera artística, que despegó con fuerza desde el minuto uno. “Cuando no llevaba ni un año haciendo drag, yo ya tenía contactos por toda España y me movía por donde yo quisiese. Tuve la suerte de crearme un hueco, en parte, porque no había nadie haciendo las cosas hablando valenciano, y aquello llamaba la atención. Me empezaron a llamar de la televisión, de la radio y de un sello de comedia que me permitió hacer giras”, cuenta.

Además, comenzó a autogestionar en València, junto a la artista drag Miss Nacha Boheme, un cabaret llamado Canapé Chucrut, el cual ya lleva 35 ediciones. Tiempo después, concursó en Drag Race España, un talent show televisivo de drag queens, y, al hacerlo, su carrera dio “un volantazo”. Su temporada se emitió en agosto del año pasado y desde octubre está en una “gira infinita” por toda España.

Pese a los episodios de discriminación que sufrió, Ferran es, sobre todo, una persona que se toma la vida con humor y con ligereza, que confía en la mayoría de la sociedad, y que ha conseguido con creces ser él mismo.

La gran sombra del drag: la precariedad

En el mundo drag hay todas las luces y colores del mundo, pero también algunas sombras. La principal, la precariedad. “Mis amigas del sector y yo hablamos muy en serio de que cuando seamos viejas seguramente tendremos que buscar una casa para vivir todas juntas y contratar una cuidadora para todas, porque vamos a tener unas jubilaciones de mierda, ya que la mayoría de veces trabajamos en B”, explica Ferran.

P: En el momento que yo llegué aquí a Alemania, me di cuenta de que aquí te tratan como un artista, no como un maricón pintado. Por eso me quedé, aunque me hubiera gustado tener en España lo que he tenido aquí. La gente va a ver el show y no tiene que estar borracha. Son personas de todas las edades que, simplemente, van a ver un espectáculo.

F: Qué maravilla. Aquí hay problema de promoción. El público está predispuesto, los que no están dispuestos son los promotores, es la gente que pone el dinero. Y por eso a nosotras no nos queda otra que autogestionar muchas movidas. Además, los guiris, sobre todo, esperan de ti que seas un mono de feria, pero estos últimos años nos estamos encargando de educar mucho al público, y creo que estamos haciendo un buen trabajo.

P: Al escuchar tu historia, tengo esperanzas de que vaya a mejor. ¿Por qué no? Si lo ha logrado un país cuadrado como es Alemania...

“Podemos apoyar a las artistas drag y a las personas del colectivo, principalmente, escuchándolas. Preguntándoles qué necesitan, qué nos quieren contar, y de qué manera quieren contar con nosotros”, expone el autor de ¡Eres tan travesti!. Su libro termina así: ¡Vivan las travestis, las drag queens, los transformistas, los drag kings y todes les demás! Y cuidado para nuestras drags, travestis y transformistas“. 

Cuatro décadas después de aquella noche en el Piscis que lo cambió todo, el padre de Paco tiene, a un lado de la cama, una foto de él como Paco y, al otro, otra de él como Denisse. El de Ferran lleva una pulsera LGBTIQ+ en la muñeca y, a cualquiera que se le ocurre criticarla al entrar en su barbería, lo echa. Las cosas han cambiado, sí, pero hay otros datos igual de relevantes que urge no desatender: Las agresiones al colectivo LGTBI subieron más del doble en 2024 y, en 2025, un 16% de las personas LGTBI sufrieron ataques físicos o verbales, y más de la mitad experimentaron incidentes de odio y rechazo