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Los nuevos médicos de familia desafían la crisis de Atención Primaria en el MIR: “Me decían que no desaprovechara mi plaza”

Miles de médicos residentes se han incorporado a sus plazas durante estos días. En las unidades de los hospitales y los centros de salud a los que entraron entre el jueves y el viernes pasarán buena parte de los próximos años, obteniendo la especialización que les da acceso a ejercer la medicina en el Sistema Nacional de Salud. María Ochoa es una de esas nuevas doctoras. Fue la número 109 en elegir destino y optó por medicina de familia y comunitaria en una zona rural de Jaén.

Cada año, cuando llega la elección de plazas MIR se repiten algunas dinámicas. Especialidades como dermatología y cirugía plástica se agotan rápidamente, en los primeros turnos de elección, mientras medicina de familia es una opción hasta el final, alimentando el relato de que nadie quiere ser médico de Atención Primaria, contra el que se revuelven las sociedades médicas. “Mucha gente me decía que no desaproveche el número [de elección de plaza], pero no quería guiarme por eso, sino por lo que siempre he querido hacer. No estoy desaprovechando nada, pero esos comentarios te los tienes que tragar”, lamenta la joven, de 24 años.

Los números tienen varias lecturas, en uno y otro sentido, pero hay evidencias que desmienten que nadie quiera ser médico de familia. De las 9.275 plazas ofertadas, el 27,5% eran para esta especialidad. Ninguna de las 2.544 disponibles quedó desierta. “Somos la especialidad que más médicos atrae a lo largo de los años y, cuando se mira a otras médicas, es de las que antes se eligen. Habría que ver si teniendo 2.500 plazas de cualquier otra especialidad se iban a cubrir”, plantea el vocal de docencia de la Sociedad Española de Medicina Familias y Comunitaria (Semfyc), Jorge Lema.

El siguiente gráfico muestra cómo se cubrieron las especialidades del MIR en 2026, caso a caso. Aunque se aprecia que familiar y comunitaria tuvo más adeptos en los últimos turnos, la presidenta de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), Pilar Rodríguez Ledo, pide poner las cifras “en perspectiva y con números totales”. Por ejemplo, cuando cirugía cardiovascular (24 plazas), pediátrica (20), torácica (22), angiología y cirugía vascular (57) o urología (161) agotaron sus cupos en el octavo turno de elección, ya habían elegido medicina familiar y comunitaria 209 personas.

Las plazas que se demandan más rápido son las habituales de dermatología (140) y cirugía plástica (53), que se agotaron en el primer turno. Oftalmología adjudicó sus 229 plazas al tercero y endocrinología y nutrición, sus 115 al cuarto.

En cualquier caso, Rodríguez Ledo defiende que el examen MIR es distributivo. “Nos preocupa bastante poco el número, porque no sabe más el número 1 que el número 50”, aclara, “pero sí que haya gente que no opte al MIR como sistema para desempeñar su función como médico de familia”. “Es positivo que los compañeros que están siendo contratados sin título ocupen estas plazas, que les dan el marco y el amparo de un modelo que funciona”, reclama.

Entre los años 2021 y 2023, las plazas MIR desiertas en esta especialidad preocupaban a las administraciones y los profesionales sanitarios, pendientes de un relevo generacional que debería haberse ido produciendo, pero que se ha retrasado. En esos tres años, se perdieron 470 plazas acreditadas. La tendencia se ha revertido en los dos últimos procesos de elección, gracias a un cambio en el sistema, que eliminaba la nota de corte en el examen.

Si se echa la vista atrás, se aprecia un incremento notable en el número de plazas ofertadas, que proporcionalmente ha ido descendiendo respecto a las de hace 23 años, de un 31 a un 27%. Y, con vaivenes, se ve también que el número de personas que eligen la especialidad por debajo del número 4.000 ha descendido de los casi 500 en 2003 y 2004, a los 90 la semana pasada.

“El problema no está en la especialidad, sino en la cuestión laboral. Lo que está en crisis es la atención primaria”, señala Lema. Los profesionales de esa puerta de entrada al sistema sanitario llevan años denunciando una “presión asistencial brutal, falta de personal y poco acceso a realizar pruebas diagnósticas”, entre otras carencias, verbaliza este médico. Un análisis en el que coincide su colega Rodríguez Ledo: “Tal y como están las cosas en primaria, bastante vocación hay”.

Paliar estos problemas pasa también por una planificación a largo plazo. “En formar a un médico se tarda 11 o 12 años, por lo que no podemos tener una visión a cuatro años”, apunta el médico jubilado y coordinador del Centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada, Vicente Matas, que elabora anualmente un informe sobre este asunto. Para el especialista, el aumento de plazas MIR para familia ha llegado “tarde”, lo que ha derivado en un “déficit muy importante y con muchas plazas sin cubrir”.

No es que el problema no se viera venir. En 2007, el propio Matas publicó un artículo en el que advertía que “dentro de unos 15 años llegarán a la edad de jubilación los médicos que terminaron a comienzos de los 80 unas promociones con cuatro o cinco veces más médicos” de las que había entonces en las facultades. “Debe tenerse en cuenta en la planificación de las necesidades futuras de profesionales”, apuntaba. Sin embargo, no hubo una apuesta decidida por aumentar el número de plazas MIR para esta especialidad hasta el curso 2018/19.

El 'Informe Oferta-Necesidad de Especialistas Médicos 2021-2035', del Ministerio de Sanidad, publicado en 2022, estimaba que 2027 sería el “punto de inflexión”, con un déficit global de 9.000 médicos, “sobre todo por la falta de médicos de medicina familiar y comunitaria”. “Empezamos a cubrir plazas, pero sigue habiendo un déficit importante, que dentro de cuatro o cinco años se equilibrará. Como no corrijamos errores del pasado, estaremos en el otro polo y empezarán a sobrar en unas especialidades y a hacer falta en otras”, advierte Rodríguez Ledo.

Desde las Sociedades médicas reclaman también una mayor presencia de esta especialidad en los planes de estudio. “No puede ser que se ofrezcan 2.500 plazas y muchas facultades no hayan tenido más de 15 días de contacto con Atención Primaria”, denuncia Lema. Por eso, trabajan con los decanos para incorporar la asignatura de forma transversal. María, que estudió en la Universidad de Navarra, sí la cursó, aunque en su caso el contacto con la profesión lo tuvo en casa: “Mi madre es médica de familia y me gusta la cercanía de la especialidad. Soy de un pueblo y estoy acostumbrada a este tipo de medicina”.

Matas insiste en mejorar las condiciones laborales, bajar las ratios de pacientes y mejorar las plantillas. Porque, apunta, la retención de talento no finaliza cuando los residentes llegan al centro de salud. “Necesitaremos tiempo y que las condiciones del ejercicio de la profesión, las retributivas y las cargas de trabajo mejoren, para que al terminar acepten los contratos que se les ofrecen y no se vayan a urgencias, a la privada, a Francia o a Alemania o a otros sitios donde se les valora más”.