Las enfermedades cutáneas asolan a las personas desplazadas en Gaza
Sabreen al-Suwaisi, de 31 años, se despertó y descubrió que el rostro de su hija de 13 años, Ashjan, estaba cubierto de cicatrices y granos. La madre quedó conmocionada: nunca imaginó que las pequeñas ampollas que aparecieron por primera vez en la mano de su hija se propagarían de forma tan agresiva hasta acabar cubriendo todo su cuerpo.
Sabreen, que perdió su hogar en el barrio de Shujaiya, al este de la ciudad de Gaza, durante la ofensiva, vive ahora con su marido y sus siete hijos en una estrecha tienda de campaña hecha de una tela endeble en el campamento de Yarmouk. Como la inmensa mayoría de las personas desplazadas que viven en tiendas, la familia de Sabreen sufre una plaga constante de insectos y roedores. Sus ropas quedan empapadas por las lluvias del invierno y su piel se abrasa bajo el sofocante calor del verano.
Pero lo que más atormenta a Sabreen es la grave enfermedad cutánea que afecta a su hija mayor. “Nunca imaginé que el hermoso rostro de mi hija, que tanto me gustaba contemplar y elogiar, acabaría así”, lamenta. “Después de contraer un virus cutáneo en algunas partes de su cuerpo, la enfermedad evolucionó y se extendió por todo”. Añadió que la enfermedad fue cambiando de aspecto: comenzó con pequeñas ampollas antes de transformarse en grandes y dolorosos forúnculos.
“Pasé mucho tiempo llevando a mi niña de una clínica a otra y de un médico a otro. Debido a las pésimas condiciones de las clínicas y a las largas esperas, que a menudo duran tres o cuatro horas, me vi obligada a acudir a un médico privado, a pesar del elevado coste”.
Con el 94% de los hospitales de Gaza parcialmente dañados o destruidos por los bombardeos israelíes, la capacidad del sistema sanitario para atender a la población se ha reducido drásticamente, lo que ha llevado a la apertura de pequeñas clínicas de campaña en distintas zonas. Sin embargo, con un enorme número de personas hacinadas en espacios extremadamente reducidos y con epidemias y enfermedades propagándose ampliamente, acceder a los servicios médicos a través de estas clínicas y hospitales se ha convertido en un desafío extenuante.
“Al principio me dijeron que lo que padecía Ashjan era un virus cutáneo. Más tarde quedó claro que la enfermedad había evolucionado hasta convertirse en varicela”, asegura la madre. Pero la pesadilla no terminó ahí. Mientras dedicaba todos sus esfuerzos a tratar a Ashjan, observó que aparecían ampollas similares en el cuerpo de su hijo menor, Moussa, de apenas 16 meses. Poco después, las mismas ampollas surgieron en su propio pie y, más tarde, en el brazo de otra de sus hijas.
“Sentí un horror absoluto cuando me di cuenta de que toda mi familia había contraído la misma enfermedad”, confiesa. “Vivo con el miedo constante de que nuestras infecciones lleguen a agravarse tanto como la de Ashjan”. La madre cree que el rápido contagio entre los miembros de su familia es consecuencia directa de convivir en un espacio tan reducido, lo que aceleró la propagación de la infección dentro de su pequeña tienda.
En mitad de esta grave crisis sanitaria, UNRWA cuenta con diez centros de salud operativos en diferentes áreas de la Franja y sus equipos médicos móviles tratan de llegar a lugares donde la población no tiene acceso a atención médica. Durante sus intensas jornadas de trabajo, también han detectado y atendido numerosos casos relacionados con las enfermedades cutáneas.
Una epidemia en expansión por diferentes causas
Sabreen y su familia están lejos de ser los únicos que atraviesan esta situación. Naciones Unidas informó recientemente de que, en solo dos semanas, se registraron más de 9.300 casos de varicela entre personas desplazadas que viven en campamentos. La mitad de esos casos se documentaron únicamente en la zona de Al-Mawasi.
Según informes de la ONU, el brote de enfermedades cutáneas, encabezado por la varicela, está impulsado por las catastróficas condiciones humanitarias en las que viven los palestinos, especialmente en los hacinados campamentos de desplazados. Además, calcula que existen más de 1.600 emplazamientos en la Franja, donde viven aproximadamente 1,7 millones de personas que han huido de distintas zonas del enclave. A lo que hay que añadir que las tiendas están rodeadas de montañas de residuos, toneladas de escombros y una presencia constante de ratas, ratones e insectos.
La crisis se ve agravada, tanto para médicos como para pacientes, por la aguda escasez de medicamentos. El Ministerio de Salud de Gaza indican que el déficit de fármacos dentro del sistema sanitario ha alcanzado el 50%.
De vuelta en su sofocante tienda de campaña, Sabreen al-Suwaisi espera con angustia que sus hijos reciban tratamiento para las dolorosas ampollas que padecen. Es una lucha cotidiana que comparten miles de familias desplazadas, a la espera de una medida concreta: el levantamiento del bloqueo que impide la entrada de los medicamentos dermatológicos necesarios para contener la epidemia que amenaza la salud de miles de personas.
Para tratar de frenar esta epidemia, especialmente en los meses de calor, UNRWA está llevando a cabo cientos de campañas de control de plagas en distintos campamentos de personas desplazadas, con las que ha alcanzado a alrededor de 684.000 personas. Sus equipos siguen atendiendo cientos de consultas médicas diarias en sus centros de salud y, además, siguen vacunando a menores, para tratar de evitar futuros contagios de estas y otras enfermedades, relacionadas con las malas condiciones sanitarias e higiénicas en la Franja.
Pero es esencial que entren sin restricciones suministros humanitarios, como medicamentos, productos de desinfección, kits de higiene y combustible, para poder responder a las grandes necesidades de salud y sanitarias de Gaza. Es la única vía para salvar más vidas y aliviar el sufrimiento al que se enfrentan la población desde hace más de dos años.
Sobre este blog
UNRWA es la Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Medio. Desde 1949 trabajamos para proporcionar asistencia, protección y defensa a más de 6 millones de refugiados y refugiadas de Palestina, que representan más de la quinta parte de los refugiados del mundo y que actualmente viven en campamentos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria y el territorio Palestino ocupado (la franja de Gaza y Cisjordania), a la espera de una solución pacífica y duradera a su difícil situación.
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