¿Puede permitirse China abandonar de golpe la política de Covid Cero?

Sergio Ferrer

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La primera regla del 'club de la Covid Cero' es que no puedes ser miembro eternamente. En los casi tres años que llevamos de pandemia hemos visto cómo países que lograban controlar la entrada del coronavirus iban rindiéndose a la inevitabilidad de la convivencia con un nuevo virus respiratorio. En algunos sitios lo hicieron por las buenas, tras vacunar a la población vulnerable, como en Nueva Zelanda. En otros lugares lo hicieron por las malas, a pesar de haber tenido años para prepararse, como en Hong Kong. Ahora, China se enfrenta a la posibilidad de dejar de ser el último bastión de las políticas de Covid Cero, bajar la persiana y cerrar el club para siempre.

Pero ¿será esto lo que suceda? Pronosticar la evolución de la pandemia ha sido siempre imposible; comparar países, difícil. Analizar lo que sucede en un lugar tan opaco, un triple salto mortal con tirabuzón. Ahora que China ha batido el récord de casos oficiales en medio de un creciente malestar social por la dureza de las políticas contra la Covid-19, intentémoslo.

Alcanzar el punto de no retorno en medio de la fatiga pandémica

En un artículo publicado en elDiario.es a principios de 2021 sobre la viabilidad de alcanzar la eliminación del SARS-CoV-2 en España, el entonces director del Observatorio de Salud Pública de Cantabria, Adrián Aginagalde, recordaba que solo Wuhan había logrado volver a meter al “genio” en la “botella”. Una y otra vez los países han comprobado que, una vez que se alcanza una transmisión comunitaria descontrolada, el rastreo y los controles se saturan y se alcanza un punto de no retorno.

Es imposible saber si China lo ha alcanzado en esta ocasión y cuál es el límite en un país de estas características. Sin embargo, es la primera vez que superan el millón de personas bajo observación médica desde que empezó la pandemia: en el brote de Shanghái de primavera no se llegó al medio millón de contactos. El país está viviendo, además, un número récord de confinamientos en áreas responsables de un quinto del PIB chino, según el banco de inversión Nomura.

A esto hay que sumar la creciente fatiga pandémica de la población, sometida a las medidas más extremas y duraderas del planeta. “La fatiga aumentó conforme los confinamientos se volvieron más estrictos y prolongados”, explicaba el investigador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) Michael Bang a raíz de un estudio sobre el tema llevado a cabo con países occidentales. Y añadía: “Lo que desataba la fatiga a nivel individual era la soledad”. 

El resultado del trabajo de Bang, publicado hace una semana en la revista PNAS, suena hoy profético. Las consecuencias: “Oposición a las políticas de la Covid-19, apoyo a las protestas, creencia en conspiraciones, preocupación sobre los derechos democráticos y desconfianza en el gobierno”. El investigador concluía que estas personas se convertían en “activistas frustrados”, no en defensores “sumisos” del autoritarismo.

El orgullo nacional de las vacunas chinas

Para el gobierno chino las políticas de Covid Cero se han convertido en motivo de orgullo nacional frente al enorme número de muertos de países occidentales como Estados Unidos. Su negativa a la hora de utilizar vacunas de ARN extranjeras es una extensión de esta actitud que contrasta con la lentitud a la hora de desarrollar alternativas.

“Cuando China desarrolló sus propias vacunas lo usaron para mostrar su progreso tecnológico. Si ahora cambias a una extranjera equivale a admitir que no eres tan bueno como otros países en términos de capacidades tecnológicas”, explicaba el experto en salud global del Consejo de Relaciones Exteriores—un think tank estadounidense— Yanzhong Huang en un artículo publicado a finales de 2021.

Desde entonces China ha fabricado plantas para producir su propia versión de vacunas con esta tecnología, pero la mayoría de la población ha recibido las de Sinopharm y Sinovac. Esta última ha demostrado ser tan efectiva como la de Pfizer tras tres dosis a la hora de reducir la mortalidad, pero menos con dos: 74% frente a 88%, según un estudio llevado a cabo en Hong Kong. Un problema para una crisis en la que las diferencias en los puntos porcentuales se van sumando a nivel poblacional, por pequeñas que parezcan.

Baja cobertura vacunal en mayores y pocas UCI

Según datos de la Comisión Nacional de Salud de China, el 86% de los mayores de 60 años había recibido dos dosis de una vacuna de la Covid-19 a principios de noviembre. Menos del 70%, tres. En España, esos porcentajes superan el 92% en ambos casos, y un 37% ha recibido una dosis adaptada a las nuevas variantes.

“A pesar del enorme poder de control social del partido Comunista, ordenar a los mayores que se vacunen se considera ir un paso demasiado lejos”, explicaba un reciente artículo publicado en el Financial Times. El texto señalaba que las reticencias entre este grupo de edad preceden a la pandemia, pero aventuraba que la Covid-19 lo ha exacerbado.

En el caso de Hong Kong —donde menos del 50% de los mayores de 80 años había recibido al menos una dosis cuando empezó la onda epidémica de este año— se señaló a la baja confianza en el Gobierno, el efecto rebote en el desprecio a las vacunas occidentales y la baja percepción de riesgo causada por las políticas de Covid Cero como responsables de esta baja cobertura. Un estudio cualitativo con encuestas a mayores de 60 años mostró la falta de apoyo por parte de doctores, familiares y el propio gobierno a este grupo de edad a la hora de promover la vacunación.

A esto hay que sumar que China contaba, al menos hasta 2020, con menos camas de cuidados intensivos que otros países asiáticos. Según un estudio publicado entonces, las 3,6 camas por 100.000 habitantes de China la colocaban por detrás de Japón (7,3), Corea del Sur (10,6), Singapur (11,4) y Taiwán (28,5).

La ansiada inmunidad híbrida de la que China carece

“Inmunidad híbrida” es uno de tantos conceptos nuevos propuestos durante la pandemia, consecuencia de que dejáramos de evaluar las vacunas por su capacidad de evitar hospitalizaciones y muertes —como se hace con la de la gripe— y empezáramos a analizar cuadros leves y asintomáticos entre los vacunados que se infectaban.

Incontables estudios han mostrado que la mejor forma de evitar cuadros graves de Covid-19 es estar vacunado, y que es mejor enfrentarse al virus por primera vez con un par de dosis encima que sin ellas. Esto no quita que muchos trabajos hayan mostrado que la inmunidad generada por una infección tras la vacuna genera una respuesta más robusta y duradera.

En otras palabras: los países han ido dejando atrás la Covid-19 gracias a esa “inmunidad híbrida” que combina vacunas e infecciones. Es algo que otro término reciente resume a la perfección: “muro inmunitario”. Una muralla que China todavía no ha completado.

¿Qué pasa cuando ‘empiezas’ la pandemia casi en 2023?

La falta de preparación de Hong Kong durante su enorme brote a principios de año los convirtió para China en un ejemplo a no seguir de cómo salir de una política de Covid Cero. Hong Kong puede terminar el año con el mayor número de muertes per cápita por Covid-19 del mundo en 2022 y ser, al mismo tiempo, una de las economías más perjudicadas.

“Al principio Australia, Nueva Zelanda y Singapur también siguieron políticas de eliminación, pero con una diferencia”, explicaba un artículo publicado en The Economist. “Esos países usaron sus políticas de Covid Cero para comprar tiempo hasta que estuvieran listos para vivir con el virus, con la ayuda de vacunas efectivas y nuevos antivirales. China no usó sus políticas para comprar tiempo”.

China se enfrenta hoy a una versión del SARS-CoV-2 más contagiosa y adaptada a circular entre seres humanos que el virus de 2019. Su brecha inmunitaria con el resto del planeta es enorme, aunque fuera de sus fronteras la Covid-19 sea hoy menos peligrosa que en 2020. Aunque asumamos la supuesta mayor levedad intrínseca de ómicron, la clave para salir de la fase aguda de la pandemia está en la alta cobertura vacunal en mayores y en el muro inmunitario obtenido tras las infecciones, dos elementos en los que China falla. Es imposible saber si estamos ante el principio del fin de las políticas de Covid Cero, pero el regreso de China a la normalidad no será un camino de rosas. Sea cuando sea.