Eva Corlett

11 de marzo de 2026 11:29 h

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En una isla situada en los remotos fiordos del sur de Nueva Zelanda, uno de los loros más extraños y raros del mundo, el kakapo, cuida de su diminuto polluelo mientras personas de todo el mundo lo observan. A través de la lente en blanco y negro de una cámara oculta, una esfera esponjosa con un chillido similar al de un kazoo se pelea por la comida del pico de su madre. La madre, Rakiura, está atenta: acuna a su polluelo bajo sus grandes alas verdes, ahuyenta a un pájaro intruso y limpia periódicamente su nido.

Desde que el Departamento de Conservación de Nueva Zelanda lanzó su transmisión en vivo a mediados de enero, más de 100.000 personas se han sintonizado para ver a Rakiura durante la temporada de cría. En un foro de chat adjunto a la retransmisión en directo, los aficionados siguen el progreso y comentan cada momento con alegría. Algunos felicitan a la madre por sus polluelos, mientras que otros ofrecen sugerencias para ponerles nombre. Los conservacionistas tienen la esperanza de que este sea un año récord de cría para esta ave amenazada: Rakiura ya ha tenido tres polluelos.

En cualquier momento dado hay más de 100 personas observándola, incluso mientras duerme durante horas y horas. En el foro, muchos discuten por qué esta rara mirada a la esquiva vida de los kakapo tiene tanta repercusión.

“Este sitio es mi encantadora distracción de todas las cosas terribles que suceden en el mundo que nos rodea”, escribe un espectador. “Sigo la historia de este nido con curiosidad y asombro”, escribe otro. “Gracias, [Departamento de Conservación], por vuestro compromiso y pasión por esta extraordinaria ave: luchar por las cosas bellas y maravillosas de este planeta nunca es inútil ni una pérdida de tiempo”. “Dios mío. Se me han saltado las lágrimas al saber lo frágil que es esta especie”, escribe un admirador al enterarse de que dos de los huevos de Rakiura son fértiles. “Es realmente increíble y emocionante”.

Hay personas conectadas desde países como el Reino Unido, Finlandia y Alemania, y desde toda Nueva Zelanda. Su popularidad no es del todo sorprendente: los kakapo son famosos por ser divertidos y extraños. Son los loros más gordos del mundo y los únicos nocturnos e incapaces de volar. Tienen un rostro afable, rituales de apareamiento inusuales y son extremadamente raros.

Los kakapo abundaban en Nueva Zelanda, pero su población se desplomó tras la introducción de depredadores como gatos y armiños, y en la década de 1900 estaban casi extintos. Un programa de recuperación establecido en 1995 reconstruyó la población de 51 a 236 aves, incluidas 83 hembras en edad reproductiva.

Ahora, por primera vez en cuatro años, se están reproduciendo, impulsados por la fructificación masiva de las bayas del árbol nativo rimu, del que se alimentan los kakapo. Los conservacionistas esperan que la abundante cosecha impulse a las aves a producir más huevos y dé lugar a un número récord de polluelos. Con 78 nidos, 247 huevos puestos y 57 polluelos nacidos hasta ahora, las aves están en camino de alcanzar este hito, afirma el Dr. Andrew Digby, asesor científico del departamento para el kakapo, desde Pukenui/Anchor Island, donde supervisa los nidos. “Será la mayor temporada de cría de kakapo que hayamos registrado”. Hay tres poblaciones reproductoras de kakapo, todas ellas situadas en islas libres de depredadores cerca de la parte inferior de la Isla Sur: una cerca de Rakiura/Stewart Island y dos cerca del parque nacional de Fiordland.

Esta temporada, el equipo de kakapo ha comenzado a alejarse de los métodos más intensivos que han utilizado en años anteriores, como no alimentar a las aves adultas. “Estamos pasando de la recuperación individual a la recuperación de la población, y eso es lo que significa esta temporada de cría: un punto de inflexión”.

Los nidos siguen siendo vigilados y el personal suele trasladar los huevos y los polluelos, que pesan unos 30 gramos al nacer, de una madre a otra para garantizarles las mejores posibilidades de supervivencia. “Al principio son muy monos, muy blancos, como bolitas de algodón... pero luego pasan por una fase en la que parecen dinosaurios. Se vuelven bastante desgarbados y torpes, con patas y pies desproporcionadamente grandes”, explica Digby.

Los polluelos, que crecen rápidamente, necesitan mucha comida, lo que explica por qué los kakapo pueden sincronizar su temporada de cría con la época de fructificación del rimu. Digby ha sido fundamental en la creación de la retransmisión en directo, en parte como herramienta educativa para quienes participan en su recuperación, pero también para satisfacer la curiosidad del público sobre estas aves.

“A la gente le encantan los personajes y la relación entre las aves... Están muy interesados en el destino de esos polluelos, en cómo va a evolucionar su peso”, afirma. “Es fascinante, ese es el tipo de conversación que tenemos en nuestro equipo y, de repente, todo el público está tan interesado como nosotros, lo cual es muy emocionante”, añade.