La ultraderecha se 'cuela' en los libros de historia para ensalzar mitos nacionalistas
Un relato sesgado sobre el pasado de España se está abriendo paso en la industria editorial. Es lo que concluye un estudio recién publicado que analiza el auge en los últimos años de la publicación de libros que reproducen una visión de la historia acorde con la ultraderecha. El artículo apunta a un proceso de “desprofesionalización académica” y a un aumento de obras que no siguen las metodologías propias de la historiografía, pero que se presentan como rigurosas. “La extrema derecha ha vuelto a traer al debate público interpretaciones sobrepasadas por los historiadores”, señala.
No es algo que se circunscriba solo a los discursos de líderes políticos o sus canales afines, sino que el revisionismo cala cada vez más en la divulgación histórica. El estudio, publicado en el último número de la revista Historia Actual, destaca cómo estos relatos glorifican episodios como el Imperio o la Reconquista al tiempo que relativizan otros para hacerlos encajar en lo que algunos autores ya han calificado de “populismo historiográfico”. El artículo concluye que “buena parte” de los libros publicados “reproducen” interpretaciones que “no nacen de los resultados de la investigación científica”, sino de las “necesidades políticas del nacionalismo español”.
La investigación, firmada por Pablo Molejón y Julio Iglesias Doval, ha analizado la autoría de los 607 libros publicados entre 2010 y 2024 en la sección de historia de cuatro editoriales –Planeta, Espasa, La Esfera de los Libros y Taurus– para concluir que menos de la mitad, el 42,6%, han sido escritos por historiadores, una “señal”, según sostienen los autores, de “desprofesionalización” del campo. Son esas cuatro editoriales y no otras porque son las generalistas con mayores colecciones de historia, tras excluir otras más pequeñas y especializadas.
Según su análisis, el peso total de quienes se dedican a la historia en el conjunto de autorías de libros ha ido cayendo con el paso de los años, eso a pesar de que son la profesión que más escribe este tipo de obras: aún así, les siguen de cerca los periodistas y el resto de autores se reparten entre dedicaciones muy variadas, desde biólogos y químicos a economistas, arquitectos o militares. Dividiendo por años las autorías, si en 2010 los historiadores representaban el 70% del total de escritores en las cuatro editoriales, en 2023 suponían un 35,3%. Esto, pese a leves fluctuaciones, es una tendencia sostenida en el tiempo.
Por editoriales, la distribución varía y el estudio ha encontrado que La Esfera de los Libros, identificada como “más conservadora” por los autores, tiende a publicar menos libros escritos por historiadores –estos representan el 40% del total– mientras que en el caso de Taurus, un sello que el trabajo asocia a un “corte más de centroizquierda” opta más por ellos, alcanzando el 73% de los libros.
No son datos banales para los investigadores, para los que la autoría es un “primer caldo de cultivo” de la difusión de relatos sin respaldo científico como investigaciones rigurosas. Aceptan, eso sí, que la clasificación “puede ser problemática” porque reconocen que se han hecho “grandes contribuciones” a la historia desde otras disciplinas, pero también apelan a la “práctica académica y el método científico” de la profesión como algo importante, esgrime Molejón, autor principal e investigador en la Institución Milá y Fontanals del CSIC.
Más allá de la autoría de las publicaciones, el trabajo ha buceado en el contenido de algunos libros atribuidos a este “populismo historiográfico” del que habla el artículo. Y señalan otro elemento de esta tendencia: el “desprecio” a los historiadores, a quienes en muchos casos hay autores que acusan de ser “activistas”, “guardianes de lo políticamente correcto”, estar dominados por la “izquierda woke” u “obedecer a una agenda política” concreta, como afirma el arquitecto Javier Rubio Donzé en su libro España contra su leyenda negra: mitos, agravios y discursos. Un fenómeno, el de dudar y desacreditar sistemáticamente a las voces de autoridad, que está en auge.
“Junto a estos argumentos, presentan sus relatos como los verdaderos y todas las pruebas que los investigadores profesionales puedan aportar quedan automáticamente invalidadas por proceder de esa academia que previamente han denostado”, escriben los investigadores, que ponen el foco en cómo “el desprecio” a la profesión es “un elemento común” de estos discursos y un “recurso habitual y necesario” para apuntalarlos: “Si todo el mundo puede ser historiador, todos los relatos sobre el pasado son igual de válidos, con independencia de la metodología y fuentes empleadas”.
Fuentes escasas y anticientíficas
En este sentido, el trabajo hace referencia al “nulo rigor metodológico” como rasgo de este revisionismo histórico: los autores suelen escribir libros sobre “temáticas muy amplias y complejas” pero usando bibliografía escasa y 'a la carta', formada, sobre todo, por ensayos y manuales y “baja presencia” de artículos científicos, “predominio de autores no profesionales” y obras no recientes, en muchos casos “desechadas por la historiografía seria”. Además, apenas hay notas a pie de página ni fuentes de archivo. “Esto permite construir un relato de los acontecimientos sencillo y vender un relato parcial presentándolo como general y desechando lo que no encaje con su discurso nacionalista”, escriben.
El estudio señala que los libros siguen siendo una forma preponderante de difusión del conocimiento histórico y, de hecho, las cuatro editoriales analizadas han aumentado la publicación de obras de historia en los últimos años. En todas, es la Historia Contemporánea la que tiene más presencia, pero no es así entre los autores que la investigación ha analizado como “difusores” de “mitos nacionalistas”: “Esta narrativa suele destacar los periodos históricos que más le convienen a la hora de diseñar su relato, mientras que pasa por alto épocas o momentos que no casan tan bien”.
Por eso, las áreas más empleadas no son la Guerra Civil o el franquismo, que los autores describen como “un pasado verdaderamente incómodo para la derecha” –al menos, en estas editoriales generalistas–, sino la Edad Media y la Edad Moderna, en las que se concentran distintos hechos que “definen qué es y qué debería ser España”. Son la Reconquista con base en la idea de que la nación es producto de “una lucha incansable contra el Islam” y, sin la cual, “no se entendería la nación española”; también la conquista de América “desde una perspectiva glorificadora” o el relato de “las grandes gestas del Imperio español”, han observado los investigadores en títulos como Hispanos, de Fernando Díaz Villanueva, La Reconquista y España, de Pío Moa o Fake News del Imperio Español, de Javier Santamarta del Pozo.
Pablo Molejón explica que los contenidos suelen partir de “una simplificación del pasado extrema” a pesar de que la historiografía “ha demostrado” la complejidad de estos procesos. “Presentan, por ejemplo, una imagen del Imperio español idílica y universal, basada en valores tradicionales y católicos, pero esto tiene carencias como la minimización de la esclavitud”, señala el historiador, que cree que estos discursos “proceden de corrientes políticas que necesitan construir un pasado glorioso al que volver y del que sentirse orgullosos para, en definitiva, poder proyectar lo que quieren para el presente”.
“Nosotros, los españoles”
Hay dos recursos que destacan por encima del resto: uno es “mito de la excepcionalidad española”, que consiste en presentar la historia del país como superior y única frente al resto del mundo. Esta fue ya una herramienta usada durante el franquismo para la “construcción de la identidad nacional”, pero “no es cierto, España no es tan excepcional y nunca lo fue, solo hace falta enfoque comparativo”, apunta Julio Iglesias Doval, estudiante de Historia en la Universidad de Santiago de Compostela. Pese a ello no son pocos los autores que llenan las páginas de referencias como “caso único en la historia de la civilización”, “lo nunca visto”, “un hecho insólito” o algo “absolutamente único en la humanidad”, como hace José Javier Esparza, periodista y director de El gato al agua, en Te voy a contar tu historia (La Esfera de los Libros).
El autor es uno de los más prolíficos del campo y con la trilogía La Reconquista (La Esfera de los Libros) ha vendido decenas de miles de ejemplares. En el estudio, Esparza aparece también como otro de los ejemplos paradigmáticos de otro recurso identificado y que tiene que ver con explicar épocas pasadas usando ideas políticas actuales con el objetivo de “plantear la existencia de una continuidad histórica y política entre las personas del pasado y el presente” bajo el “anacronismo estrella” de “nosotros, los españoles”. La idea es hacer sentir partícipe al lector de una historia heroica de la que sentirse orgulloso como una forma de “intentar que España siga viva” en vista de que “puede dejar de existir” o “está en peligro de muerte”, como dice Marcelo Gullo en Nada por lo que pedir perdón.
Todo ello sirve a los firmantes del trabajo para concluir que este fenómeno, que reproduce relatos que “no siempre están en consonancia con el consenso académico y científico”, tiene por objetivo el uso de la historia “como arma política” y como efecto, “una ola de desinformación creciente y preocupante”.